Dinero plástico en los bolsillos

Autor:

Glenda Boza Ibarra

El dinero puede guardarse en los lugares más recónditos. Por ser un bien preciado —a veces demasiado—, es posible saber de quienes lo tienen debajo del colchón de la cama, al final de alguna gaveta en el armario e incluso enterrado en el patio de la casa.

Para viajar, sé de muy creativos escondites: en las medias, una cartera por dentro del pantalón o la camisa, un doble forro en un abrigo, en los ajustadores y hasta como relleno en una almohadilla sanitaria de mujer. Sí, aquello fruto del trabajo y sacrificio, o de muchos años de reserva, merece las más extremas medidas de seguridad.

En Cuba, hace varios años se implementa una forma de pago segura, cómoda, capaz de facilitar las operaciones e incluso de contribuir al ahorro, pero todavía un poco limitada por la inexistencia de una infraestructura adecuada que sostenga su desarrollo.

Aun así el servicio de monedero electrónico, como también se le conoce a la tarjeta magnética, precisa ya de una generalización en nuestra sociedad.

Según aquellos que lo utilizan, el dinero plástico es muy efectivo: te ayuda a ahorrar, permite una mejor planificación de los gastos y realizar transferencias de una tarjeta a otra.

Es posible, además, hacer compras en las shoppings en cualquier moneda, porque todas estas tiendas poseen un equipo (Pos) para la lectura de tales dispositivos; pagar recibos de teléfono, agua o corriente eléctrica; o extraer directamente en los cajeros el efectivo necesitado —en cualquier moneda— y mantener el resto en la cuenta.

No obstante, es una frustración para muchos que solo sea posible realizar compras en las otroras tiendas en divisas (ahora en dos monedas) y aparezca entonces el dolor de cabeza de la dualidad monetaria en las que solo operan en pesos cubanos.

Si bien algunos ya solicitan el servicio en las sucursales bancarias del país, muchos llegaron a este a través de la domicialización de la nómina salarial de las empresas, la cual permite el pago a través de tarjetas y ofrece mayor seguridad a las contabilidades estatales.

También los jubilados hace varios años pueden acceder a su pensión por esta vía, aunque todavía hay quien prefiere guardarlo debajo de la cama, porque le gusta tener el control del efectivo o no se entiende con los cajeros automáticos.

Si bien tales equipos —con un funcionamiento básico y lógico que basta con leer— son un reto a la capacidad cognitiva de varios ancianos, los cuidados imprescindibles con las tarjetas magnéticas precisan tener alertas todos los sentidos.

No debe colocarla nunca cerca de celulares, computadoras y otros dispositivos electrónicos para evitar su desmagnetización. Este es uno de los principales consejos.

Otra medida de seguridad consiste en cambiar inmediatamente la contraseña dada por el banco y usar una cómoda de recordar, de conocimiento exclusivamente personal y que no sea fácil de adivinar como las fechas de nacimiento, o los dígitos del carné de identidad…

A pesar de los beneficios del dinero plástico, en ocasiones se advierte a las personas indispuestas cuando la cola se encuentra detenida y existe dilación por alguna operación con tarjeta. Entonces aparece otra vez el recelo.

Sin embargo, en este servicio no solo influye el banco, sino además Etecsa —quien garantiza el buen estado de las líneas— y otras entidades encargadas de proveer la suficiente cantidad de Pos en centros de producción y servicios que así lo requieran o soliciten.

Aunque a este asunto se le suma la insuficiente cantidad de cajeros automáticos, sobre todo en la mayoría de los municipios del país, el futuro de Cuba lleva dinero plástico en los bolsillos.

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