Mursi preso, Mubarak en casa - Opinión

Mursi preso, Mubarak en casa

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

El presidente legítimo tras las rejas. El ex dictador, responsable de la muerte de civiles, de corrupción y de hundir a Egipto en la injusticia social, en su casa, tranquilo, luego que un tribunal de El Cairo lo pusiera en libertad condicional. ¡Los resultados de un golpe de Estado! Una prueba más del retroceso reaccionario que impulsa la cúpula militar. Otra dosis de gasolina para la llama que quema la nación norteafricana.

Para explicar su decisión, el tribunal de apelaciones cairota que ordenó la excarcelación de Mubarak —depuesto en enero de 2011 luego de un régimen de 30 años— alegó que se venció el período de tiempo estipulado para mantenerlo en la cárcel, después de varios meses en los que se prorrogó la detención en plazos de 15 días. Se trata de la causa por corrupción abierta contra el ex Presidente, en atención a los 28 millones de libras egipcias (2,9 millones de euros) que «aceptó» en regalos de la editora de diarios pública Al Ahram. Según dicen, Mubarak devolvió esa cantidad de su fortuna personal, la que precisamente está en entredicho por las acusaciones de robo al pueblo.

A pesar de los graves crímenes y delitos contra el Estado, la Fiscalía no movió un dedo para revertir el fallo.

Ahora, en la paz de una de sus mansiones, Mubarak debe esperar a ser juzgado por su responsabilidad en la matanza de 850 civiles durante las revueltas de enero de 2011, que resultaron en su dimisión. El año pasado se le declaró culpable por ese crimen y se le condenó a cadena perpetua; pero los abogados de la defensa apelaron y el juez ordenó un nuevo juicio.

Además, tiene abiertos otros procesos por el desvío de fondos públicos para construir y rehabilitar sus mansiones particulares, y otro, junto a sus dos hijos, Alaa y Gamal, y el empresario en fuga Husein Salem, por enriquecimiento ilícito y daño premeditado a los fondos públicos, al conseguir comisiones y beneficios económicos con la venta de gas a Israel.

Durante este largo y caótico proceso judicial contra Mubarak no han faltado las denuncias contra una «justicia» enferma —una de las razones por las que estalló la revuelta popular de 2011— que ha favorecido a Mubarak. Abogados de las víctimas de la represión mubarakista aseguran que el Ministerio del Interior ocultó pruebas contundentes que inculparían a los responsables, entre otras fechorías procesales.

Hasta ahora, ningún alto cargo ha sido condenado por la represión de la ciudadanía y las violaciones de los derechos humanos durante el viejo régimen.

Y mientras descansa en casa Mubarak —luego de recibir atención médica en un hospital militar de Maadi, adonde fue llevado al salir de la cárcel de Tora—, de quien seguro muchos medios explotarán ahora, nuevamente, su «estado de salud» a la altura de 85 años de edad, el presidente legítimo de Egipto, Mohamed Mursi, derrocado el 3 de julio por un golpe de Estado militar, continúa preso en un lugar desconocido. En su contra, acusaciones como la incitación a la violencia.

No es el único en prisión. Muchos líderes y miembros de la Hermandad Musulmana (HM) también fueron apresados durante la ola de arrestos y represión de las fuerzas de seguridad después de la asonada militar.

Precisamente, el domingo, cuando Mubarak debe comparecer ante la justicia en una vista para la repetición de su juicio por la muerte de civiles durante las protestas de 2011, también está previsto el inicio de la causa judicial contra el liderazgo de la HM.

En este caso, organizaciones de defensa de los derechos humanos han expresado su preocupación por la falta de transparencia y de garantías en el proceso legal contra Mursi y otros líderes de la cofradía musulmana. Debe recordarse que el abogado Abdel Moneiem Abdel Maqsud, de la HM, fue arrestado en Tora el mes pasado, cuando acudió a esa cárcel a proporcionar asistencia legal a líderes de esa agrupación retenidos allí.

Con Mursi de seguro no tendrán la misma complacencia que con el viejo rais. Más con los encontronazos que tuvo el Presidente islamista con la judicatura.

Mursi y la HM se enfrentan a un ajuste de cuentas político.

La situación no puede ser diferente cuando Egipto sigue gobernado por la misma casta militar que acompañó a Mubarak, más allá del disfraz civil que muestran las caras de políticos liberales y prooccidentales en el gabinete de facto, nombrados a dedo.

Y la lista de quienes tienen sus manos manchadas de sangre no termina con Mubarak. En la masacre contra islamistas y seguidores de Mursi, otros en el ejército y el Gobierno de facto, tampoco las tienen limpias.

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