Mirta Aguirre: paradigma para la ensayística cubana

Frank Padrón excede los 15 libros publicados, sobre variados temas, que van desde su especialidad: el cine, hasta ¡la culinaria!

Autor:

Antón Vélez Bichkov

No todos saben que se llama Francisco, pero todos de un modo u otro lo conocen. Francisco Eduardo Padrón Nodarse (Frank Padrón, para nosotros) ya es casi de la familia por ser un popular rostro televisivo, pero antes de entrar en ese medio ya tenía una carrera sólida en el campo de la crítica al que se sumó su faceta literaria, que más que despertar en los 2000, solo entonces encontró el canal y la difusión que todo autor desea.

Excede los 15 libros publicados, sobre variados temas, que van desde su especialidad: el cine, hasta ¡la culinaria! (¿quién lo diría?), pasando por la poesía —que muchos visitan, pero pocos llegan a conocer— y la literatura (homo)erótica, un género que aquí aún vive sepultado por la herrumbre de la mojigatería.

A su larga lista de premios se añade el Enrique José Varona de ensayo 2016, que otorga la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), por De la letra a la esencia: Mirta Aguirre y el barroco literario, y sobre el cual dialogamos:

Ya tienes varios lauros, Frank, algunos incluso de carácter internacional, como la Beca de Pensamiento Bolívar-Martí (Alba Cultural) para tu libro El cóndor pasa; o uno como el que otorga el prestigioso Gourmand World Cookbooks Award (España) por Co-cine. ¿Es este uno «más» o tiene algo especial?

—Este es un galardón muy estimulante pues viene de la Uneac, organización a la que pertenezco desde 1987; el embrión de este libro fue mi tesis de licenciatura en Filología en la Universidad de La Habana, pero al publicar otros que iban surgiendo fui relegando este, que justamente durmió esas décadas en una gaveta.

«Hace como dos años decidí retomarlo: claro, le pasé una mano (o varias) en el estilo, los conceptos, agregué, quité, pulí. Lo envié a un concurso anterior en el que, aunque resultó finalista, no obtuvo el premio, pero me sirvieron de mucho las recomendaciones de los jurados, algunas de las cuales seguí y a partir de ahí volví sobre el texto. Incluso para mi sorpresa, una de los miembros del jurado del anterior certamen, la doctora Marta Lesmes, estaba de nuevo en funciones de «jueza» en este. Comentando con ella a raíz del premio, me decía que en la nueva lectura, a propósito del concurso, había notado la mejoría del libro.

—Que tiene que ver con la ensayística de Mirta Aguirre, cuyo nombre es también el de un concurso donde fuiste reconocido en el 91…

—Sí, el de la Crítica Literaria. Mirta discursó en torno a no pocas zonas de la literatura y el arte (también ejerció la crítica de cine y teatro) pero me interesaron especialmente sus estudios sobre el barroco literario hispanoamericano (Cervantes, Sor Juana, Góngora, Quevedo, Calderón de la Barca) que es lo que, dada mi preferencia por esos autores, informa este libro, algo que se prolonga al análisis sobre ella misma como una escritora barroca contemporánea, quien heredó no poco de sus estudiados, y también en torno a los nexos que descubrí respecto a una parcela no menos rica en su obra: la poesía.

«Ella es de esas ensayistas que constituyen un paradigma, de una estatura a la que siempre he aspirado».

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