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Concluye mañana jornada mundial contra la violencia

La sección Sexo Sentido propone, a propósito de esta jornada, una reflexión y acercamiento sobre este asunto visto desde la formación de la masculinidad La violencia de género y sus variantes Pregunte sin pena

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

A partir de los dos años de edad, niñas y niños comienzan a reproducir roles de género, observados en adultos u otros menores: pautas asignadas como «complemento» a sus dotes naturales como seres sexuados.

En ese camino, el proceso tradicional de construcción de la masculinidad suele ser violento en muchos aspectos, pues supone la imposición arbitraria de un conjunto de normativas culturales estereotipadas que lastiman, humillan y amputan características inherentes a todo ser humano.

La sensibilidad, la ternura, el mostrar físicamente el dolor y otras expresiones consideradas absurdamente como femeninas, suelen ser reprimidas o sustituidas en los varones por otras, ligadas a la fuerza y el poder.

No es de extrañar entonces que la salud física y mental de esos adolescentes educados bajo un machismo a ultranza se afecte grandemente, en especial la de aquellos que no cumplen con el patrón de rudeza o masculinidad hegemónica que se espera de ellos.

En esos casos, la violencia que les «correspondería» ejercer puede volverse en su contra, lo cual genera sentimientos de soledad, rechazo y humillación, que influyen de forma negativa en su inserción psicosocial.

No solo sufren agresiones físicas o verbales por ser considerados, desde lo social, como diferentes, sino que, además, algunas personas los evitan, y hasta les prohíben a los muchachos de su edad relacionarse con ellos.

Tal es el tema que el doctor Carlos Manuel Rodríguez Aguiar, especialista de Primer Grado en Psiquiatría Infantil, desarrolló en su tesis para optar por el título académico de máster en Sexualidad.

Sus estudios demuestran que estos muchachos tildados de «débiles» son sometidos a burla, discriminación o crítica, y por tanto piensan que nadie los quiere. En el fondo no son ni más ni menos masculinos que sus coetáneos: sería muy temprano para afirmar tal cosa.

EDUCAR DESDE LA EQUIDAD

Identidad de género y preferencia sexual no son una camisa de fuerza para usar desde el nacimiento. Es un error medir la «hombría» por el tamaño de un órgano, el tono de la voz o el trato más o menos agresivo hacia los demás.

A pesar de no cumplir con las «normas» impuestas por la sociedad, los adolescentes estudiados por el doctor Rodríguez se valoraron a sí mismos como masculinos, lo cual coincide con otros reportes internacionales.

Según el español Antonio Becerra, experto en diferenciación sexual, solo el dos por ciento de las personas con rasgos de transexualidad en las primeras edades mantienen esa tendencia en la adultez, y otro por ciento también mínimo llega a preferir las prácticas homosexuales a las heterosexuales, incluso cuando se sienten identificados con el género asignado según su apariencia.

En cambio, las exigencias de mayor agresividad a que se someten los varones desembocan muchas veces en trastornos mentales depresivos, ansiedad u otros elementos neuróticos que marcan su personalidad en formación, lo cual repercute negativamente en su salud general, incluido el riesgo potencial de conductas suicidas.

La familia, y principalmente los padres, desempeñan un papel muy importante en la formación de los individuos. En ese medio se adquieren los valores necesarios para su adecuada adaptación en la comunidad.

Según la educación que se les dé, así actuarán en el ámbito social, por eso debemos brindarles todo el apoyo que necesiten y propiciarles un contexto socio-cultural favorable para su sano desarrollo.

El sistema judicial de cualquier país, y sus instituciones de salud, pueden hablar extensamente de las secuelas de una violencia aprendida desde la infancia como método para obtener lo que se quiere en la vida.

Tanto se esfuerzan algunas familias para que los hijos no parezcan «niñitas», que algunos ni siquiera se comportan como humanos. La piedad hacia los más débiles, ya sean personas o animales, no cuenta en su manual de aprendizaje para varones rudos.

Solo la coeducación y la eliminación del sexismo en las prácticas socializadoras entre géneros pueden contribuir a desmontar esta violencia, asimilada desde la infancia, muchas veces desde el papel de observador o de víctima que solo espera su momento para probar fuerzas.

La comunicación es un factor imprescindible: permite aprender a respetar a los demás, a aceptar errores, recibir orientación especializada y buscar soluciones a los problemas.

Para este mal no hay antídoto ni vacuna. La solución la tenemos nosotros mismos, si somos conscientes de la violencia que a veces generamos y evitamos actitudes de este tipo en la crianza de los hijos.

Controlar los impulsos negativos e incorporar nuevos valores a nuestra personalidad, son algunas de las acciones positivas que podemos poner en práctica. Si a todo eso le agregamos un poquito de amor, contribuiremos al incremento de la paz en nuestra sociedad.

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