¿La ciencia es muy difícil de vender? - En Red

¿La ciencia es muy difícil de vender?

Diversos son los resultados de los centros científicos vinculados con las universidades del país, enorme potencial que debe aprovecharse en todo su valor social y económico

Autor:

Margarita Barrios

La contundencia con que hace la afirmación sorprende: «La ciencia es muy difícil de vender». La experiencia le ratifica esa percepción a Rebeca Conde García, directora de Transferencia de los Resultados de la Investigación del Centro Nacional de Electromagnetismo Aplicado (CNEA) de la Universidad de Oriente (UO).

Algunos obstáculos para que los resultados que se alcanzan en esa institución logren su valor social y económico parecen sedimentar su punto de vista.

En el CNEA investigan y desarrollan tecnologías aplicando el electromagnetismo para lograr impactos en la industria, la agricultura, la salud y el cuidado del medio ambiente.

En aras de atender las necesidades de desarrollo, tanto de la provincia de Santiago de Cuba como del resto del territorio nacional, este centro, único de su tipo en el país, desarrolla un conjunto de trabajos relacionados con el efecto del agua tratada magnéticamente en la recuperación de plántulas, el tratamiento magnético en sistemas ingenieros de la industria turística, así como la solución CM-95 tratada magnéticamente como profilaxis y terapia de la radiodermitis en pacientes con cáncer.

Para Conde García el primer gran escollo es convencer al comprador de que tendrá numerosos resultados a largo plazo, y lamenta que los dispositivos magnéticos elaborados allí, con probada eficiencia, no se utilicen más en el país.

El CNEA investiga y desarrolla tecnologías aplicando el electromagnetismo. Foto: Vladimir Molina

Explicó que los magnetizadores, producto líder del CNEA, son un conjunto de imanes que permiten el tratamiento magnético del agua. «Elimina la formación de incrustaciones y mejora la eficiencia de los sistemas hidráulicos o calderas, turbos y calentadores, los cuales permiten el ahorro de energía y son aplicados, fundamentalmente, en instalaciones turísticas».

También precisó que, el tratamiento magnético del agua en el sector agrícola —en casas de cultivo protegido— además de propiciar el ahorro energético, contribuye al aumento progresivo de la productividad. «Las plantas sobreviven más, ofrecen mayor resistencia a los agentes patógenos y se nota el incremento de la longitud del tallo y del número de raíces y ramas».

La científica manifestó que el mayor usuario del separador de partículas ferrosas es la industria azucarera. «Es preciso que todos los centrales lo utilicen, pues permite acortar gastos dentro del período de zafra, ya que la limpieza de los evaporadores y condensadores se hace en un tiempo más corto. Sin embargo, no hemos logrado que todos lo usen», lamentó.

En el CNEA santiaguero también realizan servicios científico-técnicos para colaborar en el cuidado del medio ambiente, entre ellos está el de medir la contaminación electromagnética. El centro cuenta con un programa de formación doctoral y de pregrado en vínculo con la Universidad de Oriente (UO), que propicia la realización de tesis e investigaciones conjuntas.

Alianzas similares con la UO santiaguera tiene el Centro de Biofísica Médica. El Doctor en Ciencias Manuel Arsenio Lores Guevara, director científico de la entidad, explicó que realizan estrategias con estudiantes de diferentes facultades, a los cuales se les da un seguimiento desde el tercer año de la carrera hasta que se gradúan. «Los jóvenes alumnos desarrollan investigaciones inherentes a nuestros proyectos, a mediano y largo plazos, que nos sirven como filtro de selección, fundamentalmente para tratar de cubrir nuestra cantera de especialistas.

El Centro de Biofísica Médica guarda el primer equipo de resonancia magnética realizado en Cuba. Foto: Vladimir Molina

«Es importante estimular que se queden con nosotros, pues el costo de formación de un especialista nuestro es altísimo. Por ello, trabajamos en el proceso de formación y en el reconocimiento de las investigaciones que realizan».

La misión de este enclave científico es desarrollar equipos médicos para el diagnóstico de enfermedades mediante métodos no invasivos, en el que se aplican la física, la ingeniería y la informática a la medicina.

Con la creación de este centro se logró sustituir la importación de módulos médicos o de algunos de sus componentes, y se potenció la confección en el país de nuevos dispositivos, que ha implicado el ahorro de cuantiosos recursos a la nación y la posibilidad de brindarle al pueblo un servicio de salud de mayor calidad.

