Escuchar es de sabios

Autor:

Haydee León Moya

Para entender a la gente joven que está de cara al surco hay que aprender a escucharlos, aun cuando ciertos términos, la desmotivación, por ejemplo, no parezcan del todo ajustados al momento que vivimos.

Y eso supone, cuando se trata de quienes detrás del surco tienen la difícil e importante encomienda de encauzar con el trabajo político la solución (o respuesta convincente) de sus problemas, evitar argumentos sobrentendidos por noveles hombres del campo dedicados a producir alimentos para el pueblo, porque además del compromiso revolucionario, los mueve la comprensión y el sentido de la urgencia en la búsqueda de un mayor protagonismo de la juventud cubana en ese asunto de seguridad nacional.

Pero los nuevos tiempos les imponen a esos muchachos y muchachas nuevas motivaciones. Y esto no puede perderse de vista; de lo contrario un buen argumento puede trocarse en lo que no hace bien a propósito alguno: el «teque», el enfrentamiento o las maneras sutiles de mandarlos a callar.

Porque cuando se convoca a un debate, lo conveniente sería que al exponer criterios, por muy diversos que sean, no se arremeta con voces aferradas al no siempre convincente argumento de lo que no se puede resolver por la situación económica del país, o al oportuno, pero en ocasiones poco eficaz discurso de las motivaciones políticas, a quienes demandan más soluciones a problemas que frenan un propósito productivo y estratégico como el de incrementar la alimentación a partir del uso eficiente de la tierra.

Lo digo porque en un reciente activo con jóvenes campesinos, que es uno de esos espacios abiertos por la UJC con el objetivo de debatir aciertos y desaciertos en el trabajo, hubo un cruce de opiniones en el que se impusieron unas, que dejaron ver realidades que comprometen la estabilidad y el incremento de la fuerza joven en la agricultura. Y ese es un problema adulto al que bien le viene una mirada joven.

En el encuentro, José Hernández Reyes, un campesino del municipio de Manuel Tames, habló de las cosas que a veces lo desmotivan a seguir pegado a la tierra. «Apenas terminé el Servicio Militar solicité y me entregaron una finca en usufructo, y a los pocos meses parte de lo que fuera una tierra ociosa la convertí, junto a mi padre, en un enorme campo de frutabomba. No tuve problemas con las formalidades del contrato, el lío vino después, cuando recogí la cosecha y me compraron menos de la mitad de lo que estaba convenido.

«Una de mis motivaciones es producir alimentos, pensando en la posibilidad de aportarles frutas frescas al círculo infantil, al policlínico, al hospital de ancianos o a cualquiera de las instituciones que la Revolución ha puesto al servicio de la gente del lugar donde vivo, pero también quiero tener otras cosas materiales que uno necesita», dijo.

Con aspiraciones similares, otro novel productor, socio de la cooperativa Luis Rustán, en una zona ganadera del municipio de Guantánamo, habló en nombre de jóvenes del radio de acción de su comité de base de la UJC, quienes, como él, ven sin solución el arreglo de una conductora en cuyo nacimiento se desperdicia el vital líquido, y sin embargo no se puede utilizar.

«Está roto hace años el canal de El Peral, y nos han dicho que no aparece una retroexcavadora para ponerlo a funcionar, y mientras se demora la solución, a más de 20 campesinos de la zona que pudieran estar aportando leche fresca, la falta de agua se los impide», ilustró el muchacho.

Tampoco se trata solo de inversiones, como la que está por aprobarse o no en El Peral, según explicaron autoridades en el encuentro, sino de cuestiones de elemental respeto al trabajador. El problema que enfrenta hoy un grupo de jóvenes pertenecientes a la CPA Luis López Mustelier, de El Salvador, lo confirma:

«Ya han trascurrido tres quincenas desde que entregamos la caña, producida y cortada por jóvenes fundamentalmente, y todavía ninguno hemos visto el dinero que nos tiene que pagar Azcuba», ilustró la secretaria general del comité de base de la UJC en esa Cooperativa de Producción Agropecuaria.

Por eso hay que aprender a escuchar a la gente joven que está pegada al surco, buscando el perfeccionamiento del modelo económico y social que construimos, y con ello la realización de sus más nobles aspiraciones personales. Y no se les puede cortar la inspiración de expresarse, pues de lo contrario esos encuentros pueden convertirse en un simulacro, sin provecho alguno.

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