Hombres y mujeres irán al cielo

A 50 años del primer viaje de una mujer al espacio se reavivan las ideas de conquistar este en el futuro inmediato con asentamientos en otros planetas

Autor:

Amaury E. del Valle

«Es mi planeta favorito. Lo más probable es que los primeros vuelos a Marte sean solo de ida; esa es mi opinión. Yo estoy dispuesta, pero lamentablemente esto no ocurrirá pronto».

Las afirmaciones de la primera mujer astronauta del mundo, la rusa Valentina Tereshkova, le han dado la vuelta al planeta reseñadas por diversas agencias de prensa, las cuales se han hecho eco del cincuentenario de la fecha en que por vez primera una fémina conquistó el espacio.

Hace 50 años, el 16 de junio de 1963, la joven que apenas tenía 26 y había trabajado en una fábrica de neumáticos y practicado el paracaidismo, ascendió al espacio sideral en la nave Vostok 6, a las 12:30 hora de Moscú, y estuvo allí en un vuelo que duró casi tres días, en los que la nave giró 49 veces alrededor de la Tierra.

El recordatorio del viaje al cosmos de la Tereshkova ha servido para volver a situar en el debate público no solo la presencia de la mujer en las misiones espaciales, sino también la posibilidad de regresar a la Luna e incluso conquistar otros planetas como Marte.

La astronauta, al expresar su deseo de ir al llamado Planeta Rojo, confesó que a pesar de ser un sueño, le gustaría «ver si allí hubo vida. ¿Y si hubo, por qué ya no la hay? ¿Qué catástrofe tuvo lugar en ese planeta?».

La idea quizá no sea tan loca como parece a primera vista, pues ya varios países, entre estos Estados Unidos, Rusia y China, pero también algunos europeos, han expresado tener planes para de una u otra forma llegar no solo al satélite de la Tierra sino a su planeta vecino más cercano.

Incluso una empresa privada holandesa, Mars One, ha lanzado desde abril y con fecha de cierre en agosto de este año la primera convocatoria abierta para buscar voluntarios que quieran ir a Marte en un viaje «sin retorno» para el año 2022.

La idea, bastante fantasiosa por cierto y que tiene grandes desafíos desde el punto de vista científico y económico, ha atraído a miles de personas de más de cien países a inscribirse como postulantes, entre ellos... un cubano.

La Mars One Foundation supuestamente es una organización sin ánimo de lucro que pretende enviar humanos a Marte para establecer el primer asentamiento permanente fuera de la Tierra.

Para ello, además de buscar patrocinadores, ha pensado vender los derechos de transmisión del viaje a la televisión y así sacar el dinero suficiente para organizarlo.

La idea es primero enviar una serie de satélites de exploración, así como módulos de suministros y habitacionales, para posteriormente en 2022 mandar el primer grupo, y posteriormente otros cada dos años.

En cada viaje la tripulación estaría formada por dos hombres y dos mujeres, para que puedan reproducirse, aunque los organizadores aseguran que no se enviarán parejas para evitar conflictos.

Y aunque todo puede parecer ahora demasiado irrealizable, de lo que nadie tiene dudas es de que la conquista de otros satélites y planetas tendrá lugar tarde o temprano, como aseguró en los homenajes hacia ella la primera mujer cosmonauta de la historia.

El «espacio» de las mujeres

Chaika, en ruso gaviota, fue el nombre en clave de la misión de Tereshkova, que formaba parte de un grupo de mujeres astronautas entrenadas para llegar al espacio y así poder investigar los efectos de la gravedad en ellas, y a la par adelantarse a una iniciativa norteamericana similar que venía gestándose.

Tereshkova no solo fue la primera mujer cosmonauta, sino que mantuvo su título durante mucho tiempo, casi 20 años, hasta que en agosto de 1982 la también entonces soviética Svetlana Savitskaya viajara en la Soyuz T-7 junto al comandante Leonid Popov y el ingeniero de a bordo Aleksandr Serebrov.