Entre los principales resultados de la entidad están el fotopletismógrafo, Uoangio-01 y el Angiodin PD-3000, equipos todos de alta tecnología para obtener imágenes internas del organismo que permiten hacer diagnósticos más certeros. Aunque el más relevante es el tomógrafo de resonancia magnética nuclear Giroimag-01, primero de ese tipo de equipos en Cuba y en América Latina, destacó Lores.

Además, precisó el Doctor, se realizaron estudios para la utilización de la resonancia magnética no solo para diagnósticos —especialmente para diferenciar tejido sano de maligno— sino también como método terapéutico para la anemia drepanocítica, una enfermedad incurable que padece el tres por ciento de la población cubana y constituye un problema de salud a nivel mundial.

«Otro resultado clave de nuestra institución es el Angiodin PD-3000, el cual se utiliza en todo el país para el estudio del sistema arterial periférico, y que fue importante para evaluar el efecto del Heberprot-P en la úlcera del pie diabético», subrayó.

 Universidades científicas

«En tiempos científicos, universidades científicas», afirmó nuestro Héroe Nacional José Martí en 1883, una idea a la que Fidel daría cuerpo de proyecto de nación en 1960, cuando concibió que «el futuro de Cuba tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia».

Entre los proyectos que dan cuerpo a ese sueño está el de una academia unida a la investigación. Las universidades cubanas tienen varios centros científicos adscritos. Estas relaciones marcan lo que se denomina pertinencia de los centros de altos estudios, que significa una universidad comprometida con el desarrollo del país y cercana a la problemática del lugar donde está enclavada, en vínculo directo con el entorno, algo que pudimos corroborar en un  reciente recorrido por varias instituciones cubanas de educación superior.

Dos en uno

El Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), de la provincia de Camagüey, se creó en 1989. Su director, el máster Jesús Zamora Sánchez, asegura que desde el nacimiento de ese centro el vínculo con la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte y Loynaz (Ucial) ha sido fundamental, así como con otras casas de altos estudios del país, como la Universidad Central de Las Villas (UCLV) y la Universidad Tecnológica de La Habana José Antonio Echeverría (Cujae).

«La cercanía con la Ucial permite un vínculo directo y un fortalecimiento de ambas instituciones. Muchas tesis de doctorado de nuestros profesionales encuentran su tutor en la universidad, y no son pocos los trabajos de investigación que realizamos de manera conjunta», añadió.

El HeberNem es el producto líder del CIGB. Es un bionematicida, amigable con el hombre y el medio ambiente. «Combate los nematos que afectan las raíces de las plantas y se utiliza en las casas de cultivo protegido en Cuba. Tiene mucha aceptación en otros países, pues no produce toxicidad», argumentó.

«En la etapa de desarrollo del producto, recordó, profesores de la Universidad de Camagüey trabajaron a tiempo completo con nosotros, y sobre el tema también se hicieron varias tesis de pregrado. Ese fue el primer producto que se registró en el país con tales características. Hoy estamos apostando por una realización comercial en el exterior que genere aportes significativos», puntualizó.

El Doctor en Ciencias Nemesio González Fernández puntualizó que no hay una carrera que sea Biotecnología, por lo cual el CIGB se nutre de físicos, matemáticos, biólogos, agrónomos, químicos, y también necesita para su labor de informáticos, economistas y abogados, entre otros profesionales. «El vínculo con la universidad es muy amplio. Las clases se dan aquí en el CIGB. Los estudiantes vienen al centro algunos días de la semana y participan de nuestros proyectos».

Entre las investigaciones más importantes en desarrollo, hay que destacar que ya se encuentra en fase de registro un inmunógeno contra la garrapata del ganado bovino, denominado Gavac; y un proyecto abierto de una vacuna contra la enfermedad hemorrágica del conejo y otra contra la peste porcina clásica, resaltó el Doctor.

Especies de la ciencia

«Varias generaciones de estudiantes, investigadores y profesores se han formado en el Instituto de Biotecnología de las Plantas (IBP), adscrito a la Universidad Central de Las Villas, comentó el director general de este centro, Osvaldo Fernández Martínez.

«El Instituto ha incrementado sus líneas de investigación  con el fin de potenciar el mejoramiento genético y la producción de semillas de calidad, y es protagonista en el desarrollo de la biotecnología vegetal en el país. Tuvo el reto de promover una tecnología novedosa y asumir investigaciones básicas, aplicadas y de innovación para defender en la Isla la idea de una verdadera soberanía alimentaria», subrayó.

