Las herramientas del pensar

Autor:

Graziella Pogolotti

Desde febrero hasta mayo, la Feria del Libro lleva a cabo un prolongado recorrido a través del país. Al mismo tiempo, los alumnos que transitan el último curso del preuniversitario preparan sus exámenes de ingreso a la Educación Superior. Desconectados en apariencia, ambos acontecimientos tienen un punto de encuentro en el tema de la lectura como vía de acceso al conocimiento en relación con las capacidades que habrá de desarrollar un profesional para responder a las demandas de la sociedad en un mundo sometido a cambios acelerados de toda índole.

Existe más allá de nuestras fronteras un importante debate acerca de la función de las universidades. Las posiciones divergentes se manifiestan en términos teóricos desde las perspectivas conjugadas de la pedagogía, la sicología  y la sociología. En países donde las medidas con inspiración neoliberal han condicionado el creciente deterioro de la universidad pública en favor del imparable florecer de las privadas, se redefine el papel asumido históricamente por las universidades como productoras de nuevos conocimientos en las ciencias básicas y las humanidades para perfilarse ahora con marcado carácter empresarial, como simples proveedoras de fuerza de trabajo según las demandas inmediatas del mercado laboral.

La reforma universitaria cubana de los 60 respondía a un proyecto pedagógico que se había ido configurando, desde la colonia, en estrecha articulación con el propósito de forjar una nación. Félix Varela fue el primero que nos enseñó a pensar en cubano. Los discípulos más preclaros de Luz se incorporaron a la lucha independentista. En Nuestra América, José Martí plantea el programa conceptual de mayor alcance. A pesar de su modestia, la propuesta de Varona desembocaría en la frustración.

La posibilidad de generar conocimiento desde la perspectiva de desarrollo de la sociedad es uno de los factores constitutivos de toda auténtica soberanía. Por eso, docencia e investigación resultan inseparables. La adquisición de habilidades para el ejercicio de una práctica profesional concreta no puede prescindir del  aprender a pensar.

Las matemáticas entrenan para la estructuración de un tipo de pensamiento lógico. De la historia se deduce un modo de entender, en el complejo entrecruzamiento de aristas que trascienden el mero recorrido hechológico, las claves del funcionamiento de una sociedad. Lo fundamental, sin embargo, dimana del dominio de la lengua materna, lamentablemente empobrecido por la interacción de numerosos factores.

Sabida es la correlación entre pensamiento y lengua. Quien disponga apenas de un léxico rudimentario y de una sintaxis elemental, podrá satisfacer, acaso, los reclamos básicos de la supervivencia. Gravemente mutilado, el diálogo tropezará con obstáculos infranqueables. Al fallar el recurso de la palabra, en situaciones difíciles, rotos los puentes de la comunicación, acudirá a la violencia.

Ante las deficiencias comprobadas en el dominio de la lengua, hemos atendido a la proliferación de los errores ortográficos.

Obvios por su expresión gráfica en el entorno, con asomos ocasionales en la pantalla del televisor y acceso incontrolado a la cartelística que nos invade con la contaminación de términos tomados del inglés, junto a las abreviaturas usuales en los mensajes electrónicos, los errores ortográficos revelan problemas de mayor alcance respecto al dominio del español.

Ningún fenómeno parcial puede desgajarse de un análisis integral conducente a detectar las causas de las cosas. Resulta en extremo preocupante la pobreza manifiesta en los ejercicios de redacción, la incapacidad de transmitir los detalles significativos en la descripción de un ambiente, de relatar sucesos de la vida cotidiana y de organizar adecuadamente un conjunto de ideas.

Reducida  a lo elemental, la visión del mundo se proyecta en blanco y negro, carente de los matices que cualifican la realidad, desde las relaciones interpersonales hasta los vínculos que entrelazan un mundo cada vez más interdependiente.

Incapaces de ordenar las piezas que componen el universo tangible y de interrelacionar factores de distinta naturaleza, nos estará vedado el acceso al pensamiento abstracto, a la formulación de las interrogantes indispensables para desarrollar una perspectiva crítica y conquistar nuevos espacios de conocimiento.

Llave maestra del pensar, la palabra abre múltiples vías de acceso al saber, siempre sometido a los cambios que acompañarán nuestras vidas. Las herramientas adquiridas a través del eslabonamiento de la escuela, la universidad y el posgrado, concebidas con frecuencia al calor de las demandas del utilitarismo y la inmediatez, resultan insuficientes cuando no alientan la iniciativa y la creatividad, cuando carecen de la savia nutricia crecida en la permanente problematización de la realidad, en la capacidad de establecer el diálogo entre razón e imaginación y el nexo entre experiencia concreta y síntesis conceptual.

El influjo envolvente del audiovisual exige diseñar estrategias para preservar la presencia viva de la palabra y dominar la infinita riqueza de la lengua materna, herramienta indispensable del pensar. Existen experiencias en otros países que vale la pena tener en cuenta. En todos los casos, la plataforma básica se centra en el rescate del disfrute de la lectura, cultivado desde edades tempranas como objetivo central de la enseñanza a distintos niveles, pero que no habrá de circunscribirse al aula.

Concebido de manera integral, habrá de comprometer en la promoción del libro y la lectura al conjunto de instituciones que intervienen en la sociedad y a todos los grupos etarios que componen el espacio íntimo de la familia.

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