Toque - Opinión

Toque

Autores:

José Luis López
José Luis López

Estupefacto y boquiabierto, pero pletórico de alegría. Así quedé mientras veía un partido de preparación entre los equipos Cuba Rojo y Azul, en el estadio Latinoamericano, y el mismísimo Yulieski Gourriel, tercer bate de la selección nacional, tocó la pelota.

¿Habrá retornado «el extraviado»?, me pregunté al ver que el carismático antesalista lo ejecutó para intentar llegar a primera base y no para sacrificarse, de lo cual sí se abusa mucho por estos días en nuestro pasatiempo nacional.

Para nadie es un secreto que esta acción es un arma muy eficaz para tratar de ubicar corredores en circulación. Pero para realizarla hay que tener dominio en el agarre y manipulación del bate, además de saber analizar cómo se ubican los jugadores a la defensa.

Antaño, este toque sorpresivo llegó a tomar matices de real show, con exquisitos ejecutores. Aún recuerdo cuando mi padre me llevaba al estadio del Cerro y allí veía al zurdo Eulogio Osorio, incluso en conteo de dos strikes, tirarle el bate a la pelota antes de que llegara al home y salir veloz hacia el primer cojín.

También hicieron historia como buenos tocadores, los bien llamados «tres mosqueteros» matanceros: Wilfredo Sánchez —para mí, el más perfecto—, Rigoberto Rosique y Félix Isasi. Cuando el cuarto bate Tomás Soto iba al cajón de bateo, siempre encontraba a alguno de ellos en base.

Este toque de bola inesperado, igualmente mostró buenos exponentes, entre otros, en «Ñico» Jiménez, Amado Zamora, Jorge García, Manuel Benavides —aún en activo—, el siempre inquieto y veloz Víctor Mesa, el slugger Omar Linares, Rey Vicente Anglada y Luis Ulacia, quienes sacaban de aprietos a cualquier manager si llegaban a primera y le ponían «los pelos de punta» al estratega rival.

Pero por desventura para el espectáculo, Ulacia fue «el último de los mohicanos» en esos trajines. En la actualidad, existen pocos peloteros que se apasionan con esa jugada. Solo destaca el cienfueguero Yoelvis Leyva, quien por demás, posee el mejor porcentaje de quienes llegan a primera base, si se suman los hits, las bases por bolas y los pelotazos, según los datos del estadístico Benigno Daquinta. Y les comento que Leyva es seguido por Irait Chirino, su «cara opuesta», ya que apenas toca la bola.

Pero si se ha disipado el toque de improviso, la pelota cubana muestra números exorbitantes en el apartado del sacrificio.

Según el propio Daquinta, en el año 2011, la liga japonesa desarrolló 1728 partidos y hubo 1495 de esas jugadas, para 0.87 por ciento en cada cotejo, mientras que en Corea del Sur se dirimieron 1064 juegos, con 733 intentos y 0.69 por ciento.

Siempre se ha dicho que los asiáticos se han hecho especialistas en esta prueba, ya que carecen de fuerza y no conectan muchos extra bases. Pero resulta que en la pasada serie cubana, en 814 duelos, se firmaron ¡848 sacrificios de toque!, para un promedio de 1.04 por juego. ¡Y aquí sí hay sluggers! ¿O no?

Víctor Mesa, al frente del equipo Cuba, estoy seguro que tratará de inculcarles a sus jugadores esas mañas para tocar. !Ojalá lo logre!

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