Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

¿Tu música es mi música?

Autor:

Susana Gómes Bugallo

Realmente somos solidarios, pero no hay que exagerar. Basta compartir amistosos nuestro espacio de una guagua y hasta ceder el asiento, si no se ha sucumbido ante el reciente virus de la imperturbabilidad, pero la música… «Gracias, puedo oírla en casa».

Quiero pensar a veces que este fenómeno se da por la escasez y el elevado precio de los audífonos con calidad, porque si no, ¿cuál es la justificación?

No lo digo por los choferes, y que conste que hasta ahora he tenido la suerte de abordar solo las guaguas que llevan estaciones de radio agradables. Se trata de los repartidores de sonido en la sociedad.

Ya no se conforman con el portentoso equipo estéreo ambientando al barrio. Ahora decidieron salir a la calle, para ver cómo llegar a los lugares más cerrados donde se obligue a los desgraciados que tuvieron la mala suerte de estar ahí y en ese momento… a escuchar su más variada selección de su no tan variado gusto y su «decente» volumen.

Ya los audífonos pasaron de moda. «¡Qué modestia esa de andar por ahí sin que sepan lo que oigo!», parecen decirse los promotores. «¡Que todos disfruten conmigo!», sería un pensamiento más solidario aun.

Pero lo cierto es que no quiero oír tu música. La realidad es que tenemos diversos gustos. También puede dolerme la cabeza. Quizá estoy preocupada por algo…

Lo más curioso y hasta ridículo sucede cuando ni nos sentimos en el derecho de pedirle privacidad a este individuo, por temor a encontrarnos la justificada respuesta de que tal artefacto es de su propiedad y él lo manipula cuando le viene en gana. Entonces, ¿qué hacer?

¿Se puede responder que los oídos también son propiedad privada y se les utiliza cuando se desea? Podría convertirse el asunto en algo más allá de una conversación.

No son necesarios estos extremos. Por favor, compre audífonos. Respete el silencio ajeno.

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