El respeto al cliente no caduca

Autor:

Glenda Boza Ibarra

Hace unos días comí Pringles por primera vez. Para muchos será la primera ocasión también que escuchan este nombre. Es un aperitivo a base de papas fritas, pero no voy a hablar de aperitivos ni mucho menos de papas.

Conocí de la crema Maggi en las mismas circunstancias: rebaja de precios —aunque para mi bolsillo sigan altos— por próximo vencimiento, incluso un día antes de la fecha de caducidad.

No es la primera vez, ni será la última. Acostumbrados a no fijarnos nunca en esos datos importantes de producción y merma, a no exigir nuestros derechos como consumidores, es común ser parte de situaciones como estas.

Entonces asumimos como normal cuando a un equipo electrodoméstico no se le pone sello de garantía; cuando artículos rotos, con defectos, bajan de un precio astronómico a otro ilógicamente todavía por los cielos; o cuando consumimos alimentos tan prontos a vencer, que en cuanto llegan a la cocina ya están vencidos.

A la espera desde hace años de una Ley de Protección a los Consumidores, varias resoluciones y circulares han sido emitidas e ignoradas, y estos sufren entonces delante del mostrador.

Si diversos productos no tienen una venta estable, y son comprados cuando rebajan sus precios, ya sea por lento movimiento o pronta caducidad, ¿por qué no ocurren estas disminuciones desde meses antes?

¿No debe ser de mayor interés vender los productos que esperar su completo vencimiento o desgaste? ¿Qué pasa cuando ya vencieron y se retiran realmente de los establecimientos? ¿Los echan a la basura?

¿Acaso se hacen estudios de mercado para determinar realmente qué consumimos y que no se llenen nuestras tiendas de productos y artículos importados, los cuales por no vendidos suponen más un gasto que una ganancia?

El maltrato al cliente no tiene solo su expresión en la mala cara de los dependientes o la desinformación.

Cuando hablo de vencimiento no solo me refiero a los alimentos. También el calzado, y artículos de piel como carteras, bolsos… se deterioran con el tiempo.

Aparece entonces otra lucha que deben librar los clientes si los adquirieron sin saber el tiempo que llevaban en los almacenes: el cambio del producto o la devolución del dinero, pero no siempre se conoce de esta posibilidad.

En el saco del irrespeto cabe la cuestionable calidad de algunas mercancías.

Tenemos nuestros derechos y el deber de protegernos a nosotros mismos. Exijámoslos entonces. No permitamos que merme el respeto; este no tiene fecha de caducidad.

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