El aire que respiramos

La calidad del aire en Cuba no se equipara a la de urbes industrializadas en las que ya se dan situaciones de alarma, pero este es un fenómeno al que hay que prestarle cada vez más atención

Autor:

Juventud Rebelde

¿Se ha imaginado el «disfrute» de un atardecer o de un amanecer virtual en una pantalla gigante? Los habitantes de la ciudad china de Beijing han debido asirse a esta solución del Gobierno, ante la imposibilidad de admirar estos momentos especiales de la Naturaleza por los crecientes niveles de contaminación atmosférica de los últimos meses.

Alternativas similares quizá haya que implementar un día en ciudades como Sao Paulo, México D.F. y Santiago de Chile, con índices de calidad del aire preocupantes debido a este fenómeno, originado entre otras razones, por el vertiginoso desarrollo industrial.

¿Podría sucedernos algo similar en Cuba? Datos recientes de la Oficina Nacional de Estadísticas demuestran que cada año, más del 30 por ciento de los cubanos sufren de enfermedades respiratorias y otras asociadas con la contaminación del aire.

El doctor Osvaldo Cuesta Santos, director del Centro de Contaminación y Química de la Atmósfera del Instituto de Meteorología, afirma que, afortunadamente, nuestro país no padece el mismo nivel de contaminación y de preocupación de esas ciudades, «pero el peligro existe, no somos inmunes y es cierto que la calidad del aire que respiramos se afecta cada vez más».

El inventario de emisiones de las principales fuentes industriales de La Habana, investigación realizada recientemente en la que participó Cuesta Santos junto con otros especialistas, arrojó que los principales contaminantes son el dióxido de azufre, el dióxido de nitrógeno, el monóxido de carbono, los compuestos orgánicos volátiles y las partículas o material particulado, las conocidas PM10 y PM 2,5, derivadas del polvo.

El especialista reveló que más de 119 900 toneladas de estos contaminantes se registraron en el año 2012, a partir de la suma de las emisiones de termoeléctricas, grupos electrógenos, calderas, hornos, incineradores, refinerías e industrias.

«El conocimiento de estas emisiones es una valiosa herramienta de gestión ambiental para el control y mitigación de la contaminación atmosférica en la ciudad de La Habana.

«Por eso, además de este monitoreo, analizamos los rasgos de cada industria en cuanto a su producción, tecnología, mecanismos y ciclo de trabajo, características de la chimenea, entre otras cuestiones que debemos tener en cuenta», agregó.

Analizar el impacto ambiental antes de invertir

En el país, municipios como Mariel, Moa y Nuevitas, por ejemplo, muestran una situación preocupante en relación con la calidad del aire debido a la existencia en ellas de la industria del níquel, las fábricas de cemento y fertilizante, las termoeléctricas, entre otras entidades, subraya Cuesta Santos.

«Las ciudades de Santiago de Cuba, Matanzas y Cienfuegos cuentan también con puntos industriales, pero como están alejados de las ciudades, su incidencia peligrosa se refleja en días y épocas determinadas, en dependencia de ciertos factores climatológicos como los vientos».

En la capital, advierte, la alerta se extiende sobre la zona del anillo alrededor de la bahía, la localidad de la termoeléctrica de Tallapiedra, la zona cercana a la Refinería Ñico López, en Regla, así como en La Lisa, Arroyo Apolo, el circuito de la Cujae y otras, en las que se encuentran grupos electrógenos instalados. Además, en la zona de El Cotorro, Berroa, las cercanías al crematorio del cementerio de Guanabacoa y otras.

Estas son fuentes fijas de contaminación atmosférica a las que se suman de manera creciente las llamadas fuentes móviles, como los ómnibus y los carros antiguos que circulan por nuestras calles sin motores modernos, destacó.

«Cuba, en su condición de nación subdesarrollada o en vías de desarrollo, padece también el auge no planificado de las pocas industrias y de asentamientos urbanísticos, el uso de tecnologías atrasadas en el transporte y la producción, y la baja calidad del saneamiento básico.

«Por ello es necesario, antes de realizar una inversión en un lugar, efectuar un análisis del impacto ambiental que nuestro objeto de obra puede ocasionar, porque en muchos casos la carencia de una planificación en este sentido atenta después contra la salud y las normas de la calidad del aire existente».

En edificios y viviendas, sobre todo en La Habana, la contaminación también es un aspecto crucial, a partir del estado constructivo general, de las redes de agua y la evacuación de residuos sólidos.

Lo es también la edificación de viviendas cerca de instalaciones industriales, otro de los problemas que agrava la situación, enfatiza Cuesta Santos.

Factores condicionantes de la contaminación que tenemos en el interior de nuestras viviendas son importantes también, acotó, como la cantidad de fumadores, el tipo de combustible empleado, el hacinamiento y la escasa ventilación, entre otros.

Llevar la prevención a cada localidad

Desde 1970 se establecieron en Cuba actividades de vigilancia de la calidad del aire, encabezadas por el Ministerio de Salud Pública, las cuales se incluyeron en 1996 en el Programa Nacional de Prevención y Control de la Calidad del Aire.

Este se desarrolla en los asentamientos humanos, con un enfoque integrador, para brindarles toda la información higiénico-epidemiológica necesaria a sus pobladores.

Desde entonces y hasta la fecha se han trazado estrategias para obtener el mejoramiento y sustitución de portadores energéticos en las industrias que no cumplen con la zona de protección sanitaria establecida, como por ejemplo, lograr la incorporación de tecnologías más modernas en los sectores más contaminantes y en el transporte; mejorar las predicciones de episodios de esta naturaleza y poner en marcha un mayor número de estaciones de monitoreo del aire.

Como parte del Programa Nacional de Prevención se exige que en todos los niveles del Sistema Nacional de Salud exista un registro de las fuentes contaminantes de cada localidad, clasificadas en distintas categorías, que permita planificar periódicamente las inspecciones necesarias.

Además, en este sistema de vigilancia se desarrolla un modelo para conocer el tipo y grado de exposición de los vecinos de la comunidad a emisiones contaminantes, las que pueden ser clasificadas como Doméstica o Microambiental, Ocupacional, Local o Comunitaria y Regional. Este modelo permite también diseñar estrategias para controlar las causas que las provocan.

Explica Cuesta Santos que existen diversas maneras para realizar el monitoreo, ya sea de manera manual, automática o con tubos pasivos, pero lo cierto es que se requiere una inversión que permita sustituir o reparar lo que se necesita para implementar el sistema.

Es imprescindible, además, fortalecer la cultura ambiental en las personas, enfatizó el Director del Centro de Contaminación y Química de la Atmósfera del Instituto de Meteorología, quien comentó que se tiene como propuesta la idea de incluir en el parte meteorológico que se difunde por los medios de comunicación uno relacionado con los pronósticos de contaminación atmosférica, a partir de estudios que se perfeccionen y permitan brindarle esa información a la población.

«En la actualidad no necesitamos en Cuba de nasobucos para respirar, como sí lo necesitan los habitantes de Beijing, pero si no prestamos atención al aire que respiramos, a las decisiones erróneas que puedan tomarse en el ámbito constructivo y de las inversiones, al lugar donde emplazamos nuestra vivienda, al auto que manejamos y al humo del cigarro al que nos exponemos, entre otros aspectos, ya no valdrá la pena preguntarnos a esa altura qué aire respiramos y por qué», concluyó Cuesta Santos.

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