Prohibido olvidar…

Autor:

Jorge Alberto Ortiz Mejía*

Si se quiere tener una visión de lo que ha ocurrido a toda Latinoamérica basta leer De Banana Republic a la No República, el reciente libro del presidente ecuatoriano Rafael Correa cuya importancia ha sido destacada por el intelectual Atilio Borón: sus páginas nos ubican en el escenario donde se desenvuelven las deformaciones estructurales que tienen que afrontar los países latinoamericanos ante la hegemonía, y en la búsqueda de otra racionalidad para nuestros pueblos.

La experiencia de Rafael Correa parte de su labor como especialista de proyectos del Banco Interamericano de Desarrollo, donde trabajó contratado como experto después de obtener su maestría en la prestigiada Universidad católica de Lovaina. Desde esos espacios pudo percatarse de la magnitud de la farsa: cómo se despilfarraban los recursos de los Estados supuestamente beneficiarios, e incluso ser testigo de la aplicación de intereses sobre saldos no utilizados y acciones de castigo para agilizar proyectos cuyas demoras había provocado el mismo Banco.

El clímax de la perversión alcanza a Ecuador en 1999, cuando el Gobierno de Jamil Mahuad impuso la eliminación del sucre como moneda nacional por el dólar. Desde la teoría económica, Correa rechaza de principio la versión vulgar del economicismo para comprender la integralidad de los procesos sociales.

Las colonias españolas del llamado Nuevo Mundo alcanzaron incipiente desarrollo de su base productiva; con la independencia, las nuevas repúblicas se integraron al comercio internacional, en lo fundamental como proveedores de materias primas, lo que generó la ruina de la naciente manufactura local y determinó la condición primario-exportadora de las economías de nuestros países. En el caso de Ecuador, basó su economía en la explotación del cacao, que llegó a constituir el 80 por ciento de sus exportaciones, con una poderosa clase agroexportadora. Al perder el cacao predominio en la economía local surge el banano como nuevo producto primario a exportar, financiado por compañías como la United Fruit. En nuestros días es uno de los principales exportadores de la fruta a nivel mundial.

Después de la Segunda Guerra Mundial surge un pensamiento económico que rechaza los modelos primario-exportadores por su baja capacidad de generar valor agregado; se trata de la estrategia conocida como industrialización sustitutiva de importaciones (ISI), inspirada en el pensamiento estructuralista de Raúl Prebisch de la Cepal. En 1972 Ecuador se convirtió en exportador de petróleo gracias a los hallazgos de crudo en la región amazónica. Y la producción de petróleo fue la locura ante la abundancia de divisas, lo que generó un enorme déficit comercial ante la deformación estructural del proceso. Ecuador no alcanzó la sustitución de importaciones para su la economía sino la reproducción de importaciones, creando mayor deterioro en la balanza comercial industrial… algo similar a lo ocurrido a demás países de Latinoamérica. A su vez descuidó el sector agrícola como fuente de crecimiento económico.

Ante la enorme liquidez de los mercados financieros en los años de 1970, generados por los petrodólares de los países árabes, las naciones latinoamericanas entraron a un dañino endeudamiento externo de gobiernos irresponsables y desquiciados, estrategia promovida por los organismos internacionales de siempre. Ecuador fue, así, destacado alumno del endeudamiento, que pasó de 229 millones de dólares en 1970 a 4416 en 1981. De la misma manera el sector privado tampoco se quedó atrás para endeudarse.

La caída de los precios del petróleo, el incremento de las tasas de interés financiera,  el cese de créditos, no solo causaron la eliminación de las fuentes de crecimiento sino una gigantesca transferencia de recursos del país por el pago de servicios de la deuda externa. De la misma forma, Latinoamérica transfirió, en la década de 1980, unos 238 000 millones de dólares al extranjero.

El colmo en Ecuador fue asumir la deuda privada con la banca internacional, conocida como la «sucretización de la deuda externa privada»… Algo similar sucedió en nuestros países.

En los años 90 Ecuador profundiza la apertura de su economía para fortalecer el mercado, en detrimento del sector público. Resta inversiones productivas a Petroecuador para justificar privatizar los campos petroleros. Uno de esos intentos fue la Ley Topo, y fue Correa el encargado de realizar el balance de la perversidad de la legislación ante el Parlamento.

Petroecuador dejaba el país el 57 por ciento del ingreso petrolero, mientras que la empresa privada aportaba menos del 20 por ciento. La ley fue rechazada en pleno por mayoría, en la que se encontraba la esposa del mismísimo presidente, como diputada al Congreso Nacional.

En 1993 se crearon leyes de Régimen del Sector Eléctrico y de Telecomunicaciones, orientadas a romper «el monopolio» del Estado en el suministro de esos servicios públicos, e el afán de de privatizar los entes estatales. Otro ejemplo de la destrucción de Ecuador fue la entrega de 4 000 concesiones mineras, con la ley conocida como Trole: el Estado no recibiría regalías por la explotación de sus recursos, sino pago simbólico por hectárea concesionada.

Para Correa, lo ocurrido en Ecuador es una visión que abarca a toda Latinoamérica. «En lo personal no puedo dejar de indignarme por el engaño y saqueo a la región, cómo no encolerizarme ante el atraco del “salvataje bancario”, la Ley de Garantías a depósito, el robo de nuestra moneda, la renegociación de la deuda de 2 000 y la incapacidad de construir algo propio sin ser imitadores vulgares de paradigmas extraños a nuestras realidades. Cómo no enfurecerse con la doble moral de nuestros dirigentes, con las políticas públicas decididas por burócratas apátridas, con la supremacía del capital sobre el ser humano». Y reconoce que: «Nuestro Ecuador jamás fue social ni económicamente un paraíso, lo que se hizo en las últimas décadas no tiene nombre, de ahí el título (del libro) Ecuador: de Banana Repúblic a la No Republica.

Ante lo ocurrido por la larga y triste noche neoliberal, tenemos que decir como las madres de los desaparecidos y la víctimas de tanta dictadura militar que también atenazó a nuestra región: «Prohibido olvidar».

Nota: En la segunda mitad del siglo XIX se consolida, en América latina, especialmente, en Centroamérica,  cultivos para abastecer los mercados de los países industrializados de materias primas y alimentos. Uno de los sectores más importantes será el bananero, dominado por la United Fruit Company. Con importantes propiedades en las costas caribeñas de los países de Centroamérica, Venezuela y Colombia. La compañía desarrolló un compromiso con las oligarquías locales que originaron lo que se ha conocido como las «repúblicas bananeras». Estas repúblicas solían ser dictaduras que mantenían el orden y el control social, al grado que la United era un estado dentro de cada estado.

*Profesor Investigador de la Universidad Pedagógica Nacional, Yucatán, México.

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