Espejuelos para Gabriela

Mayra García CardenteyMayra García Cardentey
30 de Octubre del 2014 20:21:03 CDT

Hace poco recibí una de las peores noticias para una periodista veinteañera y miope como yo, que ha pasado dos tercios de su vida con espejuelos, tres años de ella con un parche incluido.

Según la consulta de oftalmología, tendré que disponer de cristales graduados de por vida: no reúno «los requisitos quirúrgicos» para una operación, y además tengo en el ojo derecho «sospecha de queratocono», enfermedad de la córnea que causa mala visión de forma progresiva.

Aunque esa es la novedad, esta historia nació tiempo atrás. Desde los ocho años uso lentes de aumento. En un inicio acompañaba mis armaduras de pasta con un parche de gasa y esparadrapo en el ojo derecho. En mi ferviente imaginación entonces, y tras mis lecturas de Emilio Salgari, me figuraba Yolanda, la hija del temible Corsario negro aunque no tuviera otros mares que conquistar que no fueran los pasillos y patios interiores de mi escuela primaria en Pinar del Río.

Como toda cría de esa edad, en un principio resultó un proceso complejo adaptarme a las gafas, por mucho que mis padres explicaron su importancia.

Si me tomara como referencia para cierto ejercicio que hacíamos en una clase de Biología por aquellos años, la división de mis escasas libras de entonces concluiría en cuerpo, cabeza, extremidades… y espejuelos. Los tuve de todo tipo: grandes, pequeños, oblicuos, rectangulares, de metal medio verdoso —resultado de la humedad y el calor— y hasta de un plástico muy quebradizo.

Y junto a todo ello, el «drama de la estética». Como por algún tiempo no había mucho que elegir, tuve mis días de «intrépido volador», de complejo de parabrisas de guagua Girón, hasta de escaseces y olvidos con armaduras de una pata, o remiendos con cinta adhesiva transparente. En cambio, ahora tengo de varios tipos y colores, y hasta sueño con mi par de lentes fotocromáticos, tan caros, digo, lindos ellos… Pero esa es otra historia.

Igualmente tuve mis períodos: desde la etapa en la que, dentro de la cotidiana burla escolar, me apodaban «cuatro ojos pistoleros» o Mayra Frankestein —en alusión a mi padecimiento y con rejuego vocal de mi apellido—, a las ocasiones en las cuales salía de mi casa y escondía los espejuelos en algún bolsillo recóndito en mi carpeta. Incluso, durante los períodos universitarios, en plenas matinés habaneras hacía mis trucos a lo Houdini y pasaban en un santiamén de mi rostro al bolsillo del pantalón. De todas formas, hay poco que ver en una discoteca…

Cuando una vive semejantes escenas y siempre piensa «se acabará pronto» o «llegará el día en que no los uses», que te diagnostiquen lo contrario no es precisamente el happy end esperado.

Eso y más he pensado en estas jornadas cuando precisamente visité a Gabriela, la hija de siete años de una amiga. Gabi es yo 20 años atrás, como esa primera vez que me llevaron al cuarto oscuro a «adivinar» las letras en el final del corredor. Hace unos nueve meses le indicaron «espejuelos permanentes», como decimos los cristal-dependientes.

Mi amiga, preocupada por la asimilación de la niña, y conocedora de nuestra empatía, me pidió que le hablara con la esperanza de que acogiera la idea con mayor disposición.

Comencé con lo básico. Gabi, ¿cómo te va con tus espejuelos? —Bien. —¿Te gustan los que te compró mamá? De nuevo monosilábica: Sí. —Mira que es bueno para ti, ves mejor las cosas y te quedan lindos, chica. —Sí, yo lo sé. —Además, están de moda. Mira a Harry Potter, le sugerí persuasivamente aunque a mí John Lennon, Steve Jobs y Woody Allen no me convencieron.

«Pero Mari, para que tú me dices todo eso», me interroga con dudas. —Nada Gabi, para que lo sepas, le dije cuando el reloj marcaba más allá de las nueve y había llegado la hora de la siesta nocturna.

Cuando ya me despedía advertí que la nena se acurrucaba con los espejuelos aún puestos. «Gabi, si quieres te los quitas para que estés más cómoda. No hacen falta mientras duermes». —«Pero, Mari, ¿quién te dijo eso? Yo me los pongo siempre: así puedo ver mejor los sueños».

Una periodista veinteañera y miope como yo, que ha pasado dos tercios de su vida con cristales graduados, tres años de ella con un parche incluido, quiso convencer a Gabriela, una niña de siete años, de llevar espejuelos. Ella me convenció a mí.

