Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Lo que dejamos escurrir

Autor:

Nelson García Santos

A muchos los mueve el afán genuino de incorporar nuevos rubros exportables a nuestra economía, mientras la realidad muestra, a veces, la explotación inadecuada de los ya existentes. Esa incongruencia salta, aquí y allá, sin que se le acabe de poner definitivamente bridas.

Bueno resulta generar más variedad de productos para la comercialización internacional, y que en cada fábrica o unidad agropecuaria piensen en abrirse a esa «mina de oro» que asegura dinero contante y sonante. Si actuar de esa manera es atinado, todo lo contrario resulta descuidar o no potenciar al máximo aquellos que cuentan con mercado seguro y, en ocasiones, afrontan dificultades con los recursos.

Llama la atención, por ejemplo, que siendo el tabaco el primer rubro exportable de la agricultura, enfrente a veces problemas con los aseguramientos para ese cultivo. Pero el ejemplo clásico de la fuente que no se explota cabalmente resulta la producción de carbón vegetal, pese a contar en nuestra campiña con marabú por rastras. Si algo nos sobra, es ese árbol que el ganado ha ayudado a expandir  al comer y defecar la semilla, de paso, fertilizada.

El carbón de esa madera, cuyo precio habitual en el mercado internacional fluctúa entre los 340 y 380 dólares la tonelada, posee un alto poder calórico y energético, características que lo colocan como uno de los mejores del mundo. Este filón merece exprimirse, y al mismo tiempo, se pueden ir limpiando los campos de marabú de una manera rentable.

Tampoco se logra sacar el mejor provecho en todas las provincias a la producción de miel de abeja, que el pasado año la producción nacional sobrepasó en el país las 9 000 toneladas, superior al 2015; pero pudo ser mayor, pues se alcanzó un rendimiento promedio de 51,3 kilogramos por colmena, aunque muchísimos apicultores no sobrepasaron los 30. Este dato indica que solo por la vía del incremento de la obtención de ese producto por panal tendremos más.

Debemos admitir que en los últimos años se registra un progreso en la recuperación de esa producción, la que para crecer todavía más, sigue necesitada también de una mejor atención a los apiarios, del buen cuidado sanitario y alimentario a las colmenas, sin descuidar su mejoramiento genético.

Si en algo se ha de ser exquisitos es en la explotación de lo que cuenta con un mercado seguro en divisas, por las razones conocidas. Descuidos en este aspecto resultan difíciles de digerir. ¡Cómo es posible!, exclamaría en do mayor cualquiera. Así de lógico, así de simple.

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