Sin frenos la insensatez

Autor:

Nelson García Santos

Es el freno más sui géneris que se pasea por nuestras calles urbanas y hasta rurales sin causar asombro, porque se ha hecho costumbre la imagen de parar la bicicleta con la suela de los zapatos. Y, como muchísimos otros desaguisados, parece que llegó para quedarse.

Lo lamentable, si cabe, resulta que incurren en asumir el freno con el pie, lo mismo personas jóvenes que mayores, indicador de un modo de actuar que peligrosamente se va generalizando.

Luego hay veces que se impulsan tanto en una bajada que apelan a viva voz: «Cuidado, no tengo frenos,  apártenseeeeee...». ¡Qué desfachatez!

Y, por favor, que nadie intente justificar el temerario proceder, causante de más de un accidente, con la escasez o, incluso, la falta de piezas para el sencillo sistema de detener la bici.

Sin frenos está más que prohibido circular por las vías. ¿Será necesario explicar el porqué? Lo peor resulta que no solo arriesgan su vida, sino las de los demás, que son palabras mayores.

Por estas razones, bien vale la pena que alguien atienda la necesidad de producir esas piezas, que de buenas a primera desaparecen a una velocidad sin freno, como reaparecen sorpresivamente a precios que suben también sin mecanismos que los detengan.

Claro —reitero— ello no resta la responsabilidad individual de asumir las reglamentaciones del tránsito, que establecen que el ciclo debe contar con un sistema para frenar y tener claxon, además de luces, a fin de poder andar en él de noche.

Los ciclistas y peatones son los más frágiles que transitan por las vías, lo cual supone hacerlo con especial cuidado, pues un descuido puede ser fatal, como lo confirman las estadísticas: en los últimos diez meses, por ejemplo, en Villa Clara se involucraron 101 ciclistas en accidentes. Estos ocasionaron ocho muertos y 96 lesionados.

Pero el dato revelador de que el acto temerario cuesta, muchas veces, carísimo, es que en 73 de los percances fueron los propios ciclistas los responsables.

Un vistazo a las causas que originaron lo sucedido sitúa, como las principales, no respetar el derecho de vía, circular a oscuras en la noche o remolcado por vehículos y desatender el control de la bicicleta.

Sin duda, el llevarse el Pare o el Ceda el paso, por inexistencia de un freno adecuado, aunque no aparece recogido específicamente en las estadísticas, está implícito en el genérico no respetar el derecho de vía.

¡Cuántas muertes, y cuántas personas quedan para toda la vida con secuelas por no acatar las normas de circulación vial!

Asombrosamente, muchos de los que ahora mismo están frenando la bicicleta con la suela de sus zapatos, pueden ser las próximas víctimas de su insensatez desbocada.

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