Disfunción eréctil: Mirada al sur, aviso al frente

Más de 50 millones de hombres han sido tratados con inhibidores para contrarrestar su disfunción eréctil, logrando eficacia entre el 50 y el 80 por ciento de los casos, pero estos constituyen un recurso médico, no un milagro

Autores:

Mileyda Menéndez Dávila
Iris Armas

Jamás te desesperes, aun
estando en las más sombrías aflicciones, pues de las nubes negras
cae agua limpia y fecundante.
Proverbio chino

Más de 50 millones de hombres han sido tratados con inhibidores de la 5-fosfodiesterasa para contrarrestar su disfunción eréctil, logrando eficacia entre el 50 y el 80 por ciento de los casos según diversos reportes mundiales. De estos fármacos, el primero en conocerse fue la Viagra (silnedafilo), convertida en «esperanza azul» para adultos de avanzada edad, hipertensos, diabéticos y hombres con otros padecimientos que limitan la respuesta sexual. Más tarde llegaron al mercado Cialis (tardalafilo), Levitra (vardenafilo) y nuevas formulaciones del silnedafilo, que hoy se emplean aislados o combinados en diferentes dosis.

En una mesa dedicada al tema durante el XII Congreso Centroamericano y del Caribe de Urología desarrollado en Cuba en diciembre pasado, el español José María Pomerol insistió en que la disfunción eréctil (DE) es síntoma predictor de posibles trastornos en el sistema vascular del paciente, pues la mayoría de los hombres víctimas de un accidente cerebro vascular o cardiovascular (entiéndase isquemias, infartos…) reportaron episodios previos de DE en un plazo de dos a diez años.

Al interrogarlos resultó que muchos no dieron importancia al asunto por achacarlo a la edad u otros padecimientos, y los más jóvenes y aparentemente sanos no suelen ir a consulta porque sienten su autoestima dañada y prefieren «guardarlo para sí», con lo cual aumentan su estrés y propician el accidente coronario o cerebral posterior.

Según la llamada Teoría Mecánica, las obstrucciones en el sistema circulatorio aparecen en todas las arterias casi al mismo tiempo, pero irán dando señales primero en las de diámetro menor, como la arteria peniana (de dos a tres milímetros) y posteriormente comprometerán el flujo sanguíneo en las mayores.

Por eso cada hombre que llega a consulta por DE debería someterse a un estudio general de su organismo, y del mismo modo si consulta otras especialidades aparentemente no relacionadas debe ser explorado cuidadosamente sobre su vida sexual: «Muchos esperan que el médico pregunte primero para no “quejarse”. Es parte de nuestra cultura masculina», afirma el doctor Ramiro Fraga, presidente de la Sociedad Cubana de Sexología.

Guerra de neurotransmisores

A pesar de su propaganda y amplio uso, entre el 20 y el 40 por ciento de los casos tratados con inhibidores no cumplen sus expectativas. Por otro lado, uno de cada cuatro hombres en estudio logró erección con un placebo (sustancia inocua distinta de la que creían estar consumiendo).

Decenas de estudios en el mundo intentan explicar este comportamiento y buscan nuevas soluciones, pero lo más ético es alertar a los pacientes de lo que puede ocurrir y no alimentar esperanzas o hacerles gastar mucho dinero cuando el pronóstico es claramente adverso.

Aún así no se trata de renunciar en la primera semana. La falla puede ser un tratamiento mal aplicado, instrucciones no comprendidas, factores psicológicos, bajo interés sexual, patologías acompañantes… El doctor Pomerol asegura que en muchos casos responde a la preocupación por «no funcionar»: los inhibidores son neurotransmisores que procuran mantener los vasos abiertos, pero si hay mucha noradrelanina generada por el miedo los vasos se cierran y no hay flujo sanguíneo hacia el pene.

Por eso además de la ansiada receta el paciente necesita instrucciones claras por escrito y oralmente, y apoyo psicológico (a veces especializado) para ajustar su realidad en su contexto familiar, social, de pareja…

Es importante además adecuar resultados a las expectativas de cada paciente, alertan los expertos citados, y cuentan de hombres con más de 70 años cuya aspiración es levantarse cada día con el pene erecto, porque ese es su concepto de hombría culturalmente construido.

Ese paciente no lleva las mismas dosis ni la misma frecuencia que otro adulto de 60 años con sexo ocasional dos o tres veces al mes o que un joven diabético que procura tener familia con su pareja estable.

Las pautas de administración pueden ser a demanda del paciente (sobre todo cuando va a tener actividad sexual en determinados días o períodos), tratamiento continuo diario o de dos a tres días a la semana o mixto: pacientes con una dosis diaria baja que refuerzan determinados días con el mismo u otro inhibidor a dosis diferentes.

El tiempo mínimo de respuesta según sus fabricantes está entre 11 y 14 minutos, pero depende del estado orgánico del paciente, la estimulación sexual y otras condiciones, por lo que se recomienda esperar una o dos horas. La pregunta importante es cómo percibe el paciente su erección, y si logró suficiente rigidez para penetrar y tener un coito satisfactorio según sus propios cánones.

También pueden emplearse otras terapias paralelas (por ejemplo con testosterona) si el caso lo demanda, y por nada del mundo puede descuidarse el control de las patologías asociadas ni desestimarse su interacción con otros medicamentos, como los que se utilizan mundialmente para tratamiento de las cardiopatías.

Los inhibidores trabajan en las arterias, pero no bajan el colesterol ni mejoran el nivel de insulina en sangre, por mencionar solo algunos parámetros. Estos constituyen un recurso médico, no un milagro… Otra razón para no usarlos sin prescripción médica ni necesidad real.

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