El exilio español

Autor:

Lázaro Fariñas

La crisis en España parece no tener fin. Están yendo, como dice el dicho, de Guatemala a Guatapeor. El país cuyo ejecutivo, tras el derrumbe de la Unión Soviética, intentaba darle clases de Economía al Gobierno revolucionario de Cuba para que este hiciera cambios estructurales hacia una economía de mercado, está, en este momento, pidiendo el agua por señas. Afortunadamente, los líderes cubanos no le hicieron el menor caso a los consejeros españoles, con lo cual evitaron que Cuba estuviera ahora en una caída vertical en vez de en la paulatina recuperación económica por la que está atravesando.

Según un reportaje aparecido en el periódico El País, de Madrid, las pensiones, el desempleo y los intereses absorben en este momento la mitad de los recursos del Estado. Las inversiones directas que hace este y sus organismos autónomos han caído a un punto igual que el del final de los 80 del siglo pasado, mientras que los intereses que tiene que pagar el Estado español son enormes, ya que tiene una deuda pública que roza el millón de millones de dólares, más o menos el ciento por ciento del producto interno bruto de España, deuda que es el triple de la que tenía antes de comenzar la crisis en el 2008 y un nivel de endeudamiento con respecto al PIB mayor que el que tenía en 1909. Solamente en los dos años que lleva Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, ha endeudado más a España que lo que la endeudó Zapatero en todos los años que estuvo en el poder.

Con más del 27 por ciento de desempleados, el Estado español tendrá que destinar casi 30 000 millones de euros para pagar a los desempleados, y alrededor de 128 millones para pagar las pensiones de los jubilados. Se estima que el crecimiento de la economía española este año no llegue al 0,7 por ciento, es decir, prácticamente sin crecimiento.

Con esta situación económica tan desastrosa desde hace varios años, la cantidad de ciudadanos españoles que está emigrando hacia el exterior en busca de mejores oportunidades ha ido en aumento, y no son solamente los españoles, también los que un día llegaron a España como inmigrantes están, cada vez más, volviendo a sus países. Se calcula que más de 60 000 españoles emigraron el año pasado y que más de 400 000 inmigrantes abandonaron el país. Pero no solo ha aumentado el número de emigrados, sino que, como consecuencia de eso, ha aumentado la cantidad de remesas familiares que se están recibiendo. Según el periódico, entre abril y junio de este año entraron en España, por concepto de remesas, unos 1 600 millones de dólares, bajando considerablemente la cantidad de dinero que, por concepto de remesas, los extranjeros residentes en el país envían a sus familiares. En el 2007, los inmigrantes enviaron a sus países más o menos ocho mil millones de dólares en remesas, para caer a unos seis mil el año pasado. Pero este año ha dado un nuevo bajón, llevándola a una cantidad inferior a la de las remesas que fueron enviadas a España por sus emigrados.

En España, como en el resto de las grandes economías del mundo occidental, incluyendo a los Estados Unidos, estalló la crisis debido a la famosa burbuja inmobiliaria, burbuja que creó un falso triunfalismo, fundamentalmente empujado por la gran banca que prestaba dinero a diestra y siniestra sin tan siquiera molestarse en averiguar cómo era que los acreedores iban a pagar sus créditos. Como dice el dicho, aquellos polvos trajeron estos lodos. En definitiva, a los banqueros no les interesaba en lo más mínimo que la economía se hundiera, ya que ellos sabían que los primeros que iban a ser rescatados eran ellos, tal y como sucedió.

Con la economía como está y con la cantidad de personas que están abandonando España, ahora vamos a tener que empezar a hablar del exilio español. A los gobernantes españoles, que tanto han elogiado a sus compinches anticubanos de Miami, no les quedará más remedio que aceptar que ellos tienen su exilio, a pesar de su economía de mercado, su pluripartidismo, con toda su democracia representativa, con toda su «libertad de prensa», y con toda la porquería que le quisieron vender a Cuba por allá por los 90 del pasado siglo. Hay un dicho que dice que el que no oye consejo, no llega a viejo, pero los dirigentes del Gobierno revolucionario cubano no hicieron el menor caso al de los españoles y les salió muy bien.

*Periodista cubano radicado en Miami

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