La suerte de mayo

Autor:

Yoelvis Lázaro Moreno Fernández

Mayo es mayo y no otro mes del año. Lo que tiene de sui géneris y suyo, de calendario que va corriendo detrás de un abril presuroso que viste siempre traje joven, no lo describen los más anticipados clarividentes de la suerte cotidiana; no lo recogen en la certeza más honda del cubano incógnito los tarots ni las cartas ni las bolas mágicas.

Mayo, en su amanecer primero, en una Habana hecha ciudad y alboroto bullanguero al mismo tiempo, apuntala las mil emociones de hombres y mujeres para echarlo a andar, para concertar el olor a fábrica y obrero alegre, con el uniforme del colegial abanderado que no se cansa de gritar desde temprano.

Por ahí, por ese rumbo de mixturas y suspiros con sabor a desvelo y trasnochadera, se echa la suerte de esta quinta hoja de almanaque que, aunque corriente y tradicional, no abandona la intención de encontrarnos siempre en constante cambio, en permanente regeneración, en la indagación por una productividad del pensamiento y la eficiencia de la vida misma, que se nos convierta, como acto cotidiano de fe, amén de las carencias y otras torceduras no tan despreciables, en nuestra marcha de cabecera, en nuestro mejor desfile.

Y es que el desfile de ayer es hoy mucho más que movimiento y madrugón azuzado a golpe de reloj. ¿Acaso no lo fue en su esencia misma para la niña con bata tricolor que, en hombros de su padre, portó juguetona la foto sonriente de Chávez? ¿O para el abuelito que atinó a asomarse al balcón de su céntrico apartamento, para agitar la bandera y saludar atento a los que iban pasando?

¿Cómo no creer en el derecho personalísimo de Luna, la instructora de arte que más allá de su gente y de su tropa revoltosa, construyó para sí su procesión mayor, con el recuerdo de sus padres santiagueros y los años pasados en que vociferaba como vio hacer a tantos estudiantes, medio pletóricos unos, palpitantes otros?

¿Y dónde dejo a Marcelino, al inquieto Marcelino, hombre de una alegría cubanísima que se degusta como el mejor desayuno, hombre de furias tempestuosas con la escoba que lo ha acompañado por más de 40 años, y con la que vestiría de limpio otra vez las calles tras la multitud?

Ah, por poco se me quedan: las amigas cincuentonas de Turquía a las que, sorprendidas por el desenfado criollo, escuché decir «We are very happy to be in Cuba», como si esa visible alegría por estar en la Isla, no llevara consigo también una provocación para aquel reportero que con su inglés «chapurreao», le insistió en el why, en el porqué de tanta conmoción desde un ánimo que viene con la experiencia «desarrollada» de tierras foráneas.

Mayo, y sus horas iniciales que lo hacen despertar como en ninguna otra fecha, es un signo nuevo, rejuvenecedor, vibrante, diverso, campechano. Mayo amanece con figura e itinerario recorrido, el mismo y otros a la vez, con la suerte única y las miles de todos los que fuimos... y aún seguimos caminando.

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