Fernández Martínez explicó que la embriogénesis somática es el resultado de más de dos décadas de estudios de los especialistas del IBP. «Aunque es un sistema utilizado tradicionalmente en programas de mejoramiento genético, no existen referencias de su uso para la producción de plátanos y bananos a escala comercial. Esta propuesta abre muchas puertas para concretar uno de los saltos tecnológicos más importantes para la agricultura y la biotecnología vegetal cubana», aseveró.

Básicamente, la tecnología registrada por el IBP consiste en utilizar la pampana (conocida como teta del plátano, habitualmente un producto de desecho en los campos) para reproducir la planta. Esa técnica permite lograr una población homogénea, con mayor vigor vegetativo, alta calidad genética y menor contaminación microbiana. Asimismo, incide en el aumento de la producción, pues posibilita realizar tres ciclos por año, mientras que con el proceso anterior de organogénesis solamente puede ejecutarse uno.

El IBP potencia el mejoramiento genético de las plantas y produce semillas de alta calidad. Foto: Vladimir Molina

«En las condiciones climáticas de Cuba ese método permite la conservación del material vegetal y la garantía casi inmediata de la renovación de las plantaciones afectadas ante cualquier daño atmosférico, como ocurrió recientemente con el paso del huracán Irma.

«Nuestros especialistas trabajan en la terminación de una tecnología similar para el cultivo del café y la caña de azúcar, y aspiran a tenerla lista y funcional para 2020. Además, defendemos la idea de tener una mayor participación en el cultivo de la papa», destacó el especialista.

Otra institución científica con amplio vínculo con la UCLV es el Centro de Bioactivos Químicos (CBQ). La Doctora Zenaida Rodríguez Negrín, su directora, expresó que la relación de trabajo con la universidad es profunda y necesaria para cumplir con el encargo del centro, que es desarrollar productos naturales y sintéticos con acción biológica en las esferas agrícola, veterinaria y humana, así como ofertar servicios científico-técnicos.

El CBQ, que desarrolla  tesis de pregrado, maestría y doctorado, posee una planta de producción, realiza ensayos clínicos y elabora productos naturales de origen microbiano, probióticos para la medicina veterinaria y la agricultura, y trabaja con extractos de propóleos. Desarrolla, a ciclo completo, nuevos ingredientes farmacéuticos activos.

Además, se propone ampliar el uso de los renglones ya establecidos y desarrollar otros, en tanto se investiga la línea de actinomicetos como fuente de interés biotecnológico en varios sectores de la economía, que tiene entre sus múltiples finalidades la descomposición de residuos animal y vegetal, sin descuidar la acreditación de ensayos que ofrezcan valor agregado a la cartera existente.

La Doctora puntualizó que el dermofural (Furvina), utilizado en el tratamiento de enfermedades causadas por hongos en pies y uñas, recibió el primer registro sanitario en la esfera humana que logró el CBQ. Otras formulaciones del producto se preparan para el tratamiento de importantes afecciones, en las que el arsenal terapéutico es escaso.

En 1993 la institución registró el Furvinol, medicamento oftálmico para el tratamiento de enfermedades bacterianas y fungosas en nueve especies de animales, y en 1999 fue inscrito el Vitrofural, aditivo para medios de cultivo con el cual se sustituye el proceso de autoclaveo en la producción de vitroplantas. Este producto está generalizado en todas las biofábricas del país y en proceso de exportación. «Sin la universidad junto a nosotros, nada de esto hubiera sido posible», afirmó Zenaida.

Otro espacio emblemático de ciencia vinculado a la UCLV es el Jardín Botánico de Santa Clara, creado en 1956 como el tercero del país, antecedido por los de La Habana y Cienfuegos. Por encontrarse dentro del campus de esta Universidad, las visitas son dirigidas, y desde 2003 cuenta con un Centro de Estudios.

El Jardín posee hoy más de 800 especies entre árboles frutales, maderables, textiles, plantas medicinales, melíferas y ornamentales. Con énfasis en parte de la flora cubana, alberga unas 200 especies vegetales endémicas y nativas de nuestro país, y cuenta con un bosque de galería, indispensable para preservar la biodiversidad del medio ambiente.

Para el Doctor en Ciencias Alfredo Noa Monzón, el elemento más destacado del lugar es el herbario, colección de plantas o partes de estas, secas, conservadas, identificadas y acompañadas de información crítica, como la identidad del recolector, el lugar y fecha de la recolección y el hábitat donde se encontraba.

«Un herbario es una herramienta didáctica en la educación botánica, útil no solo por ofrecer una base material con el propósito de estudiar la diversidad de las plantas, sino  también por la experiencia que aporta al recoger las muestras en su ambiente. Esto, sin duda, es un caudal de experiencia y conocimientos para los estudiantes», argumentó el profesor.

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