De la Gran Muralla al Big Ben

Autor:

Abdul Nasser Thabet

Aún con la sangre hirviendo por la emoción tras estos XXX Juegos Olímpicos, una pregunta asalta a todos los amantes del deporte en este terruño: ¿realmente superamos en Inglaterra nuestro desempeño de Beijing hace cuatro años?

Ante todo aplaudo, hasta el punto de quebrarme las muñecas si es preciso, a todos los cubanos que batallaron cruzando el Atlántico, medallistas o no. Pero, si bien no pretendo descubrir el agua tibia, trataré de poner un pie forzado, hilvanar una serie de aspectos que, en mi opinión, deben ser tratados desde esta o cualquier otra perspectiva.

La capital inglesa nos reservó el escaño 16 y sí, en ese aspecto escalamos más alto que en la tierra de la Gran Muralla.

Allá en Asia anclamos en el lugar 28, y sin poseer sobradas aptitudes para la matemática, se aprecia con facilidad que fueron 12 escalones los ascendidos, aunque con el único inconveniente de que en China alcanzamos 24 preseas y en la fatua urbe londinense apenas llegamos a 14.

Precisamente ahí calzo mi hipótesis. La cantidad de títulos no muestra realmente la fuerza de una nación en una justa multideportiva.

Pondré un ejemplo claro y sencillo. Jamaica obtuvo en la casa de Qin Shi Huang (no hace falta saber historia para dilucidar el lugar de origen de este señor con nombre raro) un total de seis medallas de oro, tres de plata y tres de bronce, válidas para el puesto 13.

Países como España (5-10-3, lugar 14), Belarrús (4-5-10, puesto 16), Canadá (3-9-6, escaño 19) y Cuba (2-11-11, sitio 28), con un botín, a las claras más sustancioso, se ubicaron detrás de ese país antillano, a pesar de inscribir mayor cantidad de finalistas y poseer un espectro más amplio entre los deportes premiados.

Es obvio que el análisis trasciende el puesto en el listado general, sobre todo si continúa el sistema actual, en el que cobran protagonismo las coronas por encima del acumulado.

Confieso, pues, que prefiero el método utilizado por la IAAF. El organismo rector del deporte rey confecciona su tabla por puntos, otorgándole un valor a todos los ubicados entre el uno y el octavo lugar. Así, se premia la constancia y el desarrollo del movimiento deportivo en general, y no el despunte en una disciplina en específico.

Pero volvamos al pollo del arroz con pollo. La Mayor de las Antillas dejó hasta el tuétano en cada disputa, luchó cada final, pero algunos factores muestran fisuras que bien pudieran ser analizadas.

Solo un rey cubano en Beijing repitió en Gran Bretaña: el luchador de estilo grecorromano, Mijaín López. Los otros coronados fueron todos debutantes en la cima del Olimpo.

En esta XXX cita bajo los cinco aros conseguimos medallas en siete deportes, mientras que en Beijing ensartamos en ocho. Atenas 2004 nos vio asegurar preseas en diez, idéntica cantidad que en Sydney 2000. Esperemos que en Río de Janeiro 2016 cambie la historia.

Si analizamos el boxeo (históricamente el deporte que más aporta), nos golpea el hecho de que obtuvimos la cosecha más pobre de todos los tiempos (cuatro), ponderando, claro está, el par de títulos tributados por nuestros pugilistas en Inglaterra.

En la justa recién concluida negociamos dos cetros y dos metales bronceados a puñetazos limpios, pero en China sumamos cuatro segundos lugares e igual número de terceros.

Solo cinco exponentes volvieron a subir al podio bajo el Big Ben (el ya mencionado Mijaín, las judocas Yanet Bermoy e Idalis Ortiz, el boxeador Roniel Iglesias y el decatleta Leonel Suárez), lo que a la vez, evidencia nuestro desarrollo en la preparación de deportistas, pero también muestra debilidades en varios aspectos, pues algunos de los favoritos llegaron en baja forma y con lesiones al evento más esperado del cuatrienio.

En Londres, Cuba participó con 110 exponentes enlistados en 13 deportes, mientras que en China dimos la cara con 162 en 16 disciplinas.

Durante la cita de Beijing rendimos para un 16% (porcentaje de medallas por cantidad de deportistas) y en Inglaterra para un 12,75%. Otro factor a considerar es que no asistimos en ningún deporte colectivo.

Debemos sumar también que pocos lograron sus mejores marcas en el evento donde debían alcanzar su resultado más notorio del año.

En fin, como ya expuse, no se trata solo de las preseas. Si así fuera nunca hubiese disfrutado la actuación del nadador Hanser García, un muchacho forrado de coraje y con miocardio para sostener cualquier central eléctrica, o del desempeño del clavadista José Antonio Guerra, el vallista William Collazo y otros tantos que batallaron

La cuestión es analizar nuestro presente, moldear el futuro y tener la sabiduría para ver nuestros defectos y en consecuencia obrar, darlo todo en el terreno y en el papel.

Evidentemente quedan muchos aspectos por tratar, unos que apuntalarían mi tesis, y otros que la echarían por tierra. Este no fue más que el preludio, ustedes tienen la palabra.

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