El rugido del cumulonimbo

Las tormentas eléctricas son eventos meteorológicos muy frecuentes en Cuba durante el verano, y en los últimos años han mostrado cambios respecto al comportamiento, frecuencia y zonas de localización. Según la última investigación realizada, la muerte por fulguración constituye la primera causa entre los fallecimientos por fenómenos naturales

Autor:

Mayte María Jiménez

¡¿Con esos truenos?! La llamada de alerta se vuelve recurrente por estos días, cuando Zeus parece descargar todas sus «municiones», dispuesto a poner los «pelos de punta» a quienes transitan por las calles durante las fuertes descargas eléctricas de las tormentas de verano.

Aunque las historias de rayos y centellas han cautivado el imaginario popular desde siglos pasados, los sucesos relacionados con este fenómeno natural siguen alarmando por sus temibles consecuencias en la vida humana y las afectaciones a los recursos materiales.

En Cuba, un país del trópico, con meses de verano extremadamente calurosos, las llamadas tormentas eléctricas son fenómenos recurrentes, que nos visitan casi todas las tardes durante los meses de junio, julio, agosto y septiembre.

La Doctora Lourdes Álvarez Escudero, investigadora titular del Centro de Física de la Atmósfera, del Instituto de Meteorología (Insmet), en diálogo con JR explicó algunas de las particularidades y tendencias en cuanto a la intensidad y frecuencia de este fenómeno en el país, sus peligros y las medidas que se deben tomar por las personas, y de manera institucional.

Teniendo como referencia la última actualización de un estudio realizado por ese centro, la Doctora Álvarez Escudero alertó que la fulguración constituye la primera causa de muerte en Cuba entre los fenómenos naturales, de acuerdo con las cifras de la oficina de Estadísticas del Ministerio de Salud Pública, que expresan que el promedio anual de muertes asciende a 65, para el período último evaluado, de 1987 hasta 2005.

La pesquisa, que revela la localización espacial de las tormentas eléctricas en Cuba, así como su tendencia en los últimos años, mostró cambios en el comportamiento de estas en el archipiélago, en cuanto a frecuencia y zonas de localización.

Mientras en 2002 el estudio arrojaba que las localidades de Bahía Honda, Tapaste y Jagüey Grande eran las de mayor actividad de descargas eléctricas, las estadísticas indicaron que para 2010 Santiago de las Vegas, Indio Hatuey y Veguitas son las más afectadas.

Como resultado de la investigación se advierte que los horarios con mayor actividad en el día —tal y como hemos podido percibir en los últimos años— ocurren entre las 13:00 y las 19:00 horas local, con máximo a las 16:00 horas, comentó.

La experta señala que cuando suceden estas fuertes descargas eléctricas son varios los sectores de la economía que pueden resultar afectados, por ejemplo el eléctrico, las comunicaciones, la agricultura (incendios forestales), el transporte y las producciones petrolera y de energías alternativas.

Aunque en Cuba no se han presentado reportes específicos acerca de tales daños por estas tormentas, en los países que recogen estas afectaciones las pérdidas pueden ser millonarias.

En Estados Unidos, por ejemplo, se estima que las descargas eléctricas provocan pérdidas de alrededor de 35 millones de dólares anualmente (cifra que se considera muy por debajo de la real).

Pero —subraya la Doctora— lo más preocupante son los daños en la salud humana. Según estudios internacionales, en las personas que sufren una descarga eléctrica por rayo las principales afectaciones son déficit y pérdida de memoria, depresión, incapacidad para sentarse, disturbios del sueño, entumecimiento y parálisis, dolor de cabeza severo, vértigo, fobia a las multitudes, fatiga fácil, así como fobia a las tormentas.

También las personas afectadas pueden sufrir rigidez en las articulaciones, quemaduras externas, incapacidad para relacionarse, irritabilidad y pérdida del temperamento, reducción de la libido, espasmos musculares, problemas de coordinación y pérdida de la audición.

Revelaciones climáticas

Las tormentas eléctricas han sido estudiadas desde diversas aristas, como por ejemplo su climatología, dada por la cantidad de días con tormentas, su marcha diaria y anual, el comienzo y final de la temporada de tormentas y las manifestaciones severas de las mismas, llámense tornados, granizos, vientos lineales fuertes y trombas.

Cuando se va a formar una tormenta, debido a la alta temperatura del aire y la humedad de la zona, se crea una baja presión que provoca una corriente de aire convectiva, arrastrando con esta los aerosoles atmosféricos y creándose una nube de gran desarrollo vertical, definida como cumulonimbo.

Según advierten las investigaciones, esta es la nube más peligrosa del período de verano, y la única capaz de generar tormentas eléctricas. Produce fuertes lluvias, rayos y truenos, acompañados algunas veces por la caída de granizo, cuando es muy intensa.

