La injusticia no quedará en el olvido

Autor:

Susely Morfa Gonzáles

Un 6 de octubre, hace 40 años, Cuba se estremecía por el dolor infinito que toda madre siente al perder a sus hijos. La patria, conmovida y triste, conocía de uno de los hechos más brutales que se ha perpetrado contra civiles inocentes.

Ese día el crimen cubrió de luto a cinco familias norcoreanas, 11 guyanesas y 57 cubanas… Se perdían en pocos minutos 73 preciosas vidas. Los nuestros eran en su mayoría jóvenes cargados de sueños y esperanzas, quienes apenas rebasaban los 30 años de edad como promedio; hijos amorosos, padres dedicados, hermanos queridos.

Desde los primeros minutos posteriores al sabotaje, se comenzaron a conocer detalles que apuntaban con toda certeza a la mano siniestra del imperialismo yanqui, enfrascado en derrocar a una Revolución Socialista que le había mostrado al mundo el valor de ser libres y dignos.

Una tras otra, las pruebas irrefutables dejaron al descubierto a los asesinos, entrenados y pagados por la CIA que sumaba así un nuevo crimen en su historial agresivo y terrorista contra cualquier Estado o persona que se oponga a los intereses imperiales.

Nuestro Comandante en Jefe, en su memorable discurso del 15 de octubre de 1976 en la despedida del duelo a nuestros hermanos masacrados, expresó con entera claridad el papel de la agencia imperial, cuando aseguró: «Deseo recordar que la CIA ha sido autora de procedimientos delictivos que han estado afectando de modo creciente a la comunidad internacional en los últimos años.

«La CIA inventó y alentó los secuestros de aviones para aplicarlos contra Cuba en los primeros años de la Revolución; la CIA inventó los ataques piratas desde bases extranjeras en su política de agresiones contra Cuba; la CIA inventó la desestabilización de gobiernos extranjeros; la CIA reeditó en el mundo moderno la funesta política de planear e intentar el asesinato de dirigentes de otros estados; la CIA inventó ahora el tenebroso recurso de hacer estallar aviones civiles en pleno vuelo. Es necesario que la comunidad mundial tome conciencia de la gravedad que tales hechos implican».

Y en otro momento de su discurso señaló: «Frente a la cobardía de crímenes semejantes el pueblo se enardece, y cada hombre y mujer se convierte en un soldado fervoroso y heroico dispuesto a morir».

La hipocresía y la doble moral, tan común en los gobiernos norteamericanos, no lograron engañar a nadie. Hoy se sabe con minuciosos detalles provenientes de múltiples investigaciones, e incluso de cínicas declaraciones de los asesinos, que los que concibieron, planearon y dirigieron la acción genocida tenían un largo expediente de terrorismo. Hoy conocemos cómo se organizó el plan para derribar el avión en pleno vuelo y el nivel de implicación e impunidad de los responsables, entre quienes su principal ejecutor, el connotado terrorista Luis Posada Carriles, vive tranquilamente en Estados Unidos.

Este criminal después de escapar de la cárcel venezolana donde esperaba juicio por el caso del avión cubano, restableció sus vínculos directos con la Casa Blanca. Dirigió los ataques con bombas a varias instalaciones turísticas en Cuba y planificó un atentado contra el presidente Fidel Castro y contra miles de estudiantes panameños con motivo de la Cumbre Iberoamericana que se desarrolló en ese país.

Nunca podremos ignorar las desafiantes palabras de ese terrorista que afirmó no arrepentirse de nada y que si volviera a nacer, haría lo mismo.

Cuando fue entrevistado sobre la bomba que puso fin a la vida de Fabio Di Celmo, sentenció con total desprecio hacia la vida: el joven italiano «se encontraba en el lugar y en el momento equivocado».

Cómo pretender que Cuba olvide, cómo aceptar que el Presidente del país donde se urdió semejante barbarie y protege hoy a sus autores, nos aconseje ignorar el pasado y pasar las páginas de la historia, como si en ellas no estuvieran latentes las lágrimas y el dolor de tantas familias de esta patria que aún lloran a las víctimas de aquel día y a los más de 3 000 compatriotas que han perdido la vida en este medio siglo de hostilidad contra la Isla.

Somos jóvenes, pero acumulamos las experiencias de lucha de numerosas generaciones que nos han antecedido y de ellas aprendimos la firmeza y la inteligencia para enfrentar las más diversas agresiones siempre destinadas a cambiar nuestro sistema político y a regresar a nuestra patria a los años en que éramos una posesión yanqui.

Nunca dejaremos de ser revolucionarios, de tener sentido del momento histórico y de comprender que lo que no pudieron hacer las agresiones directas, o las bombas criminales del imperialismo tampoco lo conseguirán los programas subversivos, las zanahorias solapadas en becas para nuestros estudiantes o el financiamiento que tiene como destino a los mercenarios que en Cuba están condenados al fracaso, porque ignoran que heredamos las ideas martianas y fidelistas; las enseñanzas de la generación histórica que hizo la Revolución y que nos hemos forjado con la convicción de que somos y seremos antimperialistas.

Las nuevas generaciones de cubanos tenemos el compromiso de mantener vivo el recuerdo de los caídos, de exigir que la justicia tantas veces postergada por los que se proclaman defensores en la lucha contra el terrorismo, se imponga y se dejen a un lado los mezquinos intereses políticos dando paso a verdaderas intenciones de construir con Cuba una relación de respeto mutuo.

En nombre de todos los cubanos y cubanas, les patentizamos a los que han tenido que sufrir este dolor infinito que continuaremos exigiendo justicia. Tengan la completa seguridad de que estaremos junto a ustedes como los seres queridos que un día la barbarie y el odio les arrebató.

Este pueblo, del cual formamos parte con orgullo, sigue siendo heroico, sigue siendo viril y el llanto que aún hace temblar la injusticia, no quedará nunca en el olvido.

*Palabras pronunciadas por la Primera Secretaria de la Unión de Jóvenes Comunistas en el acto político-cultural por el Día de las Víctimas del terrorismo de Estado y en ocasión del Aniversario 40 del Crimen de Barbados.

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