Un lujo que no cabe en la campiña

Autor:

Nelson García Santos

A veces en nombre de la premura por resolver un problema en breve plazo, se ha creado otro hasta mayor. Ejemplos sobre el particular pululan. Un botón de muestra: mala terminación de obras constructivas por el corre-corre para cumplir con una fecha de terminación. O calles y tuberías que se arreglan y a los pocos días afloran de nuevo las averías...

Este adverso proceder, a pesar de que hay mayor control en la actualidad con el fin de evitar tales desaguisados, mantiene cierta vigencia y no solo en lo que corresponde propiamente a las construcciones.

Ahora mismo la presión por contar con mayores volúmenes de carne de cerdo relegó a un segundo plano la instalación de plantas destinadas al tratamiento de los residuales para la protección del medio ambiente.

En este último apartado vale reconocer lo muchísimo que se ha logrado en el país, pero antes de generalizar los convenios porcinos con los trabajadores no estatales lo aconsejable era tener en cuenta primero el modo de tratar los desechos y después ejecutar los proyectos de producción.

Para revertir la situación, desde hace unos años se está tratando de solucionar el problema mediante la instalación de plantas de biogás, con el fin de reciclar las excretas y convertirlas en energía renovable y biofertilizantes.

En ese empeño se ha avanzado, aunque todavía la mayoría de los porcicultores carecen de biodigestores instalados en sus fincas, proceso que se avizora recibirá en el país un buen impulso en este año.

De hecho, se está aplicando una decisión cardinal: a partir de este año, para acabar con el mal de raíz, el que aspire a un convenio porcino tiene que construir primero el sistema de biogás, como siempre debió ser.

Los porcicultores ya establecidos tendrán que emplazarlo en el más breve plazo posible. Por ejemplo, en Villa Clara se aspira a cerrar el actual año con más de 500 plantas en funcionamiento.

Especialistas han alertado sobre la necesidad de diseñar bien el digestor de modo que tenga la capacidad necesaria para procesar los desechos, porque a veces no ocurre así.

Primero con lentitud y ahora con más bríos, inexorablemente el biogás se abre paso en las fincas de los criadores como la vía más expedita de impedir daños al medio ambiente, proporcionar fertilizantes, electricidad y facilitar la cocción de alimentos. Ventajas netas por todas partes, que tampoco podemos darnos en lujo de desaprovechar.

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