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    1. 1

      Fabrizio - 31 de Octubre del 2014 4:44:03 CDT

      Buenos dias,he leido su editorial, y le puedo contestar que si Ud. tiene queratocono,la manera mas justa para hacerle ver bien es la aplicación de una lente de contacto dura o GP. Sin duda tenga consulta con el Hospital Pando Ferrer,le resoveran el problema Otro problema es poner espejuelos a los ninos: hace 20/30 años las armaduras eran feas y las lentes espesas, asi qué los niños le apodaban, como dice Ud, quatro ojos! Ahora las monturas son lindas,coloradas,tecnicas,asi como los lentes son sotiles y levianos, ahora los niños no vean la hora de ponerse espejuelos! Espero que a Cuba se desarrollerà mejor el sistema de la gestión del sector óptico para el bienestar de todos los cubanos. Fabrizio Viglino Doctor en Optometria Italia

    2. 2

      Glenda - 31 de Octubre del 2014 7:41:39 CDT

      Mayra, hermoso como siempre. Gabriela sin conocerme me acaba de convencer a mí también, y mira que ya llevo años con espejuelos. Un beso enorme.

    3. 3

      Miguel Valdivia - 31 de Octubre del 2014 8:53:25 CDT

      Mayrita: Como siempre, sorprendes. Es posible esperar de ti cualquier cosa que nos haga pensar profundamente o sentir como sentíamos cuando éramos niños. Cuando llegue de la escuela mi nieta de solo 13 años y que usa también espejuelos, le leeré tu escrito. Saludo a tus padres, un abrazo........

    4. 4

      Arístides Lima Castillo - 31 de Octubre del 2014 9:42:17 CDT

      Como siempre, ¡GENIAL! Tienes una forma de escribir que me fascina. Sigue siendo periodista, Mayra, esa es la profesión que te tocó en la vida, y en nada lo haces mal, pero por favor, dedica de tu tiempo, aunque sea un tin, a escribir de todas esas cosas lindas y emocionantes que se te ocurren. Seguro que no te irá mal. Esta vez, como diría cualquier cubano en términos beisboleros, ¡Partiste el bate!

    5. 5

      jacinto descalzo - 31 de Octubre del 2014 10:21:49 CDT

      Excelente tu sentido del humor Mayra, periodismo del bueno, es la primera vez que te leo, en fin acabo de descubrirte...

    6. 6

      JUAN JOSE MIJARES DIAZ - 31 de Octubre del 2014 11:45:29 CDT

      YA ESTABA DESEANDO LEER TUS CRONICAS. ESTA EXCELENTE COMO ACOSTUMBRAS DELEITARNOS CON TUS ESCRITOS. MUY ELOCUENTE, REAL Y EDUCATIVA. PRECISAMENTE MI NIETA SE LLAMA GABRIELA Y NECESITA ESPEJUELOS. LA VI EN TU CRONICA. GRACIAS, MAYRA.

    7. 7

      Modesto Reyes Canto - 31 de Octubre del 2014 16:00:45 CDT

      Me uno a lo expresado por los demás forístas, amiga Mayra, y solamente le agrego que los directivos de JR deben tener más visión contigo, para que tus lectores, dentro de los que me encuentro, podamos ver y leer más a menudo, esas esas inteligentes y simpáticas crónicas que tan bien escribes. Saludos: Modesto Reyes Canto.

    8. 8

      Andy Cabrera Medina - 31 de Octubre del 2014 16:48:54 CDT

      Como siempre muy interesante lo que escribes. Te volví a ver hace poco en la revista Buenos Días y como siempre, también, muy precisa la forma en que te expresas. No recuerdo el tema de la entrevista pero si tus lentes. Felicidades nuevamente por cada uno de tus logros y este artículo sin duda es uno más. Eres motivo de orgullo para todo los que nos graduamos en la F-1 del IPVCE Federico Engels. Vas bien Mayra...

    9. 9

      Yanet - 31 de Octubre del 2014 18:01:18 CDT

      Adore leer esto, así me paso con mi niño que además se llama Gabriel, de la misma edad, cumplió 7 años hace poco tiempo, él muy orgulloso de sus espejuelos, en su aula dice que hay una niña que los lleva igual, por eso le gusta mucho, ya que son los dos que llevan espejuelos.

