¿La sabiduría del mouse?

Juventud Rebelde vuelve sobre el tema del «corta y pega» en la educación. La polémica, en vez de resolverse, parece agudizarse cada vez más con la extensión de las nuevas tecnologías

Autor:

Amaury E. del Valle

Ctrl+C y Crtl+V. Estos quizá sean dos de los comandos más usados en muchos sistemas operativos, especialmente aquellos que tienen procesadores de texto como Microsoft Office.

Sin embargo, más allá del acto de «copiar» y «pegar» que puede usarse para trasladar información de un soporte a otro, o de una página web a una hoja en blanco, este síndrome del «corta y pega», al cual ya nos hemos referido en otras ocasiones, parece agudizarse cada vez más, especialmente entre niños y jóvenes.

Usar Internet, la información que hay en las redes y páginas web nacionales, y hasta la que se encuentra en enciclopedias digitales como EcuRed, Wikipedia o la ya obsoleta pero todavía viva Encarta, es una costumbre generalizada entre muchos educandos.

Si bien es real que su mal uso es enfrentado por muchos profesores y maestros, otros parecen hacerse de la vista gorda, mientras que son en la mayoría de las ocasiones los padres los principales cómplices de esta negativa manifestación.

La poca cultura de lectura entre pequeños y adolescentes, junto al insuficiente uso de las bibliotecas, muchas de las cuales además poseen una bibliografía poco actualizada o presentan difíciles condiciones materiales, conspira contra el facilismo de quienes prefieren ante un trabajo práctico plagiar la web antes de crear por ellos mismos.

«Intertextual»

La polémica sobre el «corta y pega» no es nueva, ni tampoco exclusiva de Cuba, pues se trata de un tema debatido por los pedagogos a nivel internacional.

Existen desde los más acérrimos detractores, que consideran que cualquier consulta digital es ya de por sí una cierta forma de plagio, hasta quienes lo ven desde un punto de vista más objetivo, considerándolas una fuente más, que por supuesto debe ser procesada posteriormente por el estudiante.

Tampoco escapan al debaten los diferentes niveles educacionales, pues el fenómeno puede apreciarse desde los grados más tempranos de la Primaria, hasta el mal entendido concepto de la intertextualidad que algunos pretenden aplicar en trabajos de diplomas universitarios y hasta los que se presentan en maestrías y doctorados.

Lo cierto es que si bien el hecho de copiar, incluso sin citar de dónde se hizo, es considerado por la mayoría de los docentes como un fraude, cuando se trata de trabajos prácticos las fronteras son más difusas y las exigencias mucho menores.

Frecuente es encontrar imágenes sacadas de la web y posteriormente impresas, o textos que son «descargados» por los padres o tíos para que posteriormente —en el mejor de los casos— los niños los recopien con su letra, sin que medie un estudio profundo sobre el tema.

Esta última parece haber sido la solución mágica encontrada para eludir, al menos en Primaria, las alertas sobre los trabajos que eran entregados por los alumnos de grados inferiores ya tecleados e impresos en computadora.

En el caso de Secundaria, Preuniversitario y hasta la Universidad el fenómeno es mucho más complejo, porque muchas veces se exige la entrega de trabajos «presentables», lo cual de cierta forma ya disculpa que se use la computadora para mucho más que volcar sobre el papel lo que antes se escribió en ella.

Así, los tijeretazos que dan los muchachos, con la complicidad de adultos, a textos que alguien alguna vez parió desde su inteligencia, pululan en las carpetas de los profesores, que no pocas veces no saben qué hacer con el informe, al no tener cómo probarle, aun sospechando que es así, que se trata de plagio de un material «bajado» de Internet.

Libro en pantalla, trabajo copiado

La carencia de bibliografía impresa contemporánea en muchas materias, especialmente cuando se va ascendiendo de nivel educacional, y las limitaciones materiales del país en los últimos años, han obligado a decantarse por los textos digitales como una fuente viable de actualización académica.

No obstante sus bondades, lo anterior también ha conllevado el peligro de que sea relativamente muy fácil cortar y pegar lo escrito por otros para intentar pasarlo por propio, algo que no siempre es fácil de detectar ante la profusión de información que existe en los espacios virtuales.

Tampoco faltan los que han encontrado en ello hasta una forma propia de hacer turbios negocios, convirtiéndose en «hacedores» de trabajos o buscadores de información.

Igualmente, muy pocas veces se exige citar las fuentes de un trabajo y hasta entrecomillar las citas, con lo cual no faltan quienes plagian secciones de texto de diversas fuentes anónimas, que van armando cual ladrillos, y que con un poco de maquillaje de redacción presentan como si fueran ideas propias.

A lo anterior se suma el hecho de que a veces se le pide al alumno verdaderas disertaciones, casi filosóficas o enciclopédicas, sobre un tema, que rebasan su capacidad intelectual o el tiempo que tienen para hacerlas, por lo cual terminan haciéndolas papá, mamá o un tío, quienes en la mayoría de los casos descargan la información de Internet para salir del apuro.

Y como denunciábamos en un trabajo anterior sobre el tema, si en una cara de la moneda están los docentes que, deslumbrados por la evidente exquisitez de colores, información y páginas del trabajo práctico, lo «premian» con la mejor nota, en la otra están los padres molestos porque al niño no le dieron la mejor nota por el tratado que ellos le construyeron.

Quienes creen que con un par de clics se resuelve una nota o se obtiene un título están convencidos de que atrás quedaron los tiempos de los libros prestados, las horas en biblioteca y los trabajos de clases realizados tras horas de lectura y reflexión.

Tampoco las condiciones para ello son las mejores, pues a la falta de materiales actualizados en las bibliotecas se suma el hecho de que los disponibles en formato digital no están siempre disponibles para su impresión, por lo cual obligan a que el alumno les eche una ojeada rápida sobre la pantalla, y casi lo impulsan al facilismo de copiar y pegar.

Es cierto que ahora se cuenta con más y diversas fuentes de información vía web, y que por ende esto debiera redundar en mayor preparación de los que el día de mañana serán los profesionales del país. Pero, ¿está sucediendo verdaderamente así?

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