Bajo la pluma del poeta

Son los versos del Maestro un escudo contra el desánimo y un bálsamo para los buenos sentimientos. Precursora del Modernismo es la poesía de José Martí, un aliciente para quienes desean adentrarse en su obra literaria. Versos sencillos, Ismaelillo y Versos libres se erigen como monumentos a la concepción de la vida cotidiana, la de un país, la del mundo todo. Porque la visión martiana lleva la sabiduría entre rimas. Ya lo escribió: «Vengo del sol, y al sol voy/Soy el amor: soy el verso!»

Autor:

José Martí

Bosque de rosas

 

¡Allí despacio te diré mis cuitas;

Allí en tu boca escribiré mis versos!

 

¡Ven, que la soledad será tu escudo!

Pero, si acaso lloras, en tus manos

Esconderé mi rostro, y con mis lágrimas

Borraré los extraños versos míos.

 

¿Sufrir tú a quien yo amo, y ser yo el casco

Brutal, y tú, mi amada, el lirio roto?

Oh, la sangre del alma, ¿tú la has visto?

Tiene manos y voz, y al que la vierte

Eternamente entre la sombra acusa.

¡Hay crímenes ocultos, y hay cadáveres

De almas, y hay villanos matadores!

Al bosque ven: del roble más erguido

Un pilón labremos, y en el pilón

Cuantos engañen a mujer pongamos!

Esta es la lidia humana: la tremenda

Batalla de los cascos y los lirios!

Pues los hombres soberbios ¿no son fieras?

¡Bestias y fieras! Mira, aquí te traigo

Mi bestia muerta, y mi furor domado.

Ven, a callar; a murmurar; al ruido

De las hojas de Abril y los nidales.

Deja, oh mi amada, las paredes mudas

De esta casa ahoyada y ven conmigo

No al mar que bate y ruge sino al bosque

De rosas que hay al fondo de la selva.

Allí es buena la vida, porque es libre—

Y la virtud, por libre, será cierta,

Por libre, mi respeto meritorio.

Ni el amor, si no es libre, da ventura.

¡Oh, gentes ruines, las que en calma gozan

De robados amores! Si es ajeno

El cariño, el placer de respetarlo

Mayor mil veces es que el de su goce;

Del buen obrar ¡qué orgullo al pecho queda

Y cómo en dulces lágrimas rebosa,

Y en extrañas palabras, que parecen

Aleteos, no voces! Y ¡qué culpa

La de fingir amor! Pues hay tormento

Como aquél, sin amar, de hablar de amores!

¡Ven, que allí triste iré, pues yo me veo!

¡Ven, que la soledad será tu escudo!

 

A los espacios

 

A los espacios entregarme quiero

Donde se vive en paz, y con un manto

De luz, en gozo embriagador henchido,

Sobre las nubes blancas se pasea,

Y donde Dante y las estrellas viven.

Yo sé, yo sé, porque lo tengo visto

En ciertas horas puras, cómo rompe

Su cáliz una flor,— y no es diverso

Del modo, no, con que lo quiebra el alma,

Escuchad, y os diré: —viene de pronto

Como una aurora inesperada, y como

 

A la primera luz de primavera

De flor se cubren las amables lilas...

Triste de mí: contároslo quería

Y en espera del verso, las grandiosas

Imágenes en fila ante mis ojos

Como águilas alegres vi sentadas.

Pero las voces de los hombres echan

De junto a mí las nobles aves de oro:

Ya se van, ya se van: ved cómo rueda

La sangre de mi herida.

Si me pedís un símbolo del mundo

En estos tiempos, vedlo: un ala rota.

¡Se labra mucho el oro, el alma apenas!

Ved cómo sufro: vive el alma mía

Cual cierva en una cueva acorralada:—

Oh, no está bien:

me vengaré, llorando!

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