Otro día sin papá - Sexo Sentido

Otro día sin papá

Autor:

Juventud Rebelde

A pesar de que estudios actuales demuestran un nuevo modelo de padre en la sociedad cubana, quedan por ahí hombres renegados que olvidan pronto ese pedacito suyo

SANTA CLARA.— La maestra insiste en la frase en medio del aula. Daniel mueve la cabeza y observa a sus amigos cuando escriben las palabras que una y otra vez le impacientan: «Yo amo a mi papá».

Daniel duda. No sabe qué hacer. Busca en su memoria, en los recuerdos hogareños, en los días de juegos, y la figura paterna no se dibuja ni en los retratos de familia que conserva mamá. ¿Dónde estará mi papá?, se pregunta desconcertado mientras la voz de la maestra apura y la página espera.

Otros pensamientos, por suerte, alegran al pequeño, y como el que descubre la mano amiga al final del camino, estampa en la hoja la luz de su vida: «Yo amo a mi mamá».

Termina nervioso. Entrega la libreta, inseguro. La maestra regaña y una R roja adorna su cuaderno. Él no entiende, solo ha escrito su verdad, no puede mentir porque su papá —o ese que dicen que lo es—, nunca ha querido reconocerlo como hijo, así que para Daniel este Día de los Padres será como otro cualquiera.

Si para muchos niños y niñas el tercer domingo de junio representa festejos, caricias y besos, para él (sabemos no es el único) significa otro día más en la eterna añoranza de sus cortos nueve años.

Ojalá esta historia fuera falsa y viviera únicamente en mi imaginación, pero no: aunque el pequeño no lleva por nombre Daniel es un ser real, una de tantas criaturas anónimas que sufren la falta de tan importante patrón familiar.

Divorcios, separaciones y otros asuntos «de mayores» desgraciadamente generan un desapego total con la prole. No voy a concentrarme en cifras, ellas resultan carentes de valor en un tema que penetra tanto las emociones y los afectos, porque para una madre lo de menos es la ayuda económica, aunque resulte de gran utilidad.

Hay, por supuesto, vías legales en nuestro país para demandar tales actitudes antipaternas. ¿Pero acaso la solicitud, aún refrendada por un tribunal, trae consigo el cariño, los lazos afectivos tan necesarios para el menor? ¿Para qué exigir un apellido si papá volteará su cara en la calle y rara vez le premiará con besos?

A pesar de que estudios actuales demuestran un nuevo modelo de padre en la sociedad cubana, quedan por ahí hombres renegados que olvidan pronto ese pedacito suyo.

«No estaba seguro de que el embarazo fuera mío», reza una excusa casi generalizada, pero la vida se encarga del desmentido porque la mayoría de las veces los bebés resultan igualitos (para no utilizar una frase más popular) a sus progenitores.

Lo doloroso de estas actitudes son las posibles consecuencias en estos menores carentes del cuidado paterno: trastornos mentales o de aprendizaje, afecciones psicológicas y problemas de personalidad que pueden influir en sus relaciones con el entorno, presentes y futuras.

Quizá muchos de estos padres distantes queden resentidos con es-tas palabras y digan que escribo sin conocer las causas de su conducta, pero antes de justificarse deberían hacer una cita con su conciencia.

Piensen que mañana esos niños, sus niños, amanecerán sin el abrazo de papá, y tal vez este domingo termine para ellos como tantos otros, y una vez más mamá será la única cómplice de los mil besos y felicitaciones que se guardan en la libreta escolar.

Conciencia en alcohol

Mañana es el día de los padres y no estoy feliz por mañana. Se podría decir que no tengo con quién celebrarlo. Es como para no sentir alegría, ¿no? Y a veces me pregunto si alguna vez tuve con quién hacerlo. Él está ahí, pero ni siquiera él sabe si está.

Mi padre vive solo. Digo: solo con el alcohol. Desde que decidió ahogar sus días en el olor de una botella de aguardiente creo que no tiene más compañía que esa. Y desde que bebe a toda hora no tiene con quién celebrar el día de los padres. Quizá olvidó que tiene un hijo. Quizá. ¿Produce amnesia la bebida? Quizá su conciencia fue a vacacionar un tiempo o se quedó sin ella. Dicen que la conciencia es soluble en alcohol.

El año pasado por esta fecha, cuando todos mis amigos estaban en compañía de sus papás, yo leía un libro aparentemente aburrido. En una de las páginas estaba escrito: «El mejor legado de un padre a sus hijos es un poco de su tiempo cada día». Y me pregunté si acaso mi padre tendría algún legado para mí, más allá del nauseabundo aroma que despiden las tabernas en los días festivos, más allá de la representación de un estado semidelirante, que me hace dudar de una existencia feliz, y me hace preguntarme nuevamente si es posible que mi padre haya olvidado que existo.

Todos los días de los padres me lleno de preguntas: ¿Por qué bebe tanto mi padre?, ¿Acaso lo hace para olvidar que es alcohólico? Y lo más triste es que no puedo hallar respuestas. Cuando lo visito solo tiene para mí una pensión de 50 pesos y una apariencia lúgubre, lastimera. Ah, claro, además de eso tiene siempre una larga sesión de ausencia en la que yo intento hallarlo y jamás puedo. Creo que ya es un hombre ausente. Creo que vive, pero no sabe por qué. Creo que olvidó que todos los terceros domingos de junio hay un muchacho que espera por alguien con quien celebrar el día de los padres.

