Un revés no es sinónimo de frustración

La mayoría de los hombres eyacula sin dificultad. Pero para algunos esta acción se convierte en un verdadero problema. Se sienten incapaces de lograrlo o requieren de una relación sexual prolongada

Autores:

Mileyda Menéndez Dávila
Addiley Palancar

A pesar de los esfuerzos por eliminar prejuicios y tabúes, muchos no han sido aún erradicados del imaginario social, y como consecuencia infinidad de personas se niegan a hablar o a recibir atención especializada cuando padecen una disfunción significativa en su vida de pareja.

Para alguna gente, solo de escuchar la palabra sexo los miedos alcanzan grandes dimensiones. De ahí que solo un cinco por ciento de los hombres confiese, por ejemplo, cuando está padeciendo cierto retraso en la eyaculación.

El machismo puede ser una de las causas, puesto que muchos de ellos ven en el acto sexual el momento para demostrar su hombría, y una excesiva preocupación por quedar bien se convierte quizá en una frustración. Pero no es la única.

Según la psicóloga Mayra Rodríguez, del Centro Nacional de Educación Sexual, existen numerosas hipótesis sobre el origen de la eyaculación tardía. Uno de los antecedentes más inmediatos es la preocupación exagerada por prolongar el acto sexual a costa de su propio placer, lo cual puede inhibir el reflejo eyaculatorio.

Los más afectados son los adolescentes y jóvenes con poca experiencia, pero también aparece en adultos mayores, como resultado de los cambios fisiológicos de la edad, y en los de edad mediana que se han «programado a sí mismos» en la supuesta obligación de quedar bien con la mujer y hacerse cargo de su orgasmo, a veces sin tener en cuenta que un coito prolongado, lejos de gustar a la mujer, puede provocarle irritación, cansancio, inflamación pélvica y hasta fobia.

En Cuba no se ha hecho aún una investigación nacional que permita saber exactamente cuántos hombres son incapaces de eyacular dentro de la vagina en un plazo prudencial, a pesar de tener una erección firme y un estímulo fuerte. Investigaciones realizadas en el mundo demuestran que la proporción es mucho menor que la de los eyaculadores precoces, pero sus resultados son igual de preocupantes.

Los sexólogos Master y Jonson encontraron a mediados del siglo pasado que en una muestra de 510 parejas solo 17 se quejaban de eyaculación tardía. Actualmente existe una mayor aceptación del tema y por tanto más nivel de consulta a especialistas por parte de las personas afectadas. Incluso Sexo Sentido ha recibido varios mensajes pidiendo un acercamiento al tema.

Diferencias

La eyaculación tardía y la retrógrada son parecidas, pero no iguales. La primera es una inhibición específica del reflejo eyaculador, que se clasifica en primaria cuando el hombre nunca ha llegado al orgasmo por ninguna vía de estimulación, y secundaria cuando aparece solo en ocasiones o en una relación específica.

La eyaculación retrógrada es una anomalía originada porque en el momento de la eyaculación el mecanismo que debe cerrar el cuello de la vejiga no funciona, y por tanto el semen retorna por el mismo conducto uretral hasta mezclarse con la orina.

Si bien la razón fundamental para la mayoría de las disfunciones sexuales es la psicológica y pocas veces se presenta una causa orgánica, no está de más que el afectado chequee su salud integralmente, pues no deben desestimarse los efectos de lesiones en la próstata o enfermedades silenciosas como la diabetes, e incluso el efecto de la ingestión de algunos medicamentos que inhiben la función sexual o el abuso en el consumo de bebidas alcohólicas.

Como experta, la psicóloga Mayra aconseja a los hombres que tengan cualquier disfunción que superen sus tabúes y acudan —preferiblemente con su pareja— a una consulta de orientación y terapia sexual en su municipio o provincia de residencia.

El control de este reflejo se aprende para evitar un coito fugaz, pero también se desaprende si hace falta, y sobre todo es bueno saber programarlo en función de las necesidades reales de la pareja.

Padecimiento de pareja

La falta de comunicación en la pareja suele ser un factor fundamental en este problema. Muchas mujeres piensan que si el hombre tiene una disfunción de este tipo es que ya ella ha dejado de gustarle, tiene otra persona u otros intereses. Casi nunca aceptan que es por fatiga, cansancio, preocupaciones o una situación traumática anterior que ella desconoce. Por eso se dice que las disfunciones son un padecimiento de pareja, aunque el síntoma físico aparezca solo en uno de sus miembros.

Encuentros

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