Érase una vez un «cómo»

Autor:

Alina Perera Robbio

Así como los integrantes de un hogar necesitan conversar sobre sus felicidades, angustias y estrategias, arrimados a la mesa principal de la casa, los hijos de esta Isla nuestra necesitamos sumergirnos en una atmósfera de comunicación, en un aire expresivo que contagie, en una voluntad de ventilar, entre todos, los asuntos más apremiantes.

En esa dimensión subjetiva de la Cuba que está cambiando —a veces a ojos vista, a veces silenciosamente—, está para mí la magia de cualquier transformación real. Y esto que afirmo no nace de la nada sino de múltiples ejemplos y señales que la vida pone ante mis ojos, como la experiencia que hace no mucho, como parte del Pleno del Polo de las Ciencias Sociales —jornada que permite mostrar múltiples resultados—, compartieron representantes del Consejo Provincial de Ciencias Sociales de Holguín sobre lo que allí sucede hace unos meses, a partir de un trabajo conjunto entre ese universo del pensamiento y el Comité Provincial del Partido.

Mucho está dando que hablar —porque entraña participación, y esperanza y confianza por parte de la gente hacia las instituciones— algo que en esa provincia conocen como «Sistema de gestión partidista para el enfrentamiento a las indisciplinas sociales e ilegalidades». El punto de partida ha sido una mirada científica que, orientada por la dirección del Partido allí, y en diálogo permanente con él, ha puesto a disposición de las instancias de dirección herramientas con las cuales se puede enfrentar y superar problemas que afectan el bienestar de la población.

El experimento nació en diciembre del año 2012. El Consejo de Ciencias Sociales realizó un levantamiento de los temas más importantes del municipio cabecera de Holguín. En enero de este año, la dirección del Partido seleccionó los 20 principales problemas que serían vórtices de debates públicos y participativos. Un material audiovisual que recogía estampas alusivas a un negativo estado de cosas existente a finales del año 2012, fue el pórtico de reflexiones populares que tocaron temas relativos a la vigilancia revolucionaria, a la utilización del tiempo libre, al comportamiento social en barrios y comunidades.

Más de 27 000 ciudadanos debatieron, además, sobre los procesos docente-educativos, el fortalecimiento de valores éticos, el control del combustible, el funcionamiento del comercio, la gastronomía y los servicios, el control forestal, la seguridad vial, el turismo y su impacto social, el reordenamiento de la actividad constructiva, entre otros tópicos.

Los caminos para recoger los criterios han sido los estudios de opinión, los sondeos y las llamadas telefónicas. Y un escenario ha resultado clave en todo este empeño: cada domingo el salón del teatro del Comité Provincial del Partido abre sus puertas para que las entidades implicadas en el tema a tratar, y cualquier ciudadano que desee estar presente, expresen sus puntos de vista sobre una realidad que les concierne.

Entre las máximas allí están el respeto por quien habla (diga lo que diga mientras esté animado por la buena voluntad), así como la negación de términos imprecisos (un «nivel» de cemento no significa nada; hay que hablar de cifras. Y al robo hay que llamarle robo, no «incidencia» u otra palabra que no hable por lo claro).

Ya se han discutido más de la mitad de los temas seleccionados, y se ha creado una sinergia tal entre la población y las instituciones que, según expresaron los especialistas en el Pleno, en poco tiempo se perciben algunos resultados: se comienza a producir el rescate de las pantallas móviles de cine, esas emblemáticas que llevaron la imagen a los sitios más recónditos y que habían encallado en el olvido; se ha logrado el pago de numerosas multas vencidas (las cifras monetarias no son significativas desde el punto de vista económico pero sí desde el punto de vista social); se construyen y acondicionan espacios para que los trabajadores por cuenta propia puedan vender sus mercancías ordenadamente; se va transformando para bien la transportación urbana; se perciben otros logros, y entre ellos, uno de los más valiosos tiene que ver con que las personas han incrementado la voluntad de opinar, de tomar parte, de alertar y proponer.

Muchas interpretaciones y lecciones se derivan de una experiencia como esta en la cual, por cierto, la prensa televisiva, radial y escrita del territorio están jugando un papel cardinal. A la luz de la exposición de un esfuerzo como este durante el Polo de las Ciencias Sociales, los estudiosos allí presentes aportaron observaciones muy útiles que se detenían, por ejemplo, en la reserva moral y la transparencia de los dirigentes políticos (fortaleza sin la cual no sería posible el debate permanente y franco, con todos, sobre cualquier tema de la vida).

Es un proyecto inclusivo, en el cual todos escuchan a todos, donde se nos recuerda que las organizaciones y entidades de la sociedad no solo están para orientar sino también para pulsar los ánimos de la gente, para escuchar y responder. Y desde ahora más de una opinión advierte que no se trata de una experiencia a replicar mecánicamente en otros lugares de la Isla, sino de un extraordinario referente que propone valorar el potencial de las ciencias sociales como riguroso punto de partida si de revolucionar escenarios se trata.

Esta vivencia que apenas comienza, y en la cual sus protagonistas tendrán que trabajar duro para seguir acorralando problemas, para no caer en apagones ni en retrocesos, prueba que encontrar el camino práctico de la voluntad más elevada es tarea ardua mas no imposible. Está naciendo un «cómo» que podría darnos mucha luz.

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