En Cuba las investigaciones sobre las tormentas abarcan temáticas como su distribución espacial, su duración, el estudio de su desarrollo y características a través del radar y el satélite, la modelación matemática y el pronóstico de su ocurrencia, y se han realizado trabajos que abarcan desde todo el territorio nacional, hasta diferentes localidades del país.

La también profesora Álvarez Escudero explicó que a partir de las observaciones relativas a tormentas eléctricas en las 69 estaciones meteorológicas del archipiélago cubano, se describen las peculiaridades de estos fenómenos, dadas por su marcha anual y diaria, su variación interanual y su distribución espacial.

—¿Por qué ocurren las tormentas eléctricas?

—Aunque todavía no existe una teoría única que explique el fenómeno físico de la electricidad en la nube, hay consenso sobre las condiciones para que se forme. Se considera imprescindible la presencia de cristales de hielo, puesto que las descargas en la nube no ocurren hasta que estas no alcanzan un desarrollo vertical notable.

En las nubes de tormentas se ha encontrado una temperatura crítica entre –10 grados Celsius, en que el granizo se carga negativamente, y –20 grados Celsius, en que se carga positivamente. A esta se le denomina «zona de carga», y está situada a una altura en la nube de entre cinco y siete kilómetros.

Refirió que el mismo proceso del desarrollo del cumulonimbo, con vientos en ascenso, aumenta la energía eléctrica interna de este, y cuando esa energía supera el umbral máximo, en este caso en la atmósfera, entre la base de la nube y el suelo, se genera el rayo.

—¿Es cierto que los rayos no caen dos veces en el mismo lugar?

—Es un mito. La realidad es que las descargas eléctricas pueden suceder más de una vez en un mismo espacio. Por eso se deben tomar medidas como la colocación de pararrayos en los lugares más propensos, como los edificios de gran altura.

—Los más ancianos dicen que no debemos asomarnos a una ventana cuando truena, que se deben tapar los espejos, no tener objetos metálicos… ¿Qué  certeza tienen estas medidas?

—Aunque en ocasiones las sugerencias de los abuelos podrían parecer exageradas, lo cierto es que muchas tienen su razón. Durante la ocurrencia de tormentas eléctricas es importante tomar determinadas precauciones.

La investigadora explicó que en estas situaciones las personas deben retirarse de todo lugar alto; cumbre, cima, loma y refugiarse en zonas bajas no propensas a inundarse o recibir avenidas de agua.

«Nunca deben correr durante una tormenta y menos con la ropa mojada; esto es muy peligroso. Creamos una turbulencia en el aire y una zona de convección que puede atraer el rayo», advirtió.

Señaló que es importante deshacerse de todo material metálico (bastones, mochilas con armazón...) y depositarlo a más de 30 metros de distancia, pues los rayos aprovechan su buena conducción.

«Nunca debemos refugiarnos debajo de un árbol o una roca o elementos prominentes solitarios, dado que su humedad y verticalidad aumentan la intensidad del campo eléctrico. En cambio un bosque, aunque sea pequeño, puede ser un buen refugio, que nos permite cobijarnos debajo de los árboles de menor altura», comentó.

—¿Qué hacer en los terrenos abiertos?

—Alejarse siempre de estos. En los terrenos abiertos y despejados, como praderas y cultivos, sobresalimos y nos convertimos en pararrayos.

Es preciso también aislarse del suelo y del contacto con charcos o zonas mojadas, lo cual se traduce en ríos, piscinas, lagos, el mar y otras masas de agua, significó.

La profesora alertó que si notamos cosquilleo en el cuerpo, se nos eriza el cabello o vemos brillar y echar chispas a un objeto de metal hay que echarse al suelo inmediatamente porque la descarga de un rayo es inminente.

Expresó que, aunque un rayo tiene una duración de 30 microsegundos, su voltaje es de 1 000 KV, y la intensidad es de 30 000 amperes, con una temperatura nada más y nada menos que de 27 000 grados Celsius.

—¿Pueden ser seguras las cuevas?

—Lo recomendable es no refugiarse en la boca de una cueva ni al abrigo de un saliente rocoso, pues el rayo puede echar chispas a través de estas aberturas. Solo estaremos seguros en una cueva si es profunda y algo ancha, mínimo un metro a cada lado.

—¿Qué posición adoptar en cualquiera de los casos?

—La posición recomendada es colocarse quieto de cuclillas, lo más agachado posible, ya que nos aislará bastante, al no sobresalir del terreno, tocando solo el suelo con el calzado que según su material nos aislará también.

En el interior de la tormenta

Las tormentas eléctricas se forman como resultado de una combinación de humedad, aire caliente de rápido ascenso y una fuerza capaz de levantar aire, tal como un frente cálido y frío, brisa marina o una montaña, y todas provocan relámpagos.

