Virgilio Piñera: entre él y nosotros


Autor:

Frank Padrón

No porque haya gozado de una notoria promoción durante 2012 (año de su centenario) mediante (r) ediciones, puestas de teatro, ballets en su honor, conferencias y hasta un coloquio internacional, Virgilio Piñera (VP) deja de ser noticia, de modo que este año la «fiesta» continúa.

Dos recientes acercamientos de Ediciones Unión han vuelto este 2013: Virgilio Piñera en persona, de Carlos Espinosa Domínguez; y Virgilio Piñera, entre él y yo, de Antón Arrufat.

En el primero, el investigador y crítico (quien ya se había acercado de modo semejante a ese otro «continente» llamado José Lezama Lima) arma lo que pudiéramos considerar un «testimonio múltiple» donde a la letra del escritor (fragmentos de cartas, de algún diario…) se unen criterios, opiniones, anécdotas y referencias de quienes le conocieron bien: familiares, amigos, colegas…, así como segmentos de la prensa de entonces sobre sus obras, respuestas de sus destinatarios en la correspondencia, y hasta el acta del premio Casa de las Américas que, como sabemos, reverenció en 1968 sus Dos viejos pánicos.

Espinosa ha «editado» la papelería con sumo cuidado, con estimable coherencia, de modo que el corpus del libro permite un acercamiento desde diversos enfoques y puntos de vista dentro de una ordenación cronológica (los capítulos se estructuran por períodos temporales sucesivos) que nos permiten ir «navegando» por el océano virgiliano: el intelectual, el hombre —privado y público— en definitiva indivisibles como todo ser humano y siempre inextricablemente sumergido en el contexto, condicionado por él.

Ese retrato a varias manos, desde tal variedad de voces, aporta una perspectiva polifónica que permite formar(nos) un Virgilio tan jugoso, amplio, contradictorio y a la vez tan auténtico y consecuente, como fue el dramaturgo y poeta.

Aunque resultan increíblemente útiles todos y cada uno de los testimonios para armar el puzzle del individuo y la época de la que fue testigo, y él mismo eficaz y peculiar testimoniante, siempre ocurre que hay textos mucho más enriquecedores por lo que aportan, esclarecen y enriquecen.

Entre estos resaltaría los de Luisa Piñera (hermana del escritor), Fina y Joni Ibáñez, Abilio Estévez y Antón Arrufat. Este último, amigo personal y albacea del ilustre camagüeyano, es el autor de otro volumen que nos ayuda extraordinariamente al conocimiento esencial y riguroso de aquel: Virgilio Piñera, entre él y yo.

El poeta, dramaturgo y ensayista, se acerca a su colega desde una postura también múltiple y va entrelazando causales históricas, sicosociales, literarias y estéticas en general, con un tino y una elegancia tales que resulta imposible deslindarlas.

A veces su texto es biografía pura, aunque siempre con la gracia de quien escribiera una novela; otras, la exégesis de quien despieza y aventura audaces criterios sobre variadas zonas de la obra abordada: poemas, novelas, piezas de teatro, sin olvidar el peso de influencias e interconexiones literarias, algunas apenas conocidas o estudiadas.

Una muestra de ello es el análisis tan singular y notablemente argumentado que le arranca el poema de José Jacinto Milanés, De codos en el puente, y su huella en Virgilio (De coditos en el tepuén) o la lectura que le provocan los «textículos» virgilianos, a los que considera, con razón, precursores de tal modalidad.

No falta el sociólogo que analiza el peso coyuntural de los días que les envolvieron y que generaron actitudes y libros concretos; el situar las «cosas en su justo sitio» con el emplazamiento de erradas políticas que, como se sabe tanto daño hicieron a Piñera y a más de un intelectual de entonces.

Y claro que, siendo Arrufat quien escribe, no podía quedar fuera ese humor corrosivo y agudo, que alimenta deliciosas anécdotas y pasajes completos, aun dentro de circunstancias que otro autor manejaría de modo bien diferente.

Fiel al título del libro, nada gratuito, el narrador no porta una fría postura heterodiegética; semejando el documental posmoderno que sitúa al realizador dentro de la diégesis, Antón es a veces co-personaje, y no solo cuando (literalmente) comparte (porque «compartir —como lo indica el prefijo— constituye una de las posibilidades de la relación amistosa»*) los muchos momentos cercanos, alegres o tristes que vivió con su amigo, sino cuando se suma a la estructura narrativa con la complicidad y la certeza de quien conoce bien, e incluso de quien descubre a cada momento nuevas zonas y significados, o al que los recuerdos le provocan vivencias otras, lejos de la nostalgia pura o adocenada.

Y claro que Virgilio Piñera… es el libro de un poeta; sea la parcela que aborde, aun las menos connotativas, Arrufat nos regala una prosa sensible y hermosa, que evita, sin embargo, cualquier sentimentalismo entorpecedor.

Ambos libros, que vuelven a buscar las manos ávidas de un público lector, el cual tiene a Virgilio Piñera como uno de sus escritores cubanos favoritos (más allá de modas o cumpleaños), nos ayudarán a acercarnos desde costados profundos y certeros a un hombre, un artista y la época que le tocó, pero que de cualquier manera redundó en la fortuna de todo un patrimonio: el que labró aquel quien, tantas veces poeta y profeta, anunció certeramente que iba a volverse isla.

* Antón Arrufat: Virgilio Piñera, entre él y yo, Ed. UNION 2012, p. 179

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