¿Las ovejas y el lobo? - Opinión

¿Las ovejas y el lobo?

Autor:

Ricardo Ronquillo Bello

La trama de la fábula El zagal y las ovejas parece reproducirse en el escenario económico nacional, en la medida en que nos abrimos camino en el espeso bosque de su actualización.

Desde que el proyecto era una criatura en concepción, una de las interrogantes clave sobre su marcha era precisamente cómo congeniar la planificación socialista —alfa y omega de nuestro modelo de desarrollo— con el reconocimiento del mercado y las leyes que lo dominan.

Desde ese momento ya algunos advertían a la ovejita que debía prepararse, porque venía «el lobo». Y aunque en nuestro caso ni la primera resulte tan inocente, ni el segundo tan fiero —como ya sabemos y fue ratificado por los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución—, lo cierto es que el manso y el rudo animalito están comenzando a mirarse a los ojos en la Cuba en transformación, y los guiños de reconocimiento no son muy tiernos que digamos.

Las expresiones más latentes las tenemos en esos vaciamientos cíclicos e intempestivos que sufren nuestras cadenas comercializadoras, con las expansiones subsiguientes del mercado subterráneo, pese a que cuando los medios de prensa indagan con funcionarios y responsables las respuestas parecieran dibujar un «todo bajo control».

¿Bajo control de quién?, es la pregunta que sigue. La respuesta, a primera vista, y más allá de la escasez que hemos padecido en los años de deficiente y acosada economía socialista, hay que comenzar a buscarla también en el desajuste creciente entre la planificación y el mercado, si es que pretendemos ofrecer soluciones de fondo a los problemas estructurales de la economía criolla.

La pura y mansa ovejilla se las ve cada vez más con ese ente devorador que se rige por unas reglas muy dinámicas, frente a la opacidad y pesadez que ha heredado nuestro planeamiento táctico y estratégico.

Estamos en camino de la expansión de una economía actualizada, más horizontal y menos verticalizada y monopólica, incluso socializada, sin renunciar a la preponderancia de la planificación socialista, pero en la que el mercado enseña sus reglas cada vez con mayor peso.

No es casual que los investigadores subrayen que una de las variantes que no puede soslayarse en la rectificación actual, y cada vez con más énfasis hacia el futuro, es el papel que desempeña la demanda en la economía.

En un encuentro reciente entre directivos agrícolas, se reconoció el alto grado de formalismo y burocratización sufrido por esa importantísima herramienta en el manejo estructural de la economía.

Ejecutivos de la rama en el país y del Gobierno en la capital abordaban también en meses pasados, en conferencia de prensa, cuánto desestimulan la producción los inadecuados cálculos en la demanda real de productos agropecuarios y en la contratación.

Y pese a que directivos agrícolas anunciaron que los problemas que se verificaban con la demanda en el pasado, no se repetirían en la concepción del año 2014, cuando incluso se inauguraba una nueva forma de comercialización de productos agrícolas en La Habana, Artemisa y Mayabeque, lo cierto es que en los mercados agropecuarios no se saborean las señales del cambio, para mayores tormentos alrededor de la mesa.

El primero en avisarlo fue el desproporcionado precio del tomate que tanto ha dado de qué hablar desde finales de 2013, para no mencionar el de distintos productos.

Junto con otros déficit sistémicos de nuestra economía, asociados a la organización y estímulo a la producción, y carencias y obsolescencias tecnológicas, vuelve a quedar mal plantada en estos primeros meses la decisión de que a partir de este año, y de la renovada política para hacer la contratación, la demanda se elevaría al Ministerio de la Agricultura y tenía que ser oficial, presentada por el ejecutivo e incluir todos los intereses.

Ello pese al anuncio de que en este caso se planificó teniendo en cuenta el ingreso medio de la población, la venta de productos, la movilidad en los meses del año y la participación de las instituciones. Todo lo cual, dijeron los entendidos, facilitaría la contratación en 2014.

Un reportaje reciente de este diario dejaba claro que una cosa fue lo que se previó, y otra muy distinta la vida, mientras lo prudente es que ambos extremos se encuentren en algún punto.

Esto último sería lo sensato para que «dominemos las leyes ciegas del mercado» en vez de estas dominarnos a nosotros. Para que ese grito de ¡lobooooo! que se escucha desde anaqueles y tarimas del país no termine por devorarnos, como a las ovejas de la fábula.

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