Controversia

Autor:

Yunet López Ricardo

¿Nació repentista o lo aprendió después? ¿Puede enseñarse a improvisar? Estas han sido preguntas que desatan fuertes polémicas en el panorama decimístico cubano desde los mismos albores del género, pero sobre todo después de que Alexis Díaz-Pimienta apostó por la enseñanza de esta vertiente artística en los talleres infantiles.

La instrucción de la técnica mediante juegos ha demostrado que los niños pueden improvisar décimas. Sin embargo, solo practican ágilmente esta materia los más avezados.

Jesús Orta Ruiz, uno de nuestros mejores poetas del siglo XX, escribió: «Constituye un fenómeno natural que algunos seres humanos vengan al mundo con ciertas propiedades psíquico-somáticas favorecedoras de aptitudes en el trabajo, el arte, la literatura o la ciencia. Son como las plantas que, surgiendo de idéntica o semejante semilla, crecen con el riego, la lluvia, la poda, el abono y otros elementos ecológicos».

En palabras de la payadora argentina Marta Suint, el carácter intuitivo, empírico y hereditario del género se fundamenta con la existencia de una predisposición genética que condiciona al poeta desde su nacimiento.

Dicha premisa se basó en un estudio realizado en la Universidad de Milán, donde el genetista Eduardo Broncinelli descubrió la existencia de dos genes, el EMX1 y el EMX2, los cuales inciden directamente sobre la formación de la corteza cerebral y permitirían al individuo lograr en instantes sus versos.

Este interesante hallazgo podría explicar científicamente el fenómeno de la improvisación. Pero de la misma forma en que estos genes predisponen al bardo deben existir otros que influyan en las aptitudes de los músicos, los escultores, los matemáticos y otras profesiones, que —como todas— requieren una dosis de destreza innata.

Lo cierto es que muchos coinciden en la transmisión hereditaria. No obstante, existen quienes no conocen en su familia antecedentes del género y, sin embargo, son portadores.

Los niños con aptitudes para la poesía oral improvisada lo manifiestan desde edades muy tempranas, algunos con solo ocho años crean redondillas con rapidez, técnica y lógica, mientras otros efectúan la proeza lingüística de hacer en una décima cuatro pies forzados y cantarla luego desde el verso diez al uno sin que pierda la lógica u olviden alguno.

El repentismo es poesía efímera. Se considera un acto virtuoso lograr, en segundos, una décima, muchas veces con un alto nivel de lirismo o la explicación octosílaba de un concepto. Virgilio López Lemus en su libro Aguas Tributarias (2003) expone: «Hay poetas de don. El don es innato. ¿De dónde viene? ¿Es divino? O se recibe a través de la permutación genética, una de cuyas combinaciones dentro de su cadena, imprime mayor o menor don (…) Se tiene o no. No puede cultivarse, ni educarse como el talento, ni acrecerse como la inteligencia».

Pero no hay sortilegio alguno, y tampoco el hechizo de enterrar las primeras uñitas del pequeño bajo una mata de rosas o guardarlas dentro de un libro. Es solo talento, y a esto sumémosle la oportunidad con que cuentan hoy los niños para aprender, depurar y desarrollar técnicas mediante las lecciones de los talleres, coyuntura con la cual no contaron exponentes de décadas pasadas.

No existe un experimento que dé como resultado un poeta, las aptitudes son únicas en cada ser humano. Viengsay Valdés no puede pintar como Zaida del Río y, a su vez, Zaida no puede concebir décimas en segundos como Tomasita Quiala.

Dicen los cubanos que en todos los pueblos de la Isla, debajo de cada piedra hay un poeta, y pudiera ser cierta esa afirmación, porque aficionados practicantes de la tradición hay muchos. Sin embargo, para encontrar repentistas de probada calidad, es necesario primero levantar unas cuantas rocas.

Muchas opiniones aseguran que el poeta nace haciéndose porque es imprescindible el talento y también el desarrollo intelectual. La improvisación es un arte y, por ende, se conforma con una parte de aptitud y otra grande de oficio, técnica, práctica y superación. Se nace repentista como mismo actor, bailarín o científico.

Todos los seres humanos poseen habilidades diversas. El secreto es saber cómo desarrollar el talento con el cual, innegablemente, se viene al mundo.

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