Savitskaya volvería al espacio en 1984 y sería también la primera mujer en hacer una caminata espacial, y hay quien especula que «en nombre de la ciencia» fue también protagonista de la pionera relación sexual sideral, si bien los mismos protagonistas lo han desmentido en reiteradas ocasiones.

La tercera mujer en el espacio fue la norteamericana Sally Rider, quien alcanzó las alturas en 1983 con el tristemente célebre Challenger, el mismo transbordador que se desintegraría en su despegue el 28 de enero de 1986 causando la muerte de sus siete tripulantes, entre ellos dos mujeres, la doctora Judith Resnik y Christa McAuliffe, una maestra de secundaria que había enseñado historia y artes antes de ser seleccionada como candidata a astronauta.

Aunque otras mujeres de diferentes nacionalidades han efectuado misiones espaciales, no podemos dejar de mencionar el viaje en junio de 2012 de Liu Yang, la primera china en alcanzar el cielo, que cierra así el cuadro de las tres naciones, la Unión Soviética actual Rusia, Estados Unidos y China, que han logrado poner a tripulantes en el espacio sideral.

Casada y con hijos para ser cosmonauta

La preparación de la Tereshkova y otras mujeres junto con ella no fue precisamente un lecho de rosas, e incluso ella sustituyó a la candidata inicial y hasta tuvo problemas en su vuelo, debido al cansancio acumulado, por lo cual no pudo orientar la nave en el eje transversal, y nunca le fue confiado el mando manual de la nave.

La cosmonauta en más de una ocasión ha reconocido que por un cúmulo de catástrofes y fracasos muchas mujeres soviéticas no pudieron viajar al espacio, en una historia muy similar a lo sucedido en el resto de los emprendedores espaciales, si bien en todos ha estado la idea de que las féminas debían conquistar el espacio.

De hecho, de forma paralela a la entonces URSS, Estados Unidos desde 1960 trató de investigar la aptitud de la mujer para el espacio, realizándoles pruebas a 13 féminas, todas pilotos con más de 1 500 horas de vuelo, menos de 40 años, menos de 1,8 metros de estatura y titulación universitaria.

Algunos señalan que fue el conocimiento de estos experimentos por parte de los norteamericanos lo que aceleró el viaje de la Tereshkova, aunque ella misma ha explicado que desde un inicio existía la idea de formar un equipo de damas siderales.

Lo cierto es que la ciencia y la historia de la astronáutica se han encargado de echar por tierra prejuicios y machismos, demostrando que no existen grandes diferencias entre hombres y mujeres en los viajes al cosmos, si bien es verdad que se plantean ciertos desafíos tecnológicos.

Uno de los principales ha sido el problema de la higiene personal femenina, el cual habría complicado el diseño de los trajes, los programas y los sistemas de las cápsulas, por lo cual se habrían dejado a un lado estas transformaciones necesarias en una primera etapa, debido a su excesivo costo.

No obstante, con el ulterior desarrollo tecnológico estas sinuosidades han ido quedando atrás, y cada vez son más los expertos que aseguran como indispensable la presencia del otro sexo en estaciones orbitales o las bases en la Luna y los planetas, donde en los largos períodos de estancia será necesaria la convivencia de parejas humanas para mantener una armonía indispensable en todos los aspectos.

Incluso en ello de cierta forma ha sido pionera la misma Tereshkova, pues al haber estado casada con el también cosmonauta Andrián Nikoláyev, su hija en común, Elena, quien es doctora, se convirtió en foco de atención para los especialistas por ser el primer hijo concebido por padres que estuvieron expuestos a los efectos de la ingravidez.

Quizá eso explique de cierta forma por qué los chinos, 50 años después y con intenciones de llegar al menos a la Luna, hayan visto los experimentos sobre el cuerpo femenino desde otra óptica.

Para ellos, entre los requisitos que deben tener sus mujeres astronautas están los de ser pilotos militares, tener excelente salud, estar casadas y haber tenido hijos, algo que cumplen tanto Liu Yang como Wang Yaping, las dos que han visto la Tierra desde afuera... como mismo hizo hace 50 años Valentina Tereshkova.

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