    10. 10

      Nelson Leyva de la Torre - 31 de Octubre del 2014 19:29:50 CDT

      Mayra, su relato es muy bonito, casi autobiográfico –claro, de una parte de su vida– y no pongo en duda que para algunos adolescentes y jóvenes resulte un ejemplo tranquilizador (Espejuelos para Gabriela, Mayra García Cardentey, 30 de Octubre del 2014). Es conocido que la miopía es una dolencia molesta para quien la padece y no resulta cómodo convivir con ella, pues ocasiona dificultades para enfocar correctamente los objetos, lo que provoca dolores de cabeza, estrabismo e irritación del ojo. Sin embargo, atenderla a tiempo propicia cierta corrección y puede minimizar las molestias que ocasiona a quien la padece. Solo el que la sufre experimenta semejante inquietud, más si se encuentra en la etapa de la adolescencia o juventud. Pero a medida que maduramos nos vamos adaptando a ella y el tiempo nos convence de que –a pesar de eso– no se va a caer el mundo….usted lo ha demostrado. El caso de Gabriela pudiera ser común en otros niños y niñas miopes. No obstante, nuestro país cuenta con los recursos necesarios para brindarles a los infantes que la padecen un adecuado y efectivo cuidado. Además, a ello hay que sumarle la esmerada atención de padres y familia en general. El tiempo es un recurso muy importante, que nos va aportando experiencia, conocimientos y madurez con su paso inexorable. Sin dejarlo todo a expensa de él, nos dirá la última palabra. Ajustándonos a esta premisa, queda continuar el diálogo cotidiano con Gabriela para que no se separe de ese mundo de maravillosas fantasías en el que, a su edad, nosotros también nos sumergimos. Ella tiene ahora el privilegio de vivir en un mundo donde el hombre ha logrado grandes avances en el campo de la oftalmología, en el que también se ha introducido la estética. Gabriela aun es una niña, pero estoy seguro que cuando atraviese las etapas de la adolescencia y juventud, muchos ni se darán cuenta de su miopía –aunque tenga que sobrellevarla de por vida– porque ya habrá aprendido a vivir con ella. Seguirá los consejos y ejemplo de la autora de este artículo, a quien los diferentes tipos de espejuelos que usa le propician una excelente personalidad, quien, además, no solo mira el mundo y a la gente a través de ellos, también los mira con su gran corazón. Nelson Leyva de la Torre. (Alamar, La Habana).

    11. 11

      Tide - 31 de Octubre del 2014 21:01:42 CDT

      Admirada periodista. Me uno a los foristas, y a tal vez a todos los que han leído tu escrito y no han querido o no han podido materializar sus opiniones, en que tus vívidos relatos no dejan nada que desear. Como bien nos dice un forista: ¡Genial! Tienes madera de escritora y no debes dejar perderla. Me ha emocionado lo que nos cuentas de ti, y lo que nos haces saber de la pequeña Gabriela. Conocí bien el “tormento” de usar espejuelos cuando entraba en la adolescencia. Los necesitaba muchísimo, pero no quería que mis compañeritas de clases me vieran con ellos. Si no hubiera tenido a Wilfredo sentado a mi lado, “con vista de águila” –le tocaba por orden alfabético – y del que copiaba todo lo que ni distinguía en el verde desteñido del pizarrón, mal hubiera terminado el bachillerato. Ya a los 28, cuando gracias a las nacionalizaciones bajaron los precios de los lentes de contacto a 120 pesos, no lo pensé mucho para visitar a Humberto Salas, en 1964, el mejor contactólogo de La Habana, y por 32 años los pude usar, aunque lloviera o tronara. Ya con sacos de años arriba, y por prescripción, tuve que dejarlos a un lado y volver a los espejuelos, y así me puedes ver. Y te sugiero que sigas las recomendaciones del Optometrista italiano. Te ha dado una solución que la tienes a mano, al igual que Gabriela. Un pequeñito de 4 años, entonces, me dejó atrás en lo que a adaptación se refiere. Y otra recomendación, Mayra: Tu profesión, la que te da para vivir ahora, es el periodismo, pero seguro estoy que tu forma de relatar te llevará mucho más lejos. ¡Ojalá me queden “afeitadas” suficientes como para no perderme lo que escribirás! ¡Felicidades!

    12. 12

      Iván Pérez López - 1 de Noviembre del 2014 10:46:01 CDT

      Mayra, eres lo maximo con tu humor y tu desenfado sin prejuicios al escribir. Lei tu articulo y de veras me he conmovido con el caso de Gabriela, al final esos pequeños enanos nos dan lecciones de amor y sabiduria con su manera tan sencilla de ver las cosas. Cuanta ternura encierran esas palabritas tan lindas "Yo me los pongo siempre: así puedo ver mejor los sueños". De verdad, se me aguaron los ojos

    13. 13

      sachiel - 3 de Noviembre del 2014 9:08:19 CDT

      Mairy¿tu primer beso de amor lo distes con o sin espejuelos? ahora mismo, encontré una noticia soobre más adelantos ene se campo, para el tartamiento de la presbicia y otros, que me hacen pensar que los espejuelos, con otra Misión Milagros dentro de poco, serán historia para muchos. Que tus sueños sigan adelante, con la luz de tus ojos.

    14. 14

      sachiel - 3 de Noviembre del 2014 15:12:10 CDT

      Otra. http://www.trabajadores.cu/20130531/lente-progresivo-el-futuro-para-ver-mejor/ y creo que no seria ocioso contactar con el Doctor Fabrizio Viglino, autoridad en la materia. Despues nos cuenta.

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