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El esperanzado Rajoy y las palmaditas de Obama

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

Lo peor ya ha pasado. Ese fue, en pocas palabras, el mensaje que le transmitió el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, a su homólogo estadounidense, Barack Obama, durante su visita a Washington, la primera que realiza después de dos años en La Moncloa.

El mandatario conservador puso todo su esfuerzo y optimismo en convencer a Obama de que valieron la pena los recortes presupuestarios y todas las medidas impopulares contra el bienestar social, porque ahora la economía española, la que heredó de cabezas al precipicio, comienza a repuntar, aunque tímidamente, con un 0,3 por ciento. Es una buena señal luego de once trimestres sin ninguna cifra positiva, y cuando hace tan solo un año muchos hablaban de la posibilidad de un rescate para esa nación europea.

Con ese discurso, Rajoy invitó a los empresarios estadounidenses a no perder la oportunidad de participar en lo que enuncia como una fase de crecimiento.

El jefe de la Moncloa obtuvo lo que quiso: el espaldarazo de Obama capaz de insuflarle credibilidad a su gestión. No obstante, sin llegar el extremo de halarle las orejas, le recordó que uno de los mayores problemas que debe enfrentar el jefe de Gobierno español es el desempleo, que alcanza dígitos tan escandalosos como el 26 por ciento (seis millones de personas).

Dicen que Rajoy salió satisfecho del Despacho Oval. Que finalmente se diera esta visita es para él muy importante después de que se especuló que el presidente español no saldría vivito y coleando de la ola de descontento social, ya no solo por el embate de recortes, sino además por los escándalos de corrupción en que estaban envueltos él y su organización política, el Partido Popular.

Además, constituye otro paso en el esfuerzo por recomponer unas relaciones que empañó el anterior presidente español, José Luis Zapatero, del PSOE, cuando en 2003 no se levantó ante el paso de la bandera estadounidense, en señal de protesta contra el republicano George W. Bush por la guerra de Iraq y la posterior retirada de las tropas españolas de ese país centroasiático —aunque años después permitió a

Washington desplegar su escudo antimisiles en la base naval de Rota. Por tanto, más allá del telón económico, hay también un trasfondo político no desestimable.

En ese sentido apuntaban otros asuntos de la agenda tratados entre Obama y Rajoy, como los vinculados a la seguridad y la defensa. Ambos coincidieron en apuntar que la cooperación en esa área «nunca había sido tan fuerte», lo que quizá parece  altisonante y sabe a complacencia, porque durante los mandatos de José María Aznar y de Bush, los vínculos fueron mucho más sólidos. Pero en este caso, Obama quiso resaltar, sobre todo, el agradecimiento a Madrid por haber acogido en la base de Morón (Sevilla), en las narices del norte de África, una fuerza de 500 marines, de modo que el Pentágono pueda actuar lo más rápido posible ante amenazas de seguridad a las embajadas norteamericanas en esa región y el Oriente Medio, zona con una mayor convulsión en los últimos tres años y donde prolifera el sentimiento anti-estadounidense. Recordemos además la participación española en la guerra contra el régimen de Muammar al-Gaddafi en Libia.

Para el establishment español, se trata de seducir más a quien considera ha sido y debe seguir siendo su principal aliado internacional y el de la Unión Europea.

Por eso tampoco Rajoy reclamó sobre el espionaje masivo de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) estadounidense a políticos y empresarios españoles —fueron intervenidas 60 millones de llamadas telefónicas solo en un mes, entre finales de 2012 y comienzos de 2013.

Iluso quien pensó que ello podría suceder. ¿Para qué remover un asunto tan espinoso cuando Madrid está enfocado en una campaña de imagen positiva y publicidad ante Estados Unidos con el objetivo de atraer capitales norteamericanos para inyectar en su economía? A fin de cuentas, cuando se destapó esa olla de grillos a raíz de las develaciones del ex consultor de la NSA, Edward Snowden, La Moncloa ni chistó —quien más alzó la voz fue la canciller alemana Merkel, pero ya es asunto olvidado.

El tema solo salió en una rueda de prensa cuando un periodista le preguntó a Rajoy al respecto, y el Jefe de Estado se limitó a responder que ha mantenido un «contacto fluido» con la embajada de EE.UU. en Madrid, de la que recibió, dijo, «explicaciones satisfactorias». Es decir, comprende perfectamente que la NSA espíe a diestra y siniestra, incluso a los aliados, y se traga las justificaciones burdas e insustentables que dio Obama para acallar los reclamos de los amigos europeos.

Habrá que seguir la respuesta de EE.UU., si finalmente Obama se dejó convencer por la visión esperanzadora de Rajoy en materia de economía, a pesar de los reclamos de la ciudadanía. Porque al parecer, fue tan grande el entusiasmo español como la circunspección estadounidense.

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