Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

La voz de los pueblos

Autor:

Nyliam Vázquez García

Cuando hace más de 20 años Estados Unidos sacó de la manga la idea de la Cumbre de las Américas con la clara intención de imponer, entre otras infaustas maquinaciones que elaboró por el camino, el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), no contó con la voz de los pueblos.

Tampoco tomó en cuenta el profundo impacto que tuvo la llegada al poder de líderes que le cambiaron el rostro al continente.

La historia de la Cumbre de los Pueblos está estrechamente ligada a la de las cumbres de las Américas, en la medida en que surgió como contrapeso para esa reunión de Jefes de Estado que pretendía desconocer la realidad profunda de los países, mientras Washington se beneficiaba del servilismo que carcomía a la América Nuestra.

Si bien la I Cumbre de las Américas tuvo lugar en Miami en diciembre de 1994, no fue hasta la segunda, en Chile, en abril de 1998, que por primera vez y de forma paralela sesionó la Cumbre de los Pueblos. La medida exacta de cuánto habían madurado los movimientos sociales y otras organizaciones que se juntaban para hacer frente a los intentos de colonización se supo con mayor certeza en la cuarta edición, en Mar del Plata, en 2005, el año en que América Latina derrotó el proyecto del ALCA.

«¿Quién enterró el ALCA? Los pueblos de América enterramos al ALCA», expresó el presidente Hugo Chávez en su discurso en la Cumbre de los Pueblos de ese año.

Si esa fue una victoria contundente, lo que vino después no ha sido menos difícil, y eso también lo avizoró el mandatario venezolano en aquel discurso.

«La batalla del ALCA…, que como bien decía Hebe de Bonafini, sin duda que la hemos ganado, pero ¡cuidado! Eso es solo una batalla... de tantas batallas pendientes que nos quedan para toda la vida. Ahora decía que tenemos una doble tarea: enterrar el ALCA y el modelo económico imperialista, capitalista, por una parte, pero por la otra a nosotros nos toca, compañeros y compañeras, ser los parteros del nuevo tiempo, los parteros de la nueva historia, los parteros de la nueva integración, los   parteros del ALBA, la Alternativa Bolivariana para las Américas, para los pueblos de América, una verdadera integración liberadora, para la libertad, para la igualdad, para la justicia y para la paz. Solo nosotros unidos podemos hacerlo y además enterrar al capitalismo para parir el socialismo del siglo XXI, un nuevo proyecto histórico socialista. Lloran los pueblos de la América; nos toca a nosotros; estoy seguro de que ya en la América está engendrado el nuevo proyecto histórico del socialismo del siglo XXI, lo ha engendrado el vientre de América. Ahora pujemos nosotros para parirlo, para darle vida, para perfilarlo».

Además de Chávez, en aquella Cumbre de los Pueblos acapararon la atención Evo Morales (quien en ese momento era un aspirante a la presidencia de Bolivia), Adolfo Pérez Esquivel, Diego Armando Maradona y el cineasta Emir Kusturica.

Después de ese momento crucial, el evento popular ha seguido creciendo y madurando. La Cumbre de los Pueblos se ha consolidado como espacio de resistencia y expresión clara de cuánto ha evolucionado y el modo en que se han replanteado las relaciones políticas en el continente.

En cada ocasión se han discutido temas esenciales y hasta allí han llegado los presidentes de los países del ALBA-TCP, quienes siempre han reconocido este espacio como necesario.

El evento iniciado este jueves en Panamá tendrá en la agenda el respaldo a la independencia de Puerto Rico, la eliminación del controvertido decreto del Gobierno de Estados Unidos sobre la «amenaza» que este ve en Venezuela, y el fin del bloqueo contra Cuba, según informaron los organizadores.

«Los presidentes de Ecuador y Bolivia se han comprometido a llevar a la Cumbre de las Américas todo lo que emerja de esta Cumbre de los Pueblos», aseguró Marco Quintanar, del Frente Popular de la Universidad de Panamá.

Los nuevos hijos de Nuestra América tienen también en Panamá la tarea de seguir echando tierra sobre la tumba del ALCA. Hay allá abajo un muerto que no debe asomar la cabeza por nada del mundo.

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