¿Qué voy a estudiar? - Opinión

¿Qué voy a estudiar?

Autor:

Luis Orlando León Carpio

Formación vocacional y orientación profesional son términos que a primera vista parecen el resultado de la «cantaleta» de algún metodólogo de Educación en la escuela. Mas, cuando uno escucha de boca de los propios estudiantes el desconocimiento sobre las ofertas de carrera, su plan de estudios y su impacto en la sociedad, puede verse que, amén de las medidas tomadas en cada centro de enseñanza, el fenómeno no es un asunto del mañana.

Un alumno de etapa preuniversitaria debe lidiar con serias cuestiones a la hora de pensar su futuro: aspiraciones, aptitudes personales, necesidades económicas y sociales, realidades personales… Disquisiciones tan profundas como la contradicción entre el ser y el pensar.

No es pretencioso en este periodista hacer una comparación filosófica. Solo  imaginemos a un adolescente de 16 años debatiéndose por la carrera de sus sueños, tal vez licenciatura en Física, una materia con la cual, hasta el momento, no puede aspirar sino a establecerse en las filas académicas para continuar el trabajo de sus profesores. Un poco más «terrenal», en las circunstancias actuales, resultaría licenciatura en Turismo, una carrera que, a primera vista, contiene el material para salir airoso de los problemas económicos que nos aquejan.

Y es aquí donde intervienen las instituciones educativas. Profesores, secretarios docentes y metodólogos de Educación se deben volcar (y lo hacen) en asegurar que el estudiante llegue al duodécimo grado con al menos una idea certera de qué quieren y qué deben cursar en las aulas universitarias, y también, por qué no, en otros sectores técnico profesionales, porque técnicos medios, obreros calificados y tecnólogos de la salud también hacen   falta.

Existen, de hecho, varios proyectos que aseguran la correcta formación vocacional y orientación profesional de alumnos del «pre». Figuran como los más importantes, las visitas de estudiantes universitarios a las escuelas, el proyecto de Puertas Abiertas a las universidades y el no menos relevante de insertar en las casas de altos estudios a los aspirantes a carreras como Física y Matemática.

Pero estas alternativas no son suficientes, y muchos estudiantes aún se sienten desinformados. Un reportaje publicado en el semanario Vanguardia, de Villa Clara, arrojó que muchos alumnos de Preuniversitario terminan escogiendo las carreras por obra y gracia de la vocación familiar, las exhortaciones de los amigos, la pareja...

Lo anterior invita a reflexionar sobre una idea: no basta con potenciar proyectos metodológicamente bien aplicados, se debe velar por su buen cumplimiento en cada una de las escuelas. No basta con aplicarlos en nuestra zona, hay que traspasar las fronteras de ciudades, municipios y provincias. No basta con mostrar el quid de una carrera, es menester enseñar cuál es su utilidad para la sociedad cubana, teniendo en cuenta factores como la ubicación laboral, la remuneración salarial y los reconocimientos personales en esa área del conocimiento.

Solo así es posible garantizar una sociedad donde los futuros profesionales descubran su vocación, se sientan a gusto y trabajen por una Cuba más desarrollada.

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