La rosa blanca y el abono necesario

Autor:

Yoerky Sánchez Cuéllar

Desde uno de los asientos del Gran Teatro Alicia Alonso, escuché el discurso de Obama al pueblo de Cuba. Y pude descifrar en cada palabra y en cada gesto del Presidente de los Estados Unidos que, amén de la construcción mediática de sus intenciones, subyacen propósitos que limitan las relaciones normales con nuestro pueblo.

Los cubanos sabemos leer entre líneas. Y nos damos cuenta de cuándo alguien nos tiende su mano franca y cuándo nos esconden «la bola» en el bolsillo. ¿Cuáles serán los verdaderos fines del mandatario norteamericano? Puede haber una gran diferencia entre lo que una persona diga y lo que, a la postre, haga. Obama ha dicho mucho, pero no ha hecho lo suficiente.

Durante su intervención ante respresentantes de la sociedad civil cubana, nuevamente pidió al Congreso que elimine el bloqueo contra Cuba, calificado por él como «carga obsoleta». Sin embargo, no se refirió a las prerrogativas ejecutivas que posee para ir vaciándolo de sentido y lograr con ello que disminuya el peso de sus medidas arbitrarias.

¿Por qué no anunció en el Gran Teatro de La Habana, por ejemplo, que autorizará las inversiones norteamericanas en nuestro país, más allá de las ya aprobadas antes para el sector de las telecomunicaciones, con propósitos políticos, como denunció recientemente nuestro Canciller?

Del mismo modo, ¿por qué no aprovechó su estancia en La Habana para autorizar las exportaciones de empresas cubanas a su nación y posibilitar, a su vez, que los bancos cubanos establezcan relaciones directas con sus pares estadounidenses?

Sin duda, resulta trascendente el llamado que ha hecho al Congreso, pero no debiera actuar como si todo dependiera, exclusivamente, del órgano legislativo. En las manos del Presidente norteamericano quedan muchas posibilidades, y debería explotarlas si de veras quiere fortalecer ese puente de intercambio entre ambos países. Ahí está, y no lo  mencionó en su discurso, el territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval en Guantánamo. Definitivamente, la rosa blanca que él dice cultivar aún no tiene el abono necesario.

Durante sus palabras en el Alicia Alonso, habló de un cambio generacional en Cuba, y de que los hijos y nietos de la Revolución se reconciliarán con «los hijos y los nietos de los exiliados». No sé exactamente a qué reconciliación se refiere Obama, porque los jóvenes de este Archipiélago no guardamos rencor ni odio hacia los que nacieron a 90 millas, o que por razones económicas decidieron emigrar.

La única reconciliación inaceptable para nuestro pueblo será con los autores de actos terroristas que provocaron más de 3 000 muertos en nuestra Isla, y sobre lo que el presidente Obama perdió esta vez la oportunidad de pedir perdón. Debería comprender, además, que el cambio generacional que él espera como futuro y esperanza no significará ruptura sino continuidad de las ideas que la Revolución ha defendido desde el año en que su papá llegó a Estados Unidos hasta hoy.

Es por ello que no podemos aceptar impávidos su recomendación a olvidar la historia como condición para avanzar en las relaciones. En nuestro pasado están las claves que nos permiten entender el rumbo, y saber las vías por las que nunca volveremos a transitar.

Del discurso de Obama una frase me quedó en la mente: «el cubano la inventa del aire». Y al escuchar La Guantanamera, de Joseíto Fernández, mientras el primer presidente negro de los Estados Unidos abandonaba el estrado, se me ocurrió improvisar estos versos, que compartí con los más cercanos  a mi asiento en el Gran Teatro: Es verdad que hasta del aire/ los cubanos inventamos/pero Obama, no olvidamos/que hubo aquí un Grito de Baire.

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