¿La era del plástico?

Lo que nació como un sello de modernidad podría convertirse en una pesadilla para todas las especies del planeta, si no va acompañado de sensatez y responsabilidad

Autor:

Julio César Hernández Perera

Con solo mirar el entorno descubriríamos cómo el plástico se ha convertido en un sello de modernidad. Posiblemente ha sido este material uno de los que más ha transformado la vida de la especie humana, en sectores que van desde la gran industria, la biotecnología, los alimentos, hasta la vida cotidiana del ser humano.

El vocablo que designa a este elemento se origina del latín plasticus, alusivo a la condición de moldeable, y en el caso que nos ocupa hay que sumar otra cualidad a la posibilidad de diversificación de las formas: la capacidad de que las mismas se conserven.

La historia del plástico, pocas veces contada, nos remonta a mediados del siglo XIX, cuando comenzaron a escasear algunos materiales naturales como las conchas de carey y el marfil.

De este último puede referirse que, como resultado de la caza indiscriminada de elefantes, y la inevitable reducción de su población, se incrementó asombrosamente el valor mundial de sus colmillos. En tales condiciones la firma norteamericana de Phelan y Collender, productora de bolas de billar, ofreció en el año 1869 un premio de 10 000 dólares a quien inventara un sustituto del marfil, utilizado entonces en la manufactura de sus producciones.

Entre los concursantes se encontraba el joven pintor John Wesley Hyatt. Aunque no ganó la recompensa, su invento constituyó un hito al tratarse del primer plástico natural, patentado con el nombre de celuloide, un valioso compuesto que, entre otros logros, posibilitó el desarrollo del cine.

Pasó poco menos de medio siglo (1909) cuando el químico norteamericano de origen belga Leo Hendrik Baekeland obtuvo el primer plástico sintético, designado como bakelita, en honor a su apellido. Este polímero fue logrado a partir de moléculas de fenol y formaldehído.

Es posible que en aquellos tiempos Baekeland no consiguiera tener una visión fehaciente de cómo su invención cambiaría el mundo, pues con el impulso alcanzado en la obtención de nuevos polímeros sintéticos a mediados del siglo XX se revolucionó la tecnología al punto de estrenarse La era del plástico.

Provechos y sobras

Con propiedades tan versátiles como flotar, ser moldeables, imitar a otros materiales (casi siempre más costosos), aislar el calor y la electricidad y resultar baratos, ligeros, fuertes, duraderos y resistentes a la corrosión, entre otras características, los plásticos pueden ser usados de disímiles maneras, especialmente en los ámbitos doméstico, industrial y comercial.

Se estima que existe cerca de una veintena de grupos diferentes, cada uno con diversas propiedades y usos. Todos facilitan la elaboración de un amplio rango de productos, que van a la par del desarrollo tecnológico e implican diversos beneficios sociales.

Estas ventajas, junto a la relativa sencillez y rapidez con la cual se producen los plásticos, han favorecido su extensa y rápida distribución; tan es así, que la producción mundial de plásticos experimenta un crecimiento continuo de aproximadamente el nueve por ciento anual: algunos llegan a estimar que la elaboración de plásticos en la primera década del siglo XXI rebasó la totalidad de la producción de este material en todo el siglo pasado.

Pero este volumen, junto a la durabilidad y el incremento del uso de los plásticos, generó un problema muy serio: la basura.

Se considera que poco más de una décima parte de la basura generada en el mundo está conformada por plásticos, y solo una pequeña proporción de estos son reciclados. La mayoría contaminan suelos, ríos, mares, océanos, playas y costas, desde el Polo Norte al Sur; y se estima que deben transcurrir entre cien y mil años para que se degraden una vez lanzados al medio ambiente como desperdicios.

A esta adversa situación se suma el cuatro por ciento de la producción mundial de gas y petróleo —recurso no renovable que se destina a la producción de plástico.

Este desfavorable panorama se redondea cuando analizamos que una proporción importante de plásticos tiene una vida de uso muy breve, como los destinados para envolver o empaquetar: estos son botados generalmente antes de haber cumplido el año de su elaboración.

Salud amenazada

Pero la generación de basura no es el único problema. La salud humana también se ve amenazada directamente por algunos plásticos que al inicio de su aparición parecían ser inocuos.

Durante el proceso de fabricación del plástico se agregan variadas sustancias químicas que son las que le otorgan determinadas características como dureza, flexibilidad y durabilidad, entre otras.

Inicialmente los daños a la salud fueron advertidos en los animales, sobre todo en las especies marinas que consumían accidentalmente estos desechos.

En años recientes un informe canadiense anunció que la totalidad de las tortugas marinas, el 45 por ciento de los mamíferos marinos y el 21 por ciento de las aves marinas podían estar afectados por este material.

Otras investigaciones han logrado demostrar cómo los plásticos no son tan estables en el medio ambiente y se pueden fragmentar en partículas más pequeñas y con ello eliminar sustancias tóxicas. Los efectos negativos más estudiados han sido la posibilidad de generar cáncer y la capacidad de afectar el sistema endocrino, ya sea en el período prenatal o en la adultez.

Los disruptores endocrinos —como se denomina a los plásticos que afectan a ese sistema— producen alteraciones hormonales con importantes consecuencias neurológicas o reproductivas.

Entre estos compuestos hallados en algunos tipos de plásticos encontramos los bisfenoles y los ftalatos; estos últimos son añadidos principalmente para otorgar flexibilidad al plástico.

Por otra parte se han relacionado —sobre todo los ftalatos— con el aumento de algunos problemas importantes de salud que afectan llamativamente al mundo contemporáneo, como la obesidad, la diabetes mellitus y determinadas malformaciones congénitas.

Por todas estas consecuencias insostenibles para la vida futura de la Tierra, numerosas acciones se alzan en aras de establecer estrategias para disminuir el impacto negativo generado por la producción mundial de plásticos.

Las tres R (reducir, reusar y reciclar) han sido consignas que se proponen como parte de la solución, encaminadas sobre todo hacia aquellas sociedades derrochadoras.

A esta estrategia se une el empleo de la energía renovable y el rediseño molecular de nuevas sustancias o plásticos que tengan propiedades biodegradables y con menos efectos tóxicos.

Todas estas acciones mundiales constituyen urgencias para que la era del plástico no pase de ser una marca de modernidad y progreso, a una fatalidad de involución que comprometa la vida en nuestra única y amada Tierra.

 

*Doctor en Ciencias Médicas y especialista de Segundo grado en Medicina Interna.

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