Hoy, en su día, quiero visitarlo, aunque me diga lo que ya estoy más que acostumbrado a oír de sus labios temblorosos: «cada quien elige su camino en la vida». Pero aunque le escuche pronunciar siempre las mismas justificaciones quiero estar con él por algunos momentos. Quiero sentirme como uno más de mis amigos, que tienen con quién celebrar el día de los padres. Debo apresurarme si quiero hablar con él y felicitarlo y agradecerle por haberme dado una parte de imagen corpórea, solo de mi imagen corpórea.

Debo apresurarme, porque quizá al llegar ya sea demasiado tarde y él haya comenzado demasiado temprano el culto al alcohol de todos los días. Debo andar rápido si no quiero lanzar mis felicitaciones contra la superficie desnuda de una fría pared. Debo andar rápido. (Lázaro Jorge Carrasco, estudiante de Periodismo)

Sabías que...

El Día del Padre es una celebración popular en casi todo el orbe, surgida como un reclamo familiar para complementar los festejos por el Día de la Madre.

La fecha varía de acuerdo con las tradiciones de cada región. Según Wikipedia, los serbios son los primeros en el año en festejar a los padres, el 6 de enero, seguidos de los rusos el 23 de febrero.

Una fecha en que coinciden varios países es el 19 de marzo, dedicado por los católicos a San José: España, Portugal, Andorra, Bolivia, Italia, Honduras y Macao.

Algo similar ocurre con el primer domingo de septiembre, elegido por Australia, Fiyi, Nueva Zelanda y Papúa Nueva Guinea, y con el tercero de noviembre, marcado para los padres por los finlandeses, los noruegos, los suecos, los estonios y los islandeses.

El tercer domingo de junio fue elegido por 52 naciones para dar gracias a sus papás, entre ellas Estados Unidos, Reino Unido, Francia, República Checa, Eslovaquia, Japón, India, China, Sudáfrica, Suiza, Ucrania y varias latinoamericanas entre las que se encuentran Cuba, México, Chile y Venezuela.

Como este año el tercer domingo cae 21 de junio, se suman a la fiesta los países que lo celebran siempre en esa data: Egipto, Líbano y Siria. Dos días después, el 23 de junio, es la fecha nacional del Padre en Uganda, Nicaragua y Polonia. 

Brasil y Samoa lo celebran el segundo domingo de agosto, y cierran el año Tailandia, que escogió el 5 de diciembre, y Bulgaria el 26.

En Alemania se festeja el Día del Padre el 21 de mayo, pero además existe otra celebración tradicional llamada Herrentag, que consiste en ha-cer un viaje solo de varones subiendo por una montaña con carros con vino o cerveza y comida regional.

Pregunte sin pena

E.A: Después de terminar una relación de casi dos años, según creo por falta de amor aunque nos fue de maravilla, he tenido relaciones con dos muchachas. Una para pasar el tiempo, que me hizo entender con sus actos  que el AMOR es importante hasta para disfrutar las relaciones sexuales. La otra fue mi pareja hace unos años, me confunde con su modo de actuar y tampoco la amo. Ahora estoy solo hace meses. Siento la necesidad de tener una relación en la que se pueda confiar. Alguien con quien comunicarme, que me comprenda, sea parte de mi mundo y yo del de ella. Poder tomarla de la mano y demostrarle a todos cuánto la amo, una novia que a la vez sea amiga, mujer, y ante todo sienta AMOR. He tenido la oportunidad de saciar mi sed y no lo he hecho para no caer en lo mismo. ¿Acaso esto es una tontería? ¿Soy demasiado soñador y pierdo el tiempo? Tengo 24 años.

No parece que pidas nada inalcanzable. Pronto te encontrarás con ese alguien. Sobre todo si permites que tu ideal se contamine con otros aspectos de lo real de esa persona, inimaginables ahora y difíciles de aceptar luego.

Como bien dices, el amor ayuda a disfrutar también. Creer que la pasaron de maravilla y no hubo amor es posiblemente un modo de desvirtuar lo vivido. A veces idealizamos tanto el amor que ninguna relación nos parece digna de ese calificativo. El amor es producto de una relación humana y por tanto tiene manchas como el Sol, fluctuaciones como la vida y cojea como el deseo. No por ello deja de enlazarte de un modo especial a ese otro ser.

No son pocos aquellos que se enamoran más del amor que de sus parejas. Los ideales pueden ser tan fuertes que hagan imposible de llevar la vida. A veces, nos condenamos así al aislamiento en todas las esferas de la vida. No son pocos quienes en este caso requieren ayuda especializada para poder aceptar la complejidad de los vínculos sociales.

Todos tenemos requisitos para establecer pareja. Cada quien tiene su particular forma de amar. Cada uno tiene su concepto de amor. Bien vale atenderlos para fundar lazos.

Mariela Rodríguez Méndez, Master en Psicología Clínica, Consejera en ITS y VIH/sida, Psicoanalista

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