Barreras para acabar con las barreras

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

El acceso pleno al medio físico por los discapacitados aún es una deuda. Bien lo saben quienes presentan esa condición y «chocan» cada día con diversas barreras que les impiden su completa integración a la sociedad. Obstáculos objetivos y subjetivos imposibilitan que sean hombres y mujeres útiles e independientes.

A pesar de que la política del Estado cubano apuesta por una total integración, principalmente, queda mucho por avanzar en materia cultural y en la praxis, facilitar su participación y aporte porque todos y todas, somos responsables del futuro de nuestra nación.

Precisamente, uno de los impedimentos más frecuentes que limita a nuestros discapacitados es la existencia de las llamadas barreras arquitectónicas. Por ejemplo, en Sancti Spíritus durante el 2015 la Dirección Provincial de Planificación Física (DPPF) orientó que se debían eliminar 77, de las cuales solo una decena desapareció.

Y aunque lo común cuando se incumple lo establecido es escudarse en justificaciones, como la falta de materiales o de personal e incluso hasta de asesoría, en estos casos, según especialistas de la DPPF espirituana, solo existió la ausencia de sensibilidad con el tema.

Sin embargo, la realidad indica culpabilidad también en quienes no controlaron y chequearon sistemáticamente lo orientado. Los Gobiernos municipales, asesorados por los expertos de las direcciones de Protección Física en cada territorio, deben ser más combativos en ese sentido, así como hacerlo extensivo a aquellas edificaciones en construcción.

Pero la inaccesibilidad no solo se manifiesta en el acceso hasta las puertas. ¿Qué ocurre cuando se alcanzan los umbrales?

La mayoría de las construcciones no cuentan con un diseño pensado para personas con alguna limitación, principalmente donde se expenden productos alimenticios y de aseo personal. Las referidas tiendas en divisa, frecuentemente, aprovechan tanto su espacio que hacinan los productos, provocando que la movilidad sea un tema de expertos.

De esa forma se daña y aparta a los discapacitados, quienes no encuentran la igualdad de oportunidades para desenvolverse con independencia. Tal y como ocurre en tantos otros ejemplos, como cuando aspiran a acceder a un medio de transporte y precisan ser ayudados o cuando deben sortear los escombros o las colas de los negocios particulares que interrumpen el paso por las aceras.

Igualmente ocurre con aquellos organismos que incumplen con lo estipulado por el Plan de acción nacional para la atención a personas con discapacidad, el cual orienta el tratamiento que deben recibir. Y aun más bochornoso, quienes minimizan la capacidad de otros por simplemente ser diferentes. Por ello, quienes integran la Aclifim, la Asociación Nacional de Ciegos (ANCI) y la Asociación Nacional de Sordos e Hipoacúsicos (Ansoc), demandan, en estos tiempos, de una labor más creativa y dinámica, para educar sobre la base del respeto a los deberes y derechos.

Pero no todos son problemas, ya que nuestro país es referencia para el resto del orbe en la inserción de todos los seres humanos en sectores como la educación y el deporte, donde se han creado programas especiales que les permiten, desde su propia limitación, crear habilidades para con independencia ser útiles. Resta entonces que el resto les facilite su desenvolvimiento.

Por ello Cuba precisa avanzar hacia la búsqueda de una sociedad más integral y ajena a todo tipo de barreras.

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