La hegemonía cuestionada

Autor:

Armando Amorós Rodríguez

La égida del imperio norteamericano ha encontrado en el contexto internacional actual un nuevo escenario, que ha levantado la obligación de cuestionarse su hegemonía en el sistema internacional para el 2050.

Luego de la desintegración de la Unión Soviética en 1992, la política exterior norteamericana no encontró un referente en el que justificar sus designios. Así empezó el despliegue de un sinnúmero de doctrinas y acciones capaces de buscar una base teórica que explicara el redimensionamiento de la política exterior norteamericana. Una buena combinación de idealismo y realismo políticos justificaba las aspiraciones y los intereses del imperio.

Los efectos económicos no tardaron en asomarse a las puertas de la economía más influyente del mundo. Desde finales de 2007 una aguda crisis ha hecho revivir los momentos más amargos de la crisis del 30. En este sentido, la sociedad internacional, arrastrada por los EE.UU., sufre los embates de una recesión económica mundial. Esta crisis trajo consigo la bancarrota de diversas entidades financieras relacionadas con el mercado de las hipotecas inmobiliarias, como el banco de inversión Lehman Brothers, entre otras compañías de este tipo. Los efectos de esta crisis han llevado a que miles de empleados hayan sido expulsados de sus trabajos, por lo que los trabajos informales se han multiplicado, la renta familiar ha disminuido, el nivel de consumo se ha reducido, miles de negocios se han visto en la obligación de cerrar, la tasa de paro ha crecido, la tasa de crecimiento del PIB real se ha reducido, al mismo tiempo que ha aumento del déficit público. El Congreso no ha llegado a un consenso respecto al techo de la deuda, la cual, de no llegarse a un acuerdo, pondrá al Gobierno al borde del impago. Además, la lucha política entre el Partido Republicano y el Demócrata no se centra en rescatar al pueblo norteamericano de la crisis, sino en salvar el modelo que perpetúa su poder.

Esta crisis ha promovido una mayor exclusión de los sectores más empobrecidos de la sociedad norteamericana, una mayor división social, una importante centralización y concentración de capital y medios de producción. Miles de emigrantes se han visto marginados y sin garantías legales. Cada año aumenta el número de indocumentados que busca abrirse camino en los EE.UU.; esto ha provocado una devaluación de la fuerza de trabajo y un aumento del grado de explotación laboral.

Frente al aumento de la criminalidad y la violencia se ha suscitado un aumento de los sentimientos racistas y discriminatorios en la sociedad norteamericana. En lugar de la formación ética, la codicia, el consumo desmesurado, la obtención de ganancias rápidas y fáciles, la especulación y paradigmas como «el tener, es ser» se han convertido en normas de comportamiento entre las élites económicas que están en plena rebelión.

El impacto de la crisis en el sistema socioeconómico capitalista norteamericano sale del paradigma de comprensión cíclico de la crisis, para entenderlo como una crisis sistémica. Su solución conducirá a la ruptura del modelo capitalista por la incapacidad de presentar una alternativa viable que garantice el avance y el progreso de las fuerzas productivas, pues solo se limita a conservar y reproducir el modelo de dominación del capital en manos de una minoría privilegiada.

En medio de una profunda crisis, no se hizo esperar la reacción del imperio norteamericano ante el redimensionamiento del sistema internacional protagonizado por la emergencia de Rusia, China, América Latina y el Medio Oriente. Una secuencia de acciones dirigidas a contener el avance de este nuevo despertar ha obligado a actuar desde un nuevo marco político dirigido desde terceros. El aumento de la colaboración militar con países ex soviéticos y del Asia pacífico, el apoyo militar a campañas desestabilizadoras contra Gobiernos que cuestionan su hegemonía, el incentivo a proyectos internacionales (ALCA, Alianza del Pacífico) para que resten peso a las emergentes como Celac y Unasur, y el fomento de tratados de libre comercio con países de América Latina han sido muestra de la agresiva política del imperio yanqui.

La salida real de la crisis será la ruptura definitiva del sistema. De verse amenazada la hegemonía del imperio norteamericano, el uso de la violencia no encontrará freno en el Consejo de Seguridad y sus fuerzas armadas serán su principal carta de contención y conservación de su sistema de dominación. El mundo se avecina a una involución del imperialismo.

* Estudiante del Instituto Superior de Relaciones Internacionales.

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