El rechazo al tacto rectal aumenta el número de muertes por cáncer de próstata

Las estadísticas apuntan que la mortalidad por cáncer de próstata es más alta en países latinos, como Cuba Pregunte sin pena¿Suficientes razones para divorciarse? Sabías que...Pasar más tiempo con la pareja podría reducir los riesgos de hipertensión arterial  

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

Un grupo de hombres maduros, en pijama, aguardan su turno para verse con cada especialista. Es un chequeo de rutina para velar por su salud. Hablan de muchos temas: deporte, política, familia... y de las molestias del propio chequeo.

Deberán probarse con paciencia un sinnúmero de cristales, hasta encontrar los que corrijan defectos visuales propios de su edad. El otorrinolaringólogo observará las gargantas. La técnica de laboratorio pinchará sus venas en busca de sangre para analizar. El estomatólogo extraerá piezas perdidas y obturará las que lo necesiten... Aunque necesario, el exhaustivo estudio no deja de ser incómodo, y hasta invasivo al cuerpo.

Pero no son tales molestias las que les preocupan. Saben que si huyen ante una jeringuilla o ante la «maquinita» del dentista, su hombría se resiente ante el resto del grupo. Lo que les preocupa es «lo otro», la prueba «fatal», el aldabonazo a sus prejuicios machistas.

Si alguno se muestra demasiado reticente y mira hacia la puerta, como queriendo huir, se convierte en blanco inmediato de bromas y provocaciones. Hacia ese «preocupado» se vuelcan, como aliviadero, las tensiones de todos.

El cirujano llama. Uno a uno entran a la consulta, y a los pocos minutos salen, intentando disimular su desasosiego. Los menores de 44 años, a los que aún no «les toca», se ceban en los mayores.

Uno de ellos les contesta con expresión filosófica: «Ya les llegará el turno... Y mejor así, porque tener un cáncer y no saberlo a tiempo no es cosa de juego».

LA VIDA O...

El cáncer de próstata está reportado en el mundo como el sexto tipo más abundante de tumores, y el tercero cuando se trata de hombres, solo superado por el de pulmón y el de piel.

Sin embargo, las posibilidades de que el paciente evolucione con una calidad de vida aceptable mejoran con un diagnóstico temprano, para lo cual es imprescindible la realización del tacto rectal, que permite al cirujano comprobar el estado de la próstata y orientar exámenes complementarios ante cualquier sospecha.

Según reportes del Instituto Nacional de Oncología y Radiología (INOR), la incidencia de este tipo de tumor tiende a crecer en Cuba, por lo que ya se considera un problema de salud importante, sobre todo a partir de la quinta década de vida.

Cuando se diagnostica en etapas iniciales, es curable. De ahí la importancia de realizar un pesquisaje temprano a todos los hombres que llegan a los consultorios con síntomas urológicos, y aquellos que se contemplan en los grupos de riesgo, sobre todo por criterio de edad o en los casos en que exista algún familiar de primer grado que lo haya padecido.

Las estadísticas apuntan que la mortalidad por esta causa es más alta en países latinos, como el nuestro, porque la mayoría de los pacientes llegan a la consulta en un estado ya irreversible de la enfermedad.

En estos casos puede decirse, de manera metafórica pero verídica, que estos pacientes no mueren de cáncer, sino de «hombría», pues le deben su gravedad a una negativa —por razones culturales esencialmente— a recibir los estudios de rutina, aún cuando todo indica que algo no está funcionando bien en sus cuerpos.

El tratamiento de la enfermedad ha evolucionado favorablemente desde finales de la década pasada. Se estima una sobreviviencia de casi un 50 por ciento entre los pacientes a quienes el cáncer es detectado en un estadio temprano, sin tiempo para que ocurra la metástasis hacia otros órganos.

En cambio los que acuden muy tarde en busca de ayuda solo tienen un 18 por ciento de probabilidad de estar vivo en los próximos cinco años. El primer paso para este desenlace es negarse a la prueba del tacto rectal.

NUEVA PRUEBA

Desde el 2003, Cuba cuenta con una prueba analítica complementaria para confirmar el cáncer de próstata sobre la base del Sistema Ultra Micro Analítico (SUMA). Se trata de un paquete de reactivos obtenidos gracias a la cooperación de varios centros científicos de la capital y el centro del país.

El estuche UMELISA-PSA descubre cualquier trauma o afectación de la próstata con el reactivo denominado PSA total, y el PSA libre saca a flote las mayores afectaciones. La relación entre ambos, expresada en porcentaje, alerta sobre el riesgo de padecer un cáncer de próstata.

Si la prueba arroja menos de un 25 por ciento en esta relación, se recomienda un seguimiento clínico. No implica necesariamente que se trate de un cáncer prostático, pues también la hiperplasia o inflamación benigna de esta glándula puede reflejarse en la prueba.

A juicio de los expertos, el PSA es útil sobre todo para el seguimiento del paciente, porque ayuda a establecer la reacción que ha tenido el cuerpo tras un tratamiento medicamentoso o quirúrgico.

De cualquier modo, ni esta prueba, ni el ultrasonido, pueden tomarse como conclusivas de un estudio aislado. Nada sustituye la valoración clínica por parte de un cirujano o un urólogo de todos los síntomas que confluyen en el paciente.

Para confirmar el diagnóstico es necesario la realización de una biopsia o estudio de tejido vivo extraído del órgano afectado, proceder que no puede aplicarse a la ligera, como a veces han sugerido algunos pacientes más «cuadrados», por la relación que esta glándula tiene con las funciones sexuales y reproductivas en el hombre, y porque ningún remilgo justifica poner en juego la salud, ni siquiera aquel refrán de los abuelos, inoperante en este caso de elegir «primero muerto que desprestigiado».

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