Naia, la ninfa del agua - Detrás de la ciencia

Naia, la ninfa del agua

El estudio de un esqueleto de mujer joven hallado en una caverna subacuática en México pudiera esclarecer la procedencia y conexión entre los primeros pobladores del continente americano y los actuales

Autor:

Patricia Cáceres

Naia murió joven. Tan solo tenía 15 años en el momento de su deceso, en una caverna de la península de Yucatán, México. La cueva, llamada Hoyo Negro, que hoy se encuentra sumergida en agua, pertenece al sistema de Sac Actun, ubicado en el estado de Quintana Roo, y por más de 12 000 años guardó los restos de la joven indígena junto al de otros animales, a 40 metros bajo el nivel del mar.

Según indica BBC Mundo, fue en 2007 cuando un equipo de buceadores halló el esqueleto casi completo de Naia, en lo que sería el inicio del proyecto Hoyo Negro, a cargo del Instituto Nacional de Antropología e Historia mexicano (INAH), con el apoyo de la Sociedad Geográfica Nacional de Estados Unidos.

El nombre Naia, que significa «ninfa del agua», proviene de la cultura griega. Los arqueólogos aseguran que su osamenta es la mejor conservada que se ha encontrado hasta el momento. Incluso, los restos incluyen varios dientes en buen estado de conservación.

Pilar Luna, directora de Arqueología Subacuática del INAH, subrayó que el esqueleto no solo arroja luz sobre los orígenes de los modernos americanos: «Claramente demuestra el potencial paleontológico de la península de Yucatán y la importancia de conservar el patrimonio único de México», expresó.

La descripción, análisis y desafíos del hallazgo fueron publicados en la revista Science por 16 de los científicos que participaron en el proyecto.

Una tumba de agua

Alberto Nava, del equipo de buceadores que descubrió Hoyo Negro, relató la experiencia: «Descendimos en una piscina de agua clara y cristalina, un cenote, ubicado a ocho kilómetros del Caribe. No teníamos ni idea de lo que íbamos a encontrar cuando entramos inicialmente en la cueva».

Precisó Nava que después de recorrer un túnel de alrededor de 1,5 kilómetros, llegaron a una cueva del tamaño de una cancha profesional de baloncesto.

«En el momento en que entramos en este sitio, supimos que era un lugar increíble. Apuntamos con nuestras luces hacia abajo y hacia los lados, y todo lo que podíamos ver era oscuridad. En ese momento sentimos como si nuestras poderosas linternas submarinas fueran absorbidas por este vacío. Por eso lo llamamos Hoyo Negro», narró el buzo experto.

«Pero luego pudimos divisar el fondo, y allí estaba el cráneo», añadió.

De esta manera comenzó el hallazgo, que luego implicó a un grupo interdisciplinario de científicos, conformado por buceadores profesionales, arqueólogos y paleontólogos.

Pilar Luna explicó que los buzos espeleólogos pasaron cursos especializados. «Capacitamos a los buceadores para recoger información con fines arqueológicos, para registrar apropiadamente el contexto general, tomar muestras, medidas, fotos, videos, y seguir con extremo cuidado todos los requerimientos de los expertos, a pesar de la complejidad y los peligros de la cueva en sí misma», expuso.

James Chatters, autor principal del estudio publicado en Science, comentó que la cámara subacuática ha estado oculta y sellada por el agua por al menos los últimos 8 000 años. «Es una cápsula del tiempo para el clima y para la vida humana, de animales y de plantas del final de la última glaciación», indicó.

«Hubo un tiempo en que estas cuevas estuvieron secas. Varios animales, y al menos una persona, quizá buscando agua dulce en sus túneles, cayeron en esta trampa. Este probablemente fue el destino de Naia», sugirió el científico.

«Hemos identificado hasta ahora al menos 26 grandes animales, incluidos felinos dientes de sable, perezosos gigantes y gonfotéridos, parientes de los elefantes», añadió Chatters.

El eslabón encontrado

Según reveló el INAH en una nota publicada en su página web, el esqueleto ha sido fechado en laboratorios de Estados Unidos y Canadá. «Para lograr un fechamiento preciso de Naia se realizaron análisis de ADN mitocondrial, Carbono 14 y Uranio/Torio», divulgó la institución.

«La edad del esqueleto fue confirmada además por otros análisis realizados en semillas, carbón, guano de murciélago frutero, racimos de calcita y espeleotemas, y tomando en cuenta aspectos de la formación del sitio y medición de los cambios en el nivel del mar, que durante la edad de hielo era por lo menos 120 metros más abajo que el actual», refirió el comunicado.

Además de exponer una antigüedad de entre 12 000 y 13 000 años, los resultados arrojaron una evidencia mucho más seductora. «Se trata de una joven cuyo linaje es de origen asiático, identificado con las migraciones que llegaron a América desde Siberia», confirmó la publicación.

BBC apuntó que esta es la primera vez que los científicos pueden vincular un esqueleto con las características faciales y craneales de un americano primitivo, con el ADN de los cazadores-recolectores que cruzaron el puente terrestre de Bering desde el noreste de Asia, de 18 000 a 26 000 años atrás.

El análisis genético también encontró un vínculo entre Naia y los indígenas modernos, lo que refuerza la teoría de que ambos provienen de una población común que evolucionó en el continente.

Al decir de James Chatters, «esta expedición produjo una de las más convincentes evidencias hasta la fecha de un vínculo entre los paleoamericanos, los primeros pobladores de América tras la última glaciación, e indígenas americanos modernos».

«Lo que esto sugiere es que las diferencias entre los dos son resultado de la evolución in situ, en lugar de migraciones separadas de distintos orígenes del Viejo Mundo», añadió el experto.

Finalmente, los análisis genéticos independientes, realizados en laboratorios distintos, arribaron al mismo resultado: el linaje genético de Naia solo es compartido por indígenas americanos.

Ripan Malhi, del Instituto de Biología Genómica de la Universidad de Illinois, expresó que pudo identificar su linaje genético con una alta certeza.

«Esto muestra que los actuales indígenas americanos y los restos de esta antigua joven que analizamos provienen de la misma población de cuando América comenzaba a poblarse», subrayó el investigador.

Por su parte, laboratorios de la Universidad Estatal de Washington y de la Universidad de Texas también extrajeron y analizaron ADN mitocondrial de los dientes de Naia.

«Es uno de los pocos esqueletos encontrados en América que datan de hace 12 000 o 13 000 años, así que nos gustaría secuenciar su genoma entero», dijo Brian Kemp, de la Universidad Estatal de Washington.

En ese sentido, James Chatters, se mostró optimista. «Nuestro siguiente paso se enfocará en intentar secuenciar el ADN nuclear de Naia, determinar la edad y la genética de los otros esqueletos de animales de la cueva, y reconstruir el entorno en el que ellos y Naia vivieron», aseguró.

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