Los secretos del pene

Las razones para circuncidar el pene pueden ser estéticas, culturales o por salud. Tal práctica no afecta el desempeño sexual

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

La circuncisión brinda la solución a la fimosis y evita complicaciones infecciosas o trastornos futuros en la respuesta sexual del individuo. Un número considerable de varones en todo el mundo son operados para eliminar la piel que recubre su pene. Las razones para circuncidar pueden ser estéticas, culturales o por salud. Tal práctica no afecta el desempeño sexual

Julio David matriculó en una escuela en el campo este curso. Por primera vez se separó de su familia para convivir con otros jóvenes en una beca. Según cuenta, adaptarse ha sido fácil para él, excepto por un detalle: a la hora del baño, sus compañeros se burlan de su pene porque no tiene prepucio.

Algo que fue natural para él desde pequeño ahora se ha convertido en un problema, por más que su padre le explique que la operación era necesaria por razones de salud, puesto que la piel era demasiado estrecha y le impedía al glande salir de su capullo para orinar o para ser lavado.

Este problema, llamado fimosis, es más frecuente de lo que muchos suponen. Su diagnóstico se confirma a partir de los dos años, cuando el prepucio se niega a desplazarse a pesar de la manipulación adecuada de padres y personal facultativo. Popularmente se conoce como «caballero cubierto».

La solución en estos casos es realizar una circuncisión, que consiste en cortar la piel sobrante y dejar libre al glande, evitando así complicaciones infecciosas o trastornos futuros en la respuesta sexual del individuo.

Al parecer, Julio David es el único varón circuncidado en su grupo, y ante la novedad de algo que no saben explicar los amigos aventuran que el joven «sentirá menos» al hacer el amor, eyaculará muy rápido o las muchachas lo van a rechazar porque su miembro luce «muy raro».

Nada más lejos de la verdad. Varias culturas, como la hebrea y la musulmana, someten a esta práctica a todos sus niños, incluso los sanos, sin privarlos por ello del placer sexual. Para ellos es una tradición milenaria, una forma de agradar a sus dioses, herencia de sus antepasados nómadas, cuando el agua era escasa y se precisaba esta medida para mantener la higiene genital adecuada.

Según cuenta el andrólogo español José Luis Arrondo, en Estados Unidos y varios países europeos se estila «sacar punta al lápiz» durante la adolescencia o poco antes de contraer matrimonio, aún sin razones médicas o culturales: simplemente como una moda que si bien no es «un estimulante sexual» como algunos piensan, tampoco hace daño.

MÁS AIRE, MENOS HUMEDAD

Según explica Arrondo en su libro Historia íntima del pene, un glande permanentemente tapado, ya sea por fimosis o por falta de hábitos higiénicos adecuados, corre numerosos riesgos al permanecer en un ambiente húmedo y sucio debido a la retención de orina y esmegma, sustancia blanquecina segregada para lubricar la zona.

Sobre todo es común la aparición de infecciones bacterianas, como la balanopostitis supurada, que produce enrojecimiento, dolor y prurito o picazón. Algunas enfermedades crónicas, como la diabetes, favorecen estas molestias, precisa el especialista.

La esmegma acumulada puede endurecerse y formar quistes grasos e incluso calcificaciones, que algunos pacientes confunden con un tumor cuando solo se trata de un molesto testigo de la falta sistemática de agua y jabón.

No obstante, cuando estas infecciones tienden a repetirse a cualquier edad, a pesar de mantener una correcta higiene genital —sobre todo tras orinar o tener relaciones coitales—, lo más recomendable es circuncidar.

Arrondo asevera que el cáncer de pene está relacionado con estas infecciones crónicas de algún modo, puesto que es un padecimiento casi desconocido en los países donde la circuncisión es práctica habitual en todos los varones.

Otra afección bastante frecuente, según explica el andrólogo, es la llamada parafimosis: cuando el prepucio puede bajar, pero luego no retrocede a su lugar, sino que forma un anillo que estrangula al glande, cuya punta puede llegar a ennegrecer por falta de riego sanguíneo.

Es algo que pasa sobre todo en adolescentes durante la masturbación o en niños pequeños al tratar de lavarles, pero no puede descartarse en otras edades.

Si esto sucede es preciso acudir a un médico para que lo resuelva, ya sea con una manipulación adecuada o mediante un corte del anillo después de aplicar anestesia local. Tarde o temprano estos pacientes son candidatos a una circuncisión, para evitar futuros sustos.

¿PRÍNCIPE O MENDIGO?

A pesar del valor que otorgan ciertos hombres a sus genitales, y especialmente al pene, al punto de considerarlo el órgano más importante de su cuerpo y organizar la vida en función de su placer, no pocos le dedican a su cuidado menos tiempo del que debieran.

La operación es bastante sencilla, y se hace por servicio ambulatorio en la red hospitalaria de todo el país. Luego requiere de una higiene adecuada y preservar de golpes involuntarios la zona. Los puntos son poco visibles y no interfieren en el normal desarrollo del varón.

Tampoco es cierto que esta cirugía modifique el tamaño del pene, como nos preguntaba recientemente un lector. Al circuncidar solo se quita la piel que cubre al glande, que orgánicamente no depende de ella: la erección responde a la capacidad de dilatarse de los cuerpos cavernosos, a la elasticidad de sus tejidos.

Lo demás es pura impresión, en la cual influye que muchos hombres perciben su propio falo desde arriba, en una perspectiva que no les favorece ópticamente, en lugar de mirarlo en el espejo como lo ven los demás. Además debe tenerse en cuenta que el pene está naturalmente «diseñado» para ser usado en erección y es en esa forma que debe medirse.

También se quejan algunos de cierta hipersensibilidad que llega a ser dolorosa, puesto que no están acostumbrados a que el glande roce directamente con la ropa o en la manipulación para lavarlo. Es una molestia que pasa en breve tiempo, asegura el doctor Arrondo. Durante el coito las sensaciones no cambian, porque lo usual es que el glande esté descubierto, en contacto con la vagina.

Pronto el pene se acostumbra a las muchas ventajas de su nueva imagen, que no tiene en realidad ninguna desventaja. Cuando la salud y el bienestar sexual exigen «descubrir» permanentemente al caballero, la opinión estética de los demás no es lo que debe importarnos.

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