«Coqueteando» con la muerte

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Hace pocos días vi un documental en el que aparecía un joven paquistaní que disfruta desafiar la vida. Con solo 20 años, los videos de sus «hazañas» recorren el mundo y, entre asombros y gritos, quienes los vemos nos preguntamos hasta cuándo durará su insensatez.

Con su moto Harley Davidson supera los límites de velocidad permitidos y, mientras avanza, realiza las piruetas más increíbles a bordo de ella. De pie en el asiento, agachado en la parte trasera, sentado en el timón…

Realmente ese muchacho no cuida su vida, lo que puedo confirmar no solo al verlo hacer todo esto. Hay un dato adicional: ni siquiera lleva casco de protección.

Es sabido que este medio de seguridad reduce en un tercio las muertes que pueden ocasionarse por un accidente en la vía e impide, en gran medida, la ocurrencia de graves lesiones cerebrales.

El impacto que sufre el cráneo es menor si está protegido por un casco, y no creo que él no lo sepa. Lo que sucede es que prefiere «coquetear» con su destino y con los nervios de quienes lo ven.

Pero no solo este joven ignora los beneficios de usar este aditamento. No son pocos los conductores de motos de nuestro país que violan lo establecido en el artículo 72 de la Ley 109, Código de Seguridad Vial, razón por la que incurren en una infracción catalogada como muy peligrosa, con la consiguiente imposición de 30 pesos de multa y el equivalente a 12 puntos de su licencia de conducción.

Por ello, la Campaña de Información-Vigilancia que despliega la Dirección Nacional de Tránsito de conjunto con el Ministerio de Transporte —en la que se incluyen operativos de control del 10 al 19 de junio— defiende el eslogan de «Con casco… ¡más protegidos!», con el ánimo de sensibilizar a quienes todavía «juegan» con este tema.

No solo se trata de promover que lleve este accesorio el conductor del vehículo y su pasajero, sino de que su uso sea el correcto. Llevarlo desabrochado, incorrectamente abrochado o sin que cumpla las características requeridas es también una violación.

¿Te has fijado cuánto cuesta un casco?, me espetó en una ocasión el propietario de una Suzuki. Tengo entendido que las entidades estatales tienen la obligación de entregarle uno al trabajador que maneje una moto asignada a ellas. Quien conduzca un ciclo de su propiedad tendrá que recurrir a la oferta de las tiendas recaudadoras de divisas, donde se venden debidamente homologados y certificados, con precios que oscilan entre 23 y 33 CUC, en dependencia de si son semiintegrales o integrales.

¿Te parece poco?, me dijo. No, por supuesto que no. Pero la vida no tiene precio. Y si podemos «guardar una tierrita» para comprar una pieza si se rompe alguna, o para el combustible que usamos, o incluso para la chapistería del vehículo, ¿cómo no vamos a pensar en la urgencia de comprar un casco que proteja nuestras cabezas y la de nuestros pasajeros?

Con certeza, usted que lee estas líneas no ha podido ignorar la triste escena que ofrecen algunas familias que violan la ley y viajan en una moto, con niños incluidos, sin que estos lleven protección alguna en sus cabezas. Ellos también, como el joven paquistaní, están desafiando la vida, y en ese caso, siempre van a tener las de perder.

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