Torcedura ética y el rastro de dolor - Opinión

Torcedura ética y el rastro de dolor

Autor:

Nyliam Vázquez García

La experiencia apunta a que no se trata de correrías de fin de año, desesperación individual o delirios temporales. Ni siquiera se puede aducir a casos aislados, a fin de cuentas sobran los ejemplos a lo largo del planeta. Vietnam, Iraq, Afganistán, Libia, Japón… La cadena de desmanes de soldados estadounidenses en el archipiélago asiático, apenas es un capítulo más de la ética de un ejército torcida en algún punto.

Como marca indeleble, allá donde van —supuestamente a salvar— dejan un rastro de dolor. En Okinawa, donde Washington mantiene el grueso de sus tropas acantonadas en Japón, los soldados de EE.UU. no tienen muchos adeptos. Cada vez son más fuertes las protestas de los residentes en contra de la incómoda presencia que los irrespeta y causa en sus hijos, daños imposibles de medir.

Las más recientes víctimas en Japón fueron una joven, a quien dos soldados —también muy jóvenes— violaron y robaron, y un estudiante de Secundaria, agredido en su propia casa por un militar que lo golpeó en la cara.

Del primer caso, ya está en curso un proceso judicial y los efectivos serán juzgados por un tribunal japonés, mientras que el agresor del muchacho, según PL, refirió en su declaración no recordar lo sucedido por estar demasiado ebrio, aunque luego admitió que entró a una casa creyendo que era la suya y golpeó a una persona pensando que era un intruso.

Al parecer los superiores saben a ciencia cierta la magnitud que puede alcanzar el problema, cuando después de estos incidentes, los más sonados en los últimos tiempos, impusieron un toque de queda nocturno a sus fuerzas y en esta semana se vieron obligados a imponer la Ley Seca.

Los ríos de alcohol que corren al parecer enturbian más de lo admisible el carácter de los soldados y de ello hablan otros incidentes. El infante de marina Luis Fernández, de la base aérea de Futenma, prefectura de Okinawa, golpeó a otro vehículo. Conducía ebrio. Otro que hizo de las suyas, al punto de desnudarse en medio de un bar, fue el suboficial de tercera Oscar Hayes Wiygul, de la tripulación del portaaviones George Washington.

No por gusto todo el personal deberá someterse a exámenes de sobriedad para salir de las bases. La información, divulgada por la televisora NHK, precisa que efectivos del Pentágono requieren de compañía (un familiar o un colega) para pasear o visitar a otras personas en territorio japonés. Y de esta disposición también emana la confianza depositada en los soldados, formados bajo ciertos principios.

Habrá que salvar la honra de aquellos que son rectos, pero llama la atención que no se trata de actuaciones aisladas o localizadas en una zona concreta del planeta, y es por eso que cada nuevo hecho, cada nueva víctima, cuestiona la esencia de los valores de los que Washington se autoproclama defensor.

Los diputados de la Asamblea Municipal de Naha, prefectura de Okinawa, dieron cuenta del enfado popular a través de una resolución, aprobada por unanimidad, en la que condenan las actitudes delictivas de los militares estadounidenses. Durante una sesión extraordinaria de la legislatura local celebrada a finales de noviembre, los diputados alertaron sobre posibles protestas generalizadas contra la presencia militar de EE.UU. en la nación asiática, especialmente después de la violación de la joven.

En los últimos meses más de una vez los japoneses se han lanzado a las calles y de seguro rememoran hechos del pasado ahora repetidos, como la violación de una niña de 12 años por dos soldados de EE.UU. en el año 1995.

Quizá lo más terrible para quienes habitan allí, donde dicen que son «necesarios» los uniformados made in USA, es que de vez en vez, más allá de leyes y castigos, la bestia vuelve a rondar las calles. Y llega el olor a sangre, el amargo sabor de dolor y el irrespeto, y las marcas en el tejido social que no se borran con excusas y falsas lágrimas frente a la cámara de TV. Los japoneses lo saben y por eso se enfurecen.

Y la ética de ciertos militares  sigue dando muestras de torceduras…

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