El fracking y la alerta de Fidel

Autor:

Julio César Hernández Perera

El pasado 23 de octubre el Comandante en Jefe Fidel envió una respuesta al lector de Cubadebate, Handy Acosta Cuéllar. En una parte de su texto advertía sobre nuevas pruebas relacionadas con la producción de gas de esquisto en Estados Unidos mediante fractura hidráulica y el riesgo para la salud de los habitantes de ese país.

El problema ha sido alertado en varias ocasiones por el líder de la Revolución Cubana. En una «inevitablemente extensa» reflexión —como él mismo apuntó— publicada el 5 de enero de este año con el título La marcha hacia el abismo, explicaba qué es el gas de esquisto.

Desentrañó particularidades sobre las reservas de este yacimiento y sus tendencias de explotación (principalmente en la nación norteña). El artículo hace posible conocer, además, sobre el método de extracción a través de la fractura hidráulica o fracking —como se conoce habitualmente en inglés—, y sobre los grandes peligros ambientales que entraña emplearlo, capaces de perturbar la vida de un mundo finito: la Tierra.

Desdichadamente, todavía el tema parece ser desconocido por muchos habitantes de nuestra casa grande, incluido un sinnúmero de norteamericanos. Y es que la todopoderosa industria del gas natural estaría tranquila si consigue tener a muchas personas sumergidas en el oscurantismo: con su implacable influencia financiera crea mecanismos capaces de falsear la situación de peligro, y conseguir así anteponer sus intereses sobre aspectos tan vitales como la salud.

Pero —como destaca Fidel— comienzan a destaparse con más frecuencia ciertas inquietudes y evidencias apocalípticas.

En una edición de mayo de 2012, se presentó en la revista norteamericana JAMA (Revista de la Asociación médica americana) un artículo donde se subraya la petición de moratoria hecha por parte de personas responsables, mientras se investigan los riesgos para la salud y el medio ambiente engendrado por las prácticas de extracción por fracking, que implican bombardear las capas de la corteza terrestre con agua más arena y aditivos químicos, para destruir las rocas y liberar a gran escala cantidades de gas no convencional.

Se ha declarado que con la fractura hidráulica pueden llegarse a emplear cerca de 750 productos químicos. En un estudio realizado en Pensilvania y publicado el pasado año en la Revista americana de salud pública (American Journal of Public Health), fueron evaluadas solo 41 de estas sustancias. De ellas, se corroboró que el 73 por ciento podían ser causa de serios eventos adversos para la salud como daños en la piel, en los ojos, y en los sistemas respiratorio, digestivo y nervioso. Tampoco se pasaron por alto los efectos nocivos en la función reproductora, así como el riesgo de desarrollar cáncer.

El 15 de septiembre de 2011 en la revista semanal internacional de ciencias Nature, Robert W. Howarth y Anthony Ingraffea, ambos investigadores de la Universidad de Cornell, Ithaca, Nueva York, expusieron sus puntos de vista acerca de las amenazas de este procedimiento para la salud.

Según los científicos, muchos de los aditivos empleados son tóxicos, mutagénicos (crean malformaciones) y cancerígenos (capaces de generar cáncer). Sin embargo, buena parte de esos compuestos no son del conocimiento público.

Similares peligros tienen otros elementos derivados del proceso de extracción, como los hidrocarburos volátiles. El benceno, por ejemplo, es un sabido cancerígeno. En algunas de las zonas de explotación sus concentraciones llegan a superar ampliamente los estándares permisibles de toxicidad.

Howarth e Ingraffea también destacan cómo durante la extracción del gas se desentierran sales naturales, metales pesados, hidrocarburos y materiales radiactivos con conocidos riesgos ambientales y para la salud. Como algunos ya han preguntado: ¿Cuál será el destino de estos desechos letales?

Sin duda, uno de los ecosistemas más vulnerables es el acuífero: las reservas de agua potable del subsuelo pueden ser potencialmente contaminadas a través de los derrames accidentales, las instalaciones de almacenamiento o el traspaso de los propios fluidos de la fractura hídrica.

No es un aviso ficticio; ya existen referencias de afluentes de ríos contaminados por estas causas.

Entonces, la oportuna alerta de Fidel nos alinea en un empeño: el deber elemental de millones de personas serias y cuerdas de luchar para posponer, y tal vez impedir, una caída envenenada hacia el abismo. No es justo que alguien nos fracture el derecho a una vida limpia.

Fuentes:

Howart RW, Ingraffea A, Engelder T. Natural gas: Should fracking stop? Nature. 2011;477:271-5.

Mitka M. Rigorous evidence slim for determining health risk fron natural gas. JAMA. 2012;307:2135-6.

David C. Holzman. Methane found in well water near fracking sites. Environ Health Perspect. 2011 July 1; 119(7): a28.

Finkel ML and Law A. Am J Public Health. 2011; 101[5]:784-785).

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