Los atinados anhelos de Paul Campbell

Autor:

Julio César Hernández Perera

Hoy se cumple un año del anuncio de la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos. Pero, a pesar de existir esta reapertura, subsisten obstáculos, y el principal freno sigue siendo el bloqueo contra la Isla.

El requerimiento de una colaboración de doble vía y justa entre las dos naciones ha sido centro de muchos debates recientes. Podríamos tomar como ejemplo un editorial titulado La salud pública y Cuba: un intercambio recíproco.

El citado artículo vio la luz en octubre del presente año, en un suplemento de la distinguida revista norteamericana American Journal of Public Health (AJPH), escrito por el doctor Paul Campbell Erwin. El autor es miembro del Departamento de Salud Pública de la Universidad de Tennessee, Knoxville, Estados Unidos, y editor asociado de la AJPH.

El especialista refiere que la atracción por Cuba de un grupo de empresarios estadounidenses está arraigada en la visión de un vínculo unidireccional, el que supuestamente desembocaría en anegar a Cuba con «productos americanos».

Paul destaca las razones por las cuales los norteamericanos deben aprovechar la ocasión de importar ideas y soluciones a problemas que enfrentan dentro de su país, y obtener enseñanzas de las experiencias cubanas. Hasta ahora se puede considerar como escaso el valor dado a lo que podría circular de Cuba hacia Estados Unidos, más allá del ron y los habanos.

El médico expone tres ejemplos con respecto al ámbito de la salud, los cuales son beneficiosos para ambas naciones. El primero alude a cuánto pueden aprender los estadounidenses del sistema de educación médica y la formación de médicos en Cuba, quienes prestan sus servicios en las regiones donde más se les necesita: en el campo, las montañas, los barrios periféricos de las ciudades de América Latina y los pueblos rurales de Sudáfrica. Los cubanos colaboran con los sistemas de salud de 67 países y tienen 51 000 médicos y otros trabajadores de ese universo en programas como Operación Milagro, el alivio de desastres, el enfrentamiento a epidemias y la provisión a largo plazo de servicios médicos.

Muchas zonas rurales y pobres de Estados Unidos, como los Apalaches —donde reside el autor del artículo—, necesitan prestadores de salud. En ese país norteño no hay un centro educacional similar a la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), capaz de crear profesionales listos para ocupar muchos espacios baldíos.

El segundo ejemplo del artículo trata sobre la evaluación de riesgos y atención prenatal cubana. El ciento por ciento de las mujeres embarazadas asiste a más de cuatro consultas prenatales, en comparación con el 97 por ciento en EE.UU. Este modelo explica por qué la tasa de mortalidad infantil en Cuba fue de 4,7 por cada mil nacidos vivos en 2013, frente a 6,17 en la nación vecina.

Si se lograra extender este resultado de Cuba al país del Norte, ellos conseguirían salvar cada año cerca de 4 225 recién nacidos.

Finalmente, el doctor Campbell realza nuestra capacidad de creación ante situaciones de escasez. Le vale como evidencia el desarrollo de una industria farmacéutica propia en respuesta al bloqueo norteamericano y nuestro exclusivo plan de prevención nacional de enfermedades renales para compensar la falta de equipos de diálisis.

Los Estados Unidos podrían aprender de los resultados de estos esfuerzos. Sin embargo, debido al bloqueo, los ciudadanos norteamericanos no tienen acceso, por ejemplo, al Heberprot-P para tratar las úlceras del pie diabético, método muy eficaz en la prevención de aproximadamente el 70 por ciento de las amputaciones de extremidades en los diabéticos.

Valdría la pena que el Gobierno estadounidense pensara en cuántos norteamericanos se verían favorecidos: cerca de 70 000, cada año, viven afectados por esta  dolencia.

Las conclusiones de Paul resultan explícitas en su editorial: «La combinación de las innovaciones de Cuba y de los recursos de Estados Unidos, ofrece una oportunidad sin precedentes para mejorar el estado de la salud en ambos países. Dejemos que el flujo de información, mercancías y servicios sea recíproco».

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