Microorganismos de la ¿mala suerte?

Las Infecciones de Transmisión Sexual se convierten en el factor de mayor incidencia entre los riesgos de padecer problemas de fertilidad

Autor:

Mayte María Jiménez

En América Latina uno de cada tres hombres está infestado por Clamidia trachomatis,  el promedio de incidencia en las parejas se ha disparado ante un aumento de las relaciones sexuales promiscuas y desprotegidas.

Esta Infección de Transmisión Sexual (ITS), junto a las provocadas por micoplasmas y trichomonas, constituye una de las enfermedades que anualmente suma la mayor cantidad de casos a las consultas de infertilidad y Cuba no es la excepción.

Divididas en cinco grandes grupos las ITS ocasionan trastornos en el aparato reproductor femenino y masculino. En el primer grupo están las conocidas como bacterianas, que agrupan las vaginosis, la gonorrea, clamidias, y puede contener los micoplasmas. Todos inciden en el equilibrio ácido-base de la vagina, obstruyendo el recorrido del semen. Los espermatozoides pierden movilidad e incluso pueden ser eliminados en pocas horas.

Según explicó el doctor Miguel Aguilar Charara, especialista en Ginecología y Obstetricia y jefe del Laboratorio de Reproducción Humana del hospital capitalino Ramón González Coro, estos microorganismos actúan a nivel del cuello del útero y lo irritan, produciendo la cervicitis o inflamación del mismo. Entonces la esperma no llega a las trompas pues se bloquea la entrada al útero.

En los hombres las infecciones producen uretritis y/o secreciones matutinas alrededor de la uretra. Los gérmenes ascienden y colonizan la próstata, las vesículas seminales y los conductos deferentes, ocasionando estados inflamatorios que pueden devenir graves e incidir en la producción y calidad de los espermatozoides.

Las afectaciones en los testículos, por ejemplo, provocan trastornos en la morfología del semen, pues en ellos se encuentra una estructura tubular, el epidídimo, en la que los espermatozoides se depositan para su maduración.

Otra infección de influencia mundial es la producida por protozoos: trichomonas.

En estos padecimientos el principal síntoma es la secreción vaginal, aunque indistintamente puede acompañarse por sensación de ardor, picazón o enrojecimiento de las zonas genitales.

Alerta el especialista que en este sentido, la única secreción vaginal que la mujer sexualmente activa puede considerar normal, es la que ocurre en los días preovulatorios, como parte de la producción de mucus cervical.

Si el padecimiento se presenta fuera de este período, se debe visitar al médico y atender cuanto antes la posible infección en aras de evitar secuelas lamentables.

En tanto, las ITS micóticas como monilias o Candida albicans; las virales, entre ellas herpes virus, papiloma virus y Moluscum contagioso, y las producidas por espiroqueta, conocida como sífilis, constituyen los otros tres grupos.

Aunque muchas personas consideran la monilia como un padecimiento inofensivo, asevera el doctor Aguilar que se ha demostrado que es muy elevada su influencia en las estructuras de la vagina.

Este hongo, de mayor prevalencia en las zonas de clima cálido, destruye la mucosa, y propicia las condiciones para el desarrollo de otros agentes oportunistas, que provocan luego infecciones bacterianas.

En Estados Unidos, por ejemplo, se pronostica que el 75 por ciento de las mujeres presentarán un episodio de candidiasis en su vida y alrededor del 50 por ciento tendrán una recurrencia.

Las ITS clasificadas como virales no influyen directamente en la fertilidad, con excepción de algunos tipos de papilomas virus, precursores del cáncer de cuello de útero, que ocasionan alteraciones displásicas o reacciones inflamatorias.

En este caso el tratamiento puede ser quirúrgico y cualquier intervención en esta zona del aparato reproductor femenino altera la calidad del mucus cervical y repercute en la transportación de los espermatozoides.

INADVERTIDAS, PERO PRESENTES

Según la Organización Mundial de la Salud, cada año se diagnostican unos 92 millones de casos de clamidia. De ellos alrededor del 90 por ciento no presentan síntomas.

En la mayoría de los casos la infección pasa inadvertida y no se toman las medidas necesarias para evitar las consecuencias y el contagio a otras personas.

Existen parejas que achacan a la «mala suerte» la pérdida constante de los embarazos, pues no encuentran una causa anatómico-funcional a tales trastornos.

La respuesta generalmente se encuentra relacionada con las infecciones que se originan tanto en el útero como en los deferentes masculinos, y que muchos subestiman.

Al promoverse un proceso silente de replicación de este microorganismo, la mujer se infesta poco a poco. Los agentes patógenos tienen una «predilección» por las Trompas de Falopio, y se daña el tejido, interrumpiendo una posible fecundación e incluso puede propiciar la ocurrencia de embarazos ectópicos.

Muchas veces las bacterias se detectan en el semen, y no en el mucus cervical de la mujer. Todo tratamiento debe ser asumido por la pareja, pues ante actitudes irresponsables la mujer se convierte en reservorio, y el varón puede reinfestarse.

Además, apunta el doctor Aguilar que se debe evitar el abuso de los antibióticos en el tratamiento. El uso indiscriminado produce la destrucción de la flora lactobacílica de la vagina, mecanismo encargado de la defensa de la mucosa, debilitando su escudo, lo cual la hace más propensa a desarrollar otras enfermedades micóticas o bacterianas.

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