¿Y tú no me conoces?

Autor:

Osviel Castro Medel

La oración anda por ahí, chocando de frente con la modestia y recordándonos que en este mundo hay quienes creen tener un cetro bajador de frentes o una nube que lo opaca todo.

Ha aparecido lo mismo al aire libre que bajo techo, a veces intentando ser una pértiga saltadora de muchedumbres o una tarjeta intimidatoria de presentación.

«¿Y tú no me conoces?», dicen algunos presumidos, para después soltar su abolengo o su puesto de trabajo, como si así tuvieran mayorazgo sobre las demás personas.

Al respecto siempre me repica en la memoria el episodio que viví a la entrada de un centro laboral, donde la recepcionista, viendo que un sujeto pasaba como Pedro por su casa, le preguntó: «¿Compañero, compañero, adónde va?».

«¿Y usted no me conoce?» respondió el hombre, con pose de rey, y casi sin voltear la cara soltó: «Yo soy guionista, maquillista, ensayista, director, productor, declamador de la película Nadie me toca».

«No, no lo conozco, pero aunque sea el jefe nacional de los fantasmas no puede pasar sin decirme adónde va», expresó la muchacha, para dejar desconcertado al supuesto monarca.

Claro que no son palabras reales o textuales, pero el ejemplo sirve para retratar a otros que, como se dice vox populi, «se creen cosas» o se figuran peñascos antes que ciudadanos con deberes.

Son esos que quizá ganaron un trofeo en el extranjero, protagonizaron un acto valiente en el pasado, dieron un concierto a plaza llena, salvaron varias vidas en una noche, se hicieron de un solapín más grande que una persona... y se inflaron.

Sin embargo, quien piense que siendo globo tiene el privilegio de estar o ser servido por encima de los demás está disparándole al complejo pero hermoso sueño de la sociedad de iguales, en la cual, hipotéticamente, nadie debería aventajar a sus semejantes.

Hemos visto, incluso, a quienes esgrimen el «¿Y tú no me conoces?» para remarcar a los cuatro vientos que tienen lazos sanguíneos con Rey Mundo Sol Fuerte o con Magno Tulio Torre Noble y tales parentescos les ofrece ventajas sobre sus circundantes.

«No hay nada como la sencillez curadora de blasfemias, protectora contra creencias de nubes y soles; nada como la humildad que desinfla los globos del carácter y la vida», exponía un comentario escrito al respecto hace seis años.

A esas letras pudieran sumárseles las de Miguel Díaz-Canel, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, quien en uno de sus recorridos por las provincias fue interpelado por un joven que lo llamó «mi señor presidente». A tales palabras el mandatario respondió con la mano en el hombro y una sencillez que deberíamos imitar todos en cualquier escenario, porque nos deja un mensaje hermoso para el futuro: «Yo no soy tu Presidente, soy tu compañero».

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