Raydel Araoz: Mi naturaleza es la de fabulador - Mirada

Raydel Araoz: Mi naturaleza es la de fabulador

Narrador, poeta, cineasta, etnólogo y otras muchas vocaciones que no caben en encasillamientos, lo convierten en un autor polifacético

Autor:

Amarilys León

Un libro sin antecedentes en la más reciente ensayística cubana hizo merecer a Raydel Araoz, el Premio Alejo Carpentier en este género en 2014. Narrador, poeta, cineasta, etnólogo y otras muchas vocaciones que no caben en encasillamientos, lo convierten en un autor polifacético que hace de la cultura el centro de una vida dedicada al noble ejercicio de la creación.

En esta entrevista se nos muestra sencillo, sin ambiciones, un poco indiferente a las glorias y al reconocimiento mediático. Su modestia y su talento no han sido suficientemente reconocidos en nuestros medios. Es por eso que El Tintero se acerca hoy a él como una manera de darlo a conocer a nuestros lectores, quienes encontrarán en sus respuestas solo una parte de ese extraordinario mundo interior que posee.

—¿Qué puedes decirnos del libro con el que obtuviste el Premio Alejo Carpentier?

—Las praderas sumergidas. Un recorrido a través de las rupturas es un ensayo que pretende identificar y catalogar los rasgos predominantes de la poesía experimental en la Isla a lo largo del siglo XX. El libro, además, se aventura a proponer una definición de poesía experimental, y con ella a cuestas traza caminos para recorrer la lírica cubana por rutas no demasiado transitadas.

«Las praderas sumergidas es también un acto de patafísica, no solo porque introduce un nuevo objeto en la realidad (el libro), sino también porque asienta en ese objeto un tema de estudio (la poesía experimental), que hasta ahora estaba disperso entre artículos y dossiers en revistas especializadas, o perdido entre los epígrafes de algún libro cuyo centro no era la poesía experimental.

«El ensayo está escrito como un híbrido intergenérico: incluye conversaciones, emails, juegos visuales porque, lejos de toda pretensión académica, el texto quiere acercarse al objeto de estudio no solo por su contenido sino también en su forma.

«Posiblemente solo me quede agregar que la ilustración de cubierta es de Pilar Fernández Melo —algo que ya va siendo habitual, porque no es la primera vez que trabajamos juntos, que diseña algo para mí: una película, un libro, la fachada de mi casa—, y que el editor es José Antonio Baujín, un lujo que el libro y yo agradecemos. Lo demás queda para ser descubierto, por «los seducidos, si los hay», como diría el poeta Fabricio Escalona».

—¿Piensas que se les concede a los jóvenes escritores todo el espacio que merecen?

—No, pero en verdad me parece que rara vez alguien cede un espacio, es decir, una instancia de poder. Visto de esta manera, se puede suponer que la inserción de los jóvenes escritores en el espacio literario (editorial, mediático, entre otros) implica una restructuración del poder. Y para este juego ya se ponen en práctica mecanismos y estrategias que son más afines a la eficiencia y los resultados que al ideal romántico del merecimiento, ajeno a toda política o gestión que vaya más allá de la obra en sí y su supuesto valor.

—¿Cuáles son tus filiaciones estéticas y las influencias que reconoces?

—Estéticamente siempre me he sentido cercano al Surrealismo y al Barroco. En realidad uno no escoge sus influencias, estas se apoderan de uno, incluso sin que seamos conscientes de ellas; por eso me gustaría contar entre mis influencias a Pierre-Simon Laplace, Octavio Paz, Georg Cantor, Orson Wells, Augustin Louis Cauchy, Jorge Luis Borges, Gustav Robert Kirchhoff, Joel James, Jean-Luc Godard, José Lezama Lima, Lev Manovich, Samuel Feijóo, Erich Fromm, Maurice Blanchot, Julio Cortázar, Peter Greenaway, Philip K. Dick, Clemente Padín, Claude Lévi-Strauss, Mercedes Melo, aunque no sé si las merezca. Me imagino que todas se dan al unísono, sin jerarquía, junto a otras que, quizá por no habitar en mi conciencia, afecten de manera más solapada mi forma de pensar.

—De todos los géneros que cultivas, ¿en cuál te sientes más cómodo y por qué?

—La narrativa. Mi naturaleza es la de un fabulador: esta obsesión de construir otras realidades contamina todas las demás maneras en que me rescribo: el cine de ficción, el documental, el ensayo, la poesía, la etnografía.

—¿Qué piensas de las promociones de escritores que te anteceden y cuáles son tus puntos de contacto y divergencias con ellas?

—Como las promociones de escritores que me anteceden son muchas voy a torcer un poco el sentido de tu pregunta, que es muy interesante. En todas esas generaciones anteriores, en la historia de la literatura cubana, especialmente en la narrativa, he creído encontrar un predominio de una concepción de la literatura que privilegia determinada relación con la realidad, o lo que suele considerarse que es la realidad.

«Para una buena parte de nuestros escritores —y ya que hablábamos de poder, especialmente para aquellos que han estado más cerca de los centros generadores de poder cultural en muchas etapas de nuestra vida literaria— la realidad social, la historia nacional, es muy importante, la literatura se ha sentido en la necesidad de discutir los hechos del mundo, ser testigo y declarar. Para mí, en cambio no es tan importante la realidad fáctica como el imaginario, el interior del sujeto, la historia simbólica del hombre; de hecho, no creo en una realidad ordenada en un discurso sucesivo, como la Historia, sino en una confluencia de imaginarios. Siguiendo la línea de Lev Manovich, me gusta pensar que la realidad es una base de datos, y el escritor, un hacedor de estructuras donde se organizan los datos seleccionados».

—¿En qué trabaja actualmente Raydel Araoz?

—En una novela, en buscar financiamiento para hacer un animado y un largo de ficción, en dos antologías de poesía experimental, en la restauración de la casa de mi mujer.

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