«Misteriosos» efectos de la Luna en el cuerpo humano

En la Antigüedad, no pocos estudiosos de las ciencias médicas vieron en la Luna una fuente de inspiración y razonamiento para explicar enfermedades, estructuras anatómicas y eventos fisiológicos humanos

Autor:

Julio César Hernández Perera

Desde tiempos inmemorables el hombre ha observado a la Luna en sus diversas fases, como un fenómeno que se ha convertido en elemento de medida universal para quienes, desde antaño, bregaban en campos de las ciencias y la Medicina. No pocas veces el astro sirvió de referencia para estudiar enfermedades, y procesos fisiológicos y anatómicos del ser humano.

«Cara de luna llena», por ejemplo, definía aquellas facies llamativamente redondeadas, y en ocasiones edematosas, que padecían algunos pacientes. Esta especie de «metáfora médica» puede utilizarse para el diagnóstico clínico de afecciones relacionadas con el consumo de dosis elevadas de esteroides o con una alteración de la glándula suprarrenal, conocida como síndrome de Cushing.

Otras expresiones médicas han vencido el paso de los siglos al punto de popularizarse en la modernidad, aunque raramente meditamos sobre cómo sus orígenes y sentidos se relacionan con nuestro satélite natural. Tales son los casos de lunar y menisco.

El primero de estos ejemplos es definido como el cúmulo de pigmentos que manchan la piel. Este «sello» puede ser identificado con la belleza, pero en ocasiones puede ser señal de la presencia de una enfermedad alarmante como el melanoma (un tipo de cáncer).

Los antiguos decidieron hablar de lunares, ya fuera porque decían que el influjo etéreo de la Luna engendraba la aparición de estas máculas o porque simplemente contrastaba con el astro.

El menisco, por su parte, es un cartílago que forma parte de la articulación de la rodilla. La palabra se deriva del griego antiguo y significa «pequeña Luna creciente». Aquellos ancestros fueron quienes hicieron la asociación por la forma que posee la menuda estructura anatómica.

Ciclos y locuras

No solo como cuerpo celeste sirvió la Luna para dar nombre a las cosas que se le parecían en lo externo. Diferentes culturas coincidieron en responsabilizarla, sobre todo cuando está en su fase de Luna llena, con la fertilidad, la gestación, el parto y las enfermedades mentales.

En Grecia prevaleció la idea de que el hombre estaba influenciado por el Sol, mientras que la mujer lo era por la Luna. Debido a su carácter cíclico y cambiante, distinguido principalmente por sus tres formas básicas, se le caracterizaba como una diosa triforme: la diosa Hécate, que representaba a la Luna nueva, Selene a la Luna creciente, y Artemisa a la Luna llena.

De la misma forma se estableció una de las paridades más difundidas entre los ciclos lunares y fisiológicos humanos: el del período menstrual de la mujer.

El mismo vocablo menstruación es la evidencia más fiel de este vínculo, pues para algunos estudiosos este término proviene del griego mens, que tiene entre sus acepciones más destacadas el de «mes lunar».

En tiempos arcaicos se afirmaba que cuando la luz lunar se desvanecía la mujer menstruaba, aunque eso no ocurriera exactamente igual con todas ellas.

En aquellas épocas la influencia lunar era avistada, además, como responsable de comportamientos inestables, en especial en quienes se apreciaban actitudes violentas o desatinadas a intervalos. De aquí el origen de la palabra lunático, que viene del latín lunaticus y está relacionada con las fases de la luna.

En la Roma antigua se advertía cómo los delitos, los suicidios y las conductas dementes eran más frecuentes durante las noches de Luna llena.

Otras latitudes relacionaron el efecto de la luz lunar con algunas conductas y efectos fisiológicos en la vida de los seres humanos. La luminosidad durante plenilunio o Luna llena llega a ser 25 y 250 veces mayor que en la fase de cuarto creciente o menguante y en las noches sin Luna, respectivamente. Se decía que las personas con trastornos mentales pudieron, en aquellas noches brillantes, haber sufrido de privación del sueño y otras alteraciones que les acarreaban las crisis de conducta.

Luna y medicina actual

Y no solo se señala el efecto de la luz lunar. Disímiles estudios, aunque imprecisos, señalan que ciertos ciclos lunares mediarían en los resultados de una operación quirúrgica, en los ingresos urgentes en instituciones hospitalarias, en las hemorragias y en la frecuencia de las apendicitis, infartos cardiacos, cólicos nefríticos y partos.

Aunque escasas investigaciones han encontrado conexiones como las antes mencionadas, a ciencia cierta no se ha demostrado la veracidad de tales hallazgos.

Por otra parte, la hipótesis de que la Luna llena tuvo mayor efecto antes que se desarrollara la luz eléctrica puede ser asentida si, como se ha señalado, se tiene en cuenta que durante esta fase se advertía mayor cantidad de luz que en otras noches.

Este hecho, además de afectar directamente el sueño de las personas a través de la iluminación directa, también coincidía con ciertas actividades sociales que se desarrollaban, como algunas celebraciones religiosas que perduran hoy.

Actualmente son difíciles de probar todas las creencias y mitos antes referidos, y la invención de la electricidad contribuyó mucho a que este posible efecto lunar fuese despreciado.

Solo han soportado el paso del tiempo aquellos términos, algunos de ellos cuidadosamente figurativos, como huellas del trasluz de la Luna en la Medicina. En consecuencia, es el mismo cuerpo celeste que ha sido alabado (o detestado), de disímiles formas, por el hombre desde que tuvo conciencia de sí.

Fuentes consultadas:

T. K. Bauer et al (2013). The lunar cycle, sunspots and the frequency of births in Germany, 1920–1989. Econ Human Biol;11: 545–50.

H. M. Govarchin Ghalae et al. (2011). The lunar cycle. Effects of full moon on renal colic. Urol J;8:137-40.

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