De acuerdo con estudios internacionales, un relámpago es una descarga eléctrica que resulta de la formación de cargas positivas y negativas en una tormenta. Cuando la formación es suficientemente fuerte, el relámpago aparece como rayo, el cual puede alcanzar temperaturas de miles de grados en una fracción de segundo, dado el rápido calentamiento y enfriamiento del aire cercano al relámpago, lo que causa el trueno (sonido causado cuando un rayo, por su elevada temperatura, calienta instantáneamente el aire entre nubes).

Para evaluar las tendencias y particularidades de este fenómeno, varios países poseen redes detectoras de rayos, fundamentalmente naciones desarrolladas como Estados Unidos, Canadá y algunas de Europa.

En Cuba, sin embargo, aún no disponemos de esta tecnología, aclara la profesora Álvarez Escudero. La manera de obtener información de la actividad eléctrica en estos casos es a partir de las mismas tormentas, desde las estaciones meteorológicas.

Para ello, explicó, se usan como información de base los registros de observaciones trihorarias de código de estado del tiempo presente en las 69 estaciones del territorio cubano. Se determinó que el período 1989–2008 era el más idóneo para el estudio y se seleccionaron las observaciones relativas a tormentas eléctricas.

«En las estaciones meteorológicas las tormentas se marcan a partir de que se escucha el primer trueno y 15 minutos tras oír el último, pero como promedio dura 45 minutos, aunque existen líneas de tormentas que llegan a las dos horas o más», apuntó.

El estudio de las tormentas eléctricas se ha diversificado en nuestro país, desde los trabajos con climatologías generales y con pocos datos, hasta otros cada vez más complejos, como el estudio climatológico de diferentes localidades, el uso de sensores remotos como el radar y el satélite, el pronóstico sinóptico-estadístico o la simulación y el pronóstico numérico de este fenómeno, señaló la especialista.

Uno de los estudios más relevantes es la concepción de mapas de niveles ceráunicos actualizados, con criterios de temporada activa de tormentas dados a partir de consideraciones sobre el comportamiento de la lluvia, los promedios de días con tormenta, y estudios más pormenorizados sobre la duración de las tormentas en regiones específicas.

—Algunas personas tienen la percepción de que en los últimos tiempos las tormentas eléctricas se han vuelto más intensas…

—Tras el período de sequía que experimentó el país hace pocos años, tal vez se ha perdido un tanto la percepción de las tormentas; por eso en ocasiones cuando suceden nos da la impresión de que son más fuertes.

«Sin embargo, este es un fenómeno muy frecuente en Cuba, especialmente en los meses de verano, durante los horarios de la tarde-noche, cuando el calentamiento del día cobra mayor fuerza.

«Es cierto que en días recientes se han sentido fuertes descargas eléctricas, pero hasta el momento no se ha cuantificado un incremento real de estos fenómenos naturales», aseguró.

La especialista concluyó que lo más importante es conocer y prepararse para convivir con este fenómeno, y evitar así pérdidas de vidas humanas, lesiones y afectaciones a los medios y recursos materiales.

Consejos para días de tormentas

En caso de hallarnos en una vivienda, se deben desconectar los electrodomésticos, y otros aparatos eléctricos asi como las tomas de antena de televisión, ya que el rayo puede entrar por las conducciones de electricidad y TV causando daños o la destrucción de estos equipos.

Una buena manera de aislarse es sentarse en una silla que no sea de metal apoyando los pies en la mesa u otra silla tampoco metálicos.

Si se va en grupo es aconsejable dispersarse unos metros y adoptar las posiciones y precauciones de seguridad. En caso de ir con niños, para evitar el pánico o el extravío, se debe mantener contacto visual y verbal con ellos.

Si un rayo afecta a una persona las demás en contacto pueden verse afectadas por la descarga; por esto también es recomendable alejarse de rebaños y grupos de mamíferos.

El mejor sitio para refugiarse a la intemperie durante una tormenta es un vehículo cerrado, ya sea un auto,  furgoneta, camión, etc. Dentro debemos apagar el motor, bajar la antena de la radio y desconectarla, y cerrar las ventanillas y las entradas de aire.

¿Cuán cerca estamos del rayo?

Un método muy empleado para conocer cuán cerca estamos del peligro cuando nos hallamos en el radio de acción de un potencial rayo es el siguiente: Cuando se ve el relámpago, contar el número de segundos hasta el sonido inicial del trueno.

Dividir el número de segundos por 3 para obtener la distancia a que están cayendo los rayos, en kilómetros.

La persona debe refugiarse de inmediato cuando el resultado de esta división indique que está entre tres y cinco kilómetros de distancia, ya que el siguiente rayo tiene una probabilidad alta de caer dentro de esa distancia, a partir del punto de impacto del anterior.

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