Poda contra el arbolicidio

Autor:

Nelson García Santos

Una de las imágenes más recurrentes del azote de Irma asoma, por doquier, en el arbolicidio causado por sus feroces vientos, que echaron a volar todo lo encontrado a su paso arrollador.

Ese cuadro ayudó sobremanera a estampar otro retrato desgarrador: el de miles de líneas eléctricas y telefónicas caídas.

Sí, porque más allá del daño que en sí mismo pueda ocasionar el viento a los postes o sus tendidos de cables y transformadores, más perjudiciales resultan los árboles o fragmentos de estos que como misiles los impactan.

La grima aflora al apreciar el desguace en la red eléctrica de las provincias afectadas, donde fueron miles los postes caídos, inclinados hasta casi besar la tierra o partidos por un impacto contundente.

Hacer comparaciones, sin una estadística en la mano, siempre resulta riesgoso; pero puedo dar fe de que en los últimos 40 años reporté sobre todos los ciclones que azotaron a Villa Clara, y nunca había visto tantísimo daño en las redes.

Incluso huracanes que pasaron por esta geografía o más adentro, no lograron hacerlo. Claro, vale aclarar que Irma tenía fuerza como ningún otro, y un radio de acción de unos 300 kilómetros desde su centro.

Existe la percepción de que los postes deberían hacerlos de hormigón, basada en la creencia popular de que soportarían más los vientos. Pero estos, por su composición, no son flexibles, y ante un fuerte embate no tienden a arquearse y se parten o inclinan con facilidad.

Lógicamente el soporte de hormigón resulta más pesado, mientras que el de madera es más fácil de transportar y de maniobrar, tiene mayor resistencia a vibraciones y los golpes tampoco lo parten con facilidad. Además, se escala de forma cómoda y deviene buen aislador de la electricidad. Por esas características resulta el medio ideal para sostener el sistema eléctrico.

Mientras, el único recurso a mano para tratar de contrarrestar las afectaciones de los huracanados vientos estriba en la poda de los árboles. Luego de consumada la debacle por la acción destructora sobre las redes, hay que invertir de todas maneras en la recogida de sus restos, y demora, incuestionablemente, volver a restablecer la energía eléctrica.

De ahí la importancia de mejor pasarse en la podadura que quedarse corto. Es decir, en palabras sobre este tema del Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, «ser